Bajo el mando del jefe de la junta Assimi Goita, el país se ha distanciado del Oeste, especialmente de Francia, para estrechar sus vínculos con Rusia.
Un tribunal en Mali ha impuesto una condena de 20 años de prisión a un funcionario de la embajada francesa acusado de espionaje y de «socavar la seguridad del Estado», según fuentes judiciales consultadas por la agencia AFP el pasado viernes.
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Esta sentencia representa un nuevo obstáculo en las relaciones entre la nación africana del oeste, gobernada por una junta militar desde el golpe de 2021, y Francia, su ex potencia colonial.
El francés, detenido desde su arresto en agosto de 2025, también fue sancionado el jueves con una multa de 5.400 euros y una prohibición de 20 años para entrar en Mali, confirmaron tres fuentes judiciales independientes.
Cuando fue capturado, las autoridades malienses acusaron al funcionario, identificado como Yann V., de colaborar con los servicios secretos franceses y denunciaron los intentos de «estados extranjeros» de desestabilizar el país, afectado por insurgencias.
Fue arrestado el 13 de agosto en compañía de varios oficiales malienses supuestamente implicados en un complot para derrocar a la junta militar.
Francia reiteró que las imputaciones contra el funcionario, que prestaba servicios en la embajada francesa en Bamako, carecen de fundamento.
«Nuestro agente enfrenta un proceso legal basado en acusaciones infundadas», afirmó el Ministerio de Exteriores francés el viernes.
«Este funcionario realizaba una misión de cooperación en materia de seguridad y en ningún caso Francia ha participado, directa o indirectamente, en la desestabilización de Mali.»
Mali enfrenta una crisis de seguridad desde 2012, originada principalmente por la violencia de grupos vinculados a Al-Qaeda y al autodenominado Estado Islámico, además de bandas criminales locales.
Bajo la dirección de la junta encabezada por Assimi Goita, el país ha dejado de lado a los países occidentales, en particular a Francia, para fortalecer sus relaciones con Rusia.
Mali, junto a sus vecinos Níger y Burkina Faso, está gobernado por militares que llegaron al poder de manera violenta en los últimos años, prometiendo mejorar la seguridad para la población.
Sin embargo, analistas señalan que la situación de seguridad en la región del Sahel ha empeorado desde la llegada de las juntas, con un número récord de ataques y de civiles fallecidos tanto por militantes islámicos como por fuerzas gubernamentales.
Fuentes adicionales • AP, AFP

