El Papa exhorta a los fieles a «involucrarse de manera personal en la edificación del bien común»
El Papa subraya que ningún creyente debe "menospreciar al hermano" ante más de un millón de fieles en Cibeles
Desde las seis de la mañana, miles de peregrinos llenaban las calles que rodean la plaza de Cibeles. La Conferencia Episcopal comunicó que más de medio millón de personas se habían registrado para seguir la Santa Misa presidida por el Papa León XIV en su segunda jornada en España y como celebración del Corpus Christi, la conmemoración de la transformación del cuerpo de Cristo según la Iglesia. No obstante, la asistencia superó el millón de personas -1.5 millones según la Conferencia Episcopal, 1.1 millones según la Delegación de Gobierno-.
La ceremonia oficial comenzó cerca de las 9:30 de la mañana, cuando el Papa llegó al Palacio de Cibeles para que el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, le entregara la llave de oro de la ciudad. León XIV apareció en papamovil y, al igual que la noche previa, despertó gran entusiasmo entre las cientos de miles de personas reunidas en comunión.
Un impresionante escenario, ubicado en la fachada principal de la Casa de Correos, sede del Ayuntamiento de Madrid, recibía al Santo Padre y a los sacerdotes concelebrantes. Sobre el altar, una cruz de cuatro metros de altura y, detrás del asiento del Papa, un cuadro con una paloma blanca representando al Espíritu Santo. A la derecha de León, la Virgen de la Almudena situada sobre un altar floral. Los Reyes Don Felipe y Doña Letizia, acompañados por sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, estuvieron ubicados a la izquierda de León XIV, en un reservado segundo plano. La Reina Letizia volvió a lucir el privilegio de blanco, mientras sus hijas rompieron con el negro requerido en el Palacio Real; la princesa eligió un vestido azul y la Infanta optó por un traje verde.

Poco después de las diez de la mañana dio inicio la Santa Misa con la interpretación de la pieza Pueblo de Reyes. El cardenal Cobo pronunció unas palabras de bienvenida a León XIV, que intervino por primera vez para el rito penitencial. Siguió la liturgia de la Palabra, que incluyó en la primera lectura un pasaje del libro del Deuteronomio, seguido del salmo responsorial y, en la segunda lectura, una carta de San Pablo a los Corintios. El Evangelio según San Juan, leído por un diácono, concluyó esta parte, y el Santo Padre retomó la palabra para ofrecer una homilía inspiradora centrada en la transmutación de Cristo.
El Papa recordó a los presentes que la festividad del Corpus, tan arraigada en España, «no consiste solamente en procesionar con la custodia, sino en permitir que nosotros mismos seamos liberados del egoísmo, de la indiferencia, y de una fe cómoda y privada, para responder a su llamado a la conversión, cambiar la perspectiva, y acoger su presencia que nos transforma y nos impulsa a ser constructores de un mundo renovado».
Además, dedicó «una misión para la España actual y futura: que la religiosidad que ha animado este país durante siglos no sea un museo del pasado para visitar, sino una verdadera escuela de fe de la que beber hoy en día», invitó a los asistentes. En esa línea, enfatizó que dicha escuela de fe «nos enseña a postrarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos muestra el amor gratuito que se convierte en don para que fluya entre nosotros y rompa las cadenas del egoísmo; una escuela que nos hace comprender que Dios es presencia real y que también nosotros debemos estar presentes en los desafíos y realidades sociales, sin evadirnos, comprometiéndonos personalmente con la construcción del bien común«.
León XIV concluyó su homilía animando a las personas a acercarse a Dios con una nueva actitud: «Volvamos a Él con un amor auténtico. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que refresque las sequías de nuestro corazón, para luego salir a los caminos de la vida y de la historia llevando esta corriente de agua fresca, un flujo de amor, paz, justicia y alegría entre la gente». Sus palabras rompieron con la solemnidad del momento y fueron recibidas con aplausos.

