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Información del artículo
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- Autor, Aysimbat Tokoeeva*
- Título del autor, Servicio ruso de la BBC
- Informa desde, Bishkek, Kirguistán
- Fecha de publicación 7 junio 2026
- Tiempo de lectura: 10 min
La capital de Kirguistán está en el centro de una purga de su patrimonio arquitectónico.
Bishkek, reconocida hasta ahora como un modelo de urbanismo soviético, ha perdido varios de sus edificios emblemáticos, mientras otros están en riesgo de ser derribados.
Hace algunos meses, el presidente de Kirguistán, Sadyr Zhaparov, asistió a la apertura de un proyecto con capacidad para 60.000 habitantes y una inversión aproximada de US$3.000 millones.
El terreno elegido para esta edificación fue el del ya desaparecido hipódromo soviético Ak Kula, considerado en su momento un punto de encuentro entre la ciudad y la estepa, lo moderno y las tradiciones nómadas.
Según algunos expertos, Ak Kula representaba simbólicamente una parte crucial de la identidad y el legado histórico de Kirguistán, esta pequeña exrepública soviética en Asia Central.
No obstante, este conjunto, erigido en 1947, estaba abandonado, perdió su estatus de monumento a comienzos de los años 2020 y finalmente fue demolido para dar paso a una nueva construcción.
En términos prácticos, un hipódromo es un gran espacio vacío. Los argumentos para aprovechar ese espacio en la ciudad de manera más eficiente y rentable son claros y comprendidos por la mayoría.
Lo particular del nuevo complejo residencial de Bishkek radica en que las estructuras singulares y emblemáticas de Ak Kula —como el acceso, los edificios administrativos y las tribunas— podrían haberse conservado e incorporado al proyecto como parte del patrimonio urbano y nacional.
Este caso no es aislado.
Durante los últimos cinco años, Bishkek ha visto desaparecer al menos nueve edificios históricos importantes, según datos proporcionados por periodistas y urbanistas.
La mayoría de estas construcciones derribadas fueron erigidas en el estilo arquitectónico conocido como imperialismo estalinista.
«¿Cómo quedaríamos sin estos edificios?», comenta Gulnara Musabai, destacada artista kirguisa de 71 años.
«Ahora los están derribando para levantar construcciones idénticas entre sí. Nuevamente, simples cajas de hormigón armado», añade.

Fuente de la imagen, Anna Karamurzina
Ciudad «desechable»
La imprenta Erkin-Too, fundada en 1931 y lugar donde se editó el primer periódico kirguís, es uno de los edificios que fueron demolidos.
En 2015, esta imprenta fue desprovista de su condición de monumento. Según el Ministerio de Cultura, el inmueble había perdido su valor arquitectónico, urbanístico e histórico-cultural y no podía ser restaurado.
También fue derribado el edificio de la Escuela de Música Kurenkeev, la más antigua del país, construida en 1939 y única institución dedicada a la formación profesional de músicos.
Igualmente, desaparecieron tres monumentos representativos, cuyo desmantelamiento careció de justificaciones prácticas claras. Entre ellos destacaban «Recepción de invitados», una de las fuentes más antiguas de Bishkek, y el bajorrelieve en la pared del Teatro Dramático Ruso Aitmatov.
La profesora de arquitectura Aigul Nasirdinova observa que esta forma de tratar los edificios históricos transforma a Bishkek en una «ciudad desechable», perdiendo así su código cultural diverso.
«Las ciudades que se respetan a sí mismas no destruyen sus monumentos arquitectónicos», sostiene Nasirdinova.
Estas construcciones, agrega, «representan un capital acumulado que generará ingresos en el futuro».
El arquitecto y experto en desarrollo estratégico urbano Aibek Sydykov comparte esta opinión: «Falta comprensión de que la identidad preservada es un activo a largo plazo, que en el futuro aportará a la ciudad más mediante el turismo y la calidad de vida que la edificación apresurada».
«Es necesario dejar de ver los edificios antiguos como ‘ruinas’ o un ‘obstáculo para el progreso’. En la experiencia internacional, son estructuras emblemáticas que construyen el espíritu de un lugar», remarca.

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La historia pierde frente a los negocios
La Ley de Protección de Monumentos de Kirguistán establece que una vez que un bien recibe esta categoría, es definitiva.
Sin embargo, el artículo 36 autoriza la demolición y reconstrucción de patrimonios históricos con permiso gubernamental «en caso de destrucción súbita debido a desastres naturales o ante la amenaza de pérdida del valor histórico, científico, artístico o similar del objeto».
Esta cláusula es la que emplean las autoridades y comisiones especiales para revocar el estatus de monumento arquitectónico o histórico de varios bienes.
Nasirdinova sostiene que las empresas constructoras son las principales beneficiadas cuando se eliminan edificios históricos. Muchos de ellos están situados en el centro de la ciudad, zona densamente urbanizada con precios por metro cuadrado muy altos.
«[Con frecuencia] estos monumentos son propiedad estatal y no se privatizan. Están en el corazón de la ciudad y ocupan grandes áreas», explica Nasirdinova.
Pero si el monumento se destruye y no es recuperable, el terreno queda libre para cualquier proyecto. «Los intereses empresariales prevalecen sobre los monumentos», señala la profesora.
Activistas y expertos coinciden en que la corrupción es uno de los factores clave detrás de esta situación.
Según datos de Transparencia Internacional (organización declarada «indeseable» y «agente extranjero» en Rusia), Kirguistán sistemáticamente se encuentra entre los países con peores índices en este ámbito.

