Las claves
Cristina Narbona, líder del PSOE, ha sido convocada como testigo por el juez Santiago Pedraz dentro del ‘caso Leire’.
El PSOE mantiene un silencio prudente ante la citación de Narbona, temiendo que la causa pueda derivar en una posible imputación del partido como entidad jurídica.
Interceptaciones realizadas por la UCO muestran que Narbona estaba al tanto de las maniobras de Leire Díez y Santos Cerdán para «controlar los ataques» hacia Pedro Sánchez.
La táctica del PSOE de responsabilizar únicamente a Cerdán se debilita por la existencia de mensajes que involucran a otros miembros de la dirección.
La citación de Cristina Narbona como testigo por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha colocado al PSOE en una posición incómoda.
Un partido ya sacudido por una serie de golpes judiciales, ve cómo se añade un nuevo elemento: la presidenta tendrá que declarar el 10 de julio respecto a su vinculación con la fontanera socialista Leire Díez.
Esta información ha eclipsado el plan original de Moncloa, que confiaba en que hasta al menos esta semana, la visita del Papa mantuviera el foco alejado de la corrupción.
Durante el lunes, entre los miembros del PSOE reinaba el mutismo, motivado por dos razones: Narbona sigue contando con prestigio, y existe el miedo a que el caso escale y el partido sea imputado como «persona jurídica».
Desde Ferraz se remite a un comunicado emitido el viernes, coincidiendo con la petición de Fiscalía para la citación de Narbona. En ese comunicado, el partido manifestaba su «máxima tranquilidad» y expresaba su deseo de que la verdad salga a la luz cuanto antes.
No obstante, esa declaración ya parece obsoleta a sólo tres días, dado que especificaba que la decisión sobre llamar o no a la presidenta debería ser tomada por un juez, dando a entender que requeriría tiempo.
Ahora, algunos observan con ironía la rapidez con que se tomó la decisión: «Parecería que algunos juzgados están menos saturados que otros», comentaba a EL ESPAÑOL una fuente de la dirección federal.
Narbona declinó asistir el lunes a la sesión solemne en el Congreso con motivo del discurso del papa León XIV. Fuentes parlamentarias indican que días atrás ya justificó su ausencia —debía confirmar presencia antes del miércoles— argumentando la necesidad de acompañar a su esposo, Josep Borrell, a una consulta médica.
Por el contrario, otra involucrada, la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, estuvo en la tribuna de invitados, situándose tras una columna y abandonando el hemiciclo rápidamente tras el discurso.
Actualmente, el partido espera con precaución y discreción la declaración de Narbona ante el juez. La presidenta deberá aclarar ante Pedraz si estaba informada sobre las acciones de Leire Díez.
En un mensaje interceptado por la UCO, Narbona admite que conocía lo que tramaban Leire Díez y Santos Cerdán, quien entonces era secretario de Organización.
Específicamente, los agentes registraron una conversación del 24 de abril en la que la fontanera hablaba de «redirigir» los ataques contra el presidente del Gobierno y de invertir completamente la situación. Ese mismo día, Sánchez anunció que se tomaría un tiempo para reflexionar tras conocerse la imputación de su esposa.
En su respuesta, Narbona señala que esas cuestiones «ya se las había comentado a Santos el otro día».
Este mensaje complica la estrategia del PSOE, que buscaba presentar a Santos Cerdán como único responsable, insinuando que actuaba independientemente y sin conocimiento del resto de la organización. Por eso, la semana pasada el partido calificaba a Leire Díez y su círculo de «farsantes, oportunistas y resentidos».
El temor principal dentro del PSOE es que el caso termine con la imputación del partido por supuestamente haber organizado desde Ferraz una red destinada a presionar a jueces, fiscales y a la UCO.
Los socialistas rehúyen considerar ese escenario y evitan evaluar si, tras la declaración de Narbona, esta posibilidad se acerca. Todo dependerá del testimonio que la veterana diputada brinde ante el juez de la Audiencia Nacional.

