Columna histórica con vara de medir en una plaza de la villa medieval de Extremadura, un símbolo del antiguo mercado que perdura hasta hoy

Un rincón histórico de Badajoz conserva una huella singular de su pasado comercial, casi escondida entre soportales y columnas. Su origen se remonta a los antiguos mercados medievales

Foto: La villa medieval de Extremadura que tiene una curiosa columna en una de sus plazas. (Instagram/@extremadura_tur) Síguenos en Google Síguenos

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En una villa medieval de Extremadura, existe un detalle casi oculto que muchos turistas no perciben al recorrer los soportales de su plaza principal. No es una escultura imponente ni un texto llamativo, sino una sencilla inscripción tallada en una columna que revela cómo se organizaba el comercio cuando los mercados eran el motor principal de la vida urbana. Esta marca, conservada hasta hoy, convierte este rincón de Badajoz en un punto especialmente interesante para los apasionados del patrimonio, la historia local y lugares con identidad propia.

Este espacio es la Plaza Chica de Zafra, considerada uno de los espacios urbanos más antiguos de la ciudad y antiguo núcleo de la villa medieval. En este lugar se ubicaban el concejo y el mercado, dentro de un recinto que ganó relevancia gracias a su intensa actividad comercial. En una de las columnas del pórtico que conecta con la Plaza Grande, junto al Arquillo del Pan, se conserva la denominada vara de Zafra, una vara castellana grabada en la piedra que se utilizaba para verificar medidas en las transacciones del mercado.

La vara de medir que rememora el pasado comercial de Zafra

La existencia de esta señal no era meramente decorativa. Antes del sistema métrico, las medidas podían variar según la región, por lo que contar con un estándar público era fundamental para prevenir engaños y resolver conflictos entre compradores y vendedores. En la Plaza Chica, donde se realizaban los mercados semanales sancionados desde 1380, esta vara servía para comprobar la longitud de productos como telas, cuerdas o cueros. Además, en sus cercanías se encontraba el cuarto del almotacén, el funcionario encargado de supervisar los pesos y medidas.

La plaza conserva aún gran parte de su carácter histórico. Su planta rectangular, las fachadas blancas, los soportales de ladrillo y los alfices mantienen la esencia de un lugar vinculado al comercio y a la vida diaria de la antigua Zafra medieval. Destacan también varias viviendas con detalles de arquillos gótico-mudéjares entrelazados, así como la pequeña capilla barroca de la Esperancita visible en el entorno del Arquillo del Pan. Junto con la Plaza Grande, este conjunto urbano es considerado uno de los más singulares de España y hace de la vara de medir de Zafra una curiosidad patrimonial que sigue enlazando el presente con la memoria de sus mercados.

En una villa medieval de Extremadura, existe un detalle casi oculto que muchos turistas no perciben al recorrer los soportales de su plaza principal. No es una escultura imponente ni un texto llamativo, sino una sencilla inscripción tallada en una columna que revela cómo se organizaba el comercio cuando los mercados eran el motor principal de la vida urbana. Esta marca, conservada hasta hoy, convierte este rincón de Badajoz en un punto especialmente interesante para los apasionados del patrimonio, la historia local y lugares con identidad propia.

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