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«Prevalece la lógica pragmática del beneficio económico a corto plazo. Tristemente, en este esquema, el valor del metro cuadrado pesa más que el valor intangible de la historia y cultura», afirma Sydykov.
En los últimos cinco años, el volumen de proyectos de construcción en Kirguistán se ha incrementado significativamente. Este auge constructivo ha sido uno de los principales motores del crecimiento del PIB nacional.
En tres años, el PIB se ha duplicado, pasando de 1 billón de som (US$11.000 millones) a casi 2 billones (US$22.000 millones). Según cifras oficiales, en 2025 la economía creció un 11%, y el sector de la construcción superó el 21% en crecimiento.
El ADN de Bishkek
Bishkek, entonces conocida como Pishpek, alcanzó su estatus de ciudad en 1878.
Hasta principios del siglo XX, era un asentamiento compuesto mayoritariamente por casas de una planta. Las pocas que tenían dos pisos alojaban oficinas administrativas o residencias de comerciantes acomodados.
El desarrollo más significativo ocurrió durante la era soviética.

Fuente de la imagen, Dmitry Motinov, para el Servicio ruso de la BBC
Sydykov explica que el paisaje urbano de Bishkek está definido por el modernismo soviético y el estilo imperialista estalinista, corriente arquitectónica vigente en la URSS entre 1930 y 1950.
«El Circo Estatal de Kirguistán, construido en 1976, es uno de los ejemplos más icónicos del modernismo soviético en la ciudad. Se trata de un edificio circular con una cúpula en forma de ‘platillo volador'», explica el arquitecto.
Sydykov señala que la originalidad de la arquitectura de Bishkek no reside en las denominadas «cajas soviéticas», sino en el modernismo de Frunze, desarrollado entre 1960 y 1980.
«Esta corriente adapta el estilo internacional al contexto local: celosías para filtrar el sol, uso del hormigón y ornamentos tradicionales», detalla.
Un buen ejemplo es la Filarmónica Estatal T. Satyganov, «una sala de conciertos monumental con una fachada destacado expresivamente, grandes formas geométricas propias del modernismo postsoviético y elementos decorativos en relieve», comenta.
Por estas razones, Sydykov remarca: «La tarea es aprender a valorizar la historia en lugar de venderla al precio del ladrillo para su demolición. El futuro de Bishkek está en su singularidad y no en imitar grandes urbes sin identidad».
Y añade: «La ciudad está perdiendo su ADN, transformándose en un conjunto de soluciones estándar».

Fuente de la imagen, Dmitry Motinov, para el Servicio ruso de la BBC
¿Desovietización?
Zhaparov y sus seguidores suelen emplear el concepto «Nuevo Kirguistán», que plantea el aumento del PIB y el impulso del turismo, junto a reformas en el ámbito arquitectónico.
Al asumir la presidencia en 2021, declaró la necesidad de construir un nuevo edificio administrativo presidencial.
La inauguración oficial del nuevo complejo tuvo lugar en agosto de 2024, en el lugar que ocupaba el viejo hotel Issyk-Kul, también reconocido anteriormente como monumento arquitectónico.
En respuesta a las protestas de ciudadanos y arquitectos, el portavoz presidencial de entonces, Erbol Sultanbaev, defendió la obra como un asunto de «prestigio» para el país.
«Cuando visitamos otras naciones, admiramos sus complejos administrativos y arquitectónicos», afirmó. «Esperamos que ahora los visitantes de nuestra república nos miren con similar admiración».

Fuente de la imagen, Gobierno del presidente de Kirguistán
En los últimos cinco años, se han invertido decenas de millones de dólares en la construcción de nuevos edificios administrativos.
Esta atención a los símbolos también se refleja en el cambio de la bandera nacional, que aunque no fue radical, generó opiniones divididas, y en 2024 ha comenzado el proceso para adoptar un nuevo himno, con una comisión especial aún evaluando propuestas.
El 14 de abril, durante un viaje por el sur, Zhaparov anunció que para el próximo año se modificarán los nombres de todas las localidades que mantengan denominaciones soviéticas o rusas.
Sin embargo, su portavoz actual, Askat Alagozov, aclaró que se interpretó erróneamente al presidente y que solo se trata de una prohibición temporal de asignar nombres de personas concretas a pueblos.
Cuando el año pasado se derribó en Osh el monumento a Vladimir Lenin de 23 metros de altura, el más alto dedicado a Lenin en Asia Central, varios expertos comenzaron a hablar de un proceso de desovietización en el país.
La calle donde estaba ubicado el monumento también cambió su nombre, dejando de rendir homenaje al fundador de la Unión Soviética.

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No obstante, en Bishkek los barrios aún conservan nombres soviéticos y en el centro permanece el monumento a Lenin.
Incluso en sus discursos, Zhaparov continua reconociendo, sin excluir a nadie, a «los fundadores del Estado, héroes de la Unión Soviética, escritores prominentes y héroes populares».
Por tanto, afirmar que la destrucción de la arquitectura soviética responde a un programa ideológico resulta, como mínimo, prematuro.
«El proceso de desovietización no se realiza de manera reflexiva ni consciente a nivel político en Kirguistán», señala Elmira Abylbek, directora del proyecto histórico Esimde.
«Se llevan a cabo diversos debates y narrativas, pero no de forma estatal. Mantenemos una gran lealtad hacia nuestra antigua metrópoli. En cambio, avanzan activamente procesos de ‘retorno a uno mismo’: conservación y desarrollo del idioma, cultura e historia», añade.
«No se trata necesariamente de oponerse a algo, mucho menos de manera agresiva, sino de reafirmar nuestra propia subjetividad».
*Esta nota es una versión reducida del artículo del Servicio ruso de la BBC, que puede consultarse en su idioma original aquí.

