Ciudad romana del siglo I d.C. cercana a Madrid con termas, murallas y foro accesibles a pie y sin coste

A pocos kilómetros de una reconocida localidad aragonesa, un notable yacimiento del siglo I d.C. invita a recorrer libremente los monumentales restos de una ciudad que desafió las alturas del Imperio

Foto: Fotografía tomada desde las tribunas de este impresionante Teatro Romano en Aragón. (Foto: iStock)
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El yacimiento arqueológico de Bílbilis, situado a apenas seis kilómetros de Calatayud, ofrece un fascinante recorrido en el tiempo que invita a caminar entre majestuosos vestigios del siglo I d.C. Estas notables ruinas, con acceso completamente libre y gratuito, se presentan ante el visitante como un museo al aire libre donde la historia revive en cada paso. Recorrer sus antiguas calles implica adentrarse en los secretos de una ciudad que fue un centro neurálgico en la Hispania romana.

Quienes visitan este enclave en la provincia de Zaragoza encuentran un patrimonio excepcional que deslumbra por su excelente estado de conservación, sobresaliendo sus murallas, sus termas y un foro monumental. El asentamiento romano no fue trazado al azar, sino que ocupó una superficie aproximada de 30 hectáreas distribuidas de manera casi mágica sobre un abrupto relieve conformado por tres colinas. La topografía local obligó a los arquitectos antiguos a realizar auténticas proezas ingenieriles para adaptar las edificaciones a las fuertes pendientes.

La herencia histórica de esta región aragonesa no se limita al diseño de las calles de los pueblos actuales, sino que late con fuerza en las cumbres que dominan el valle del Jalón. El origen de este sitio se remonta a finales del siglo III a.C. como un núcleo indígena, que fue evolucionando con el tiempo gracias a la llegada de oleadas de inmigrantes itálicos. Tras ganarse el favor del Imperio, la ciudad fue elevada al rango de municipio romano bajo el mandato de Augusto, consolidándose como una joya arquitectónica que asombraba a quienes transitaban por la vía hacia Emérita Augusta.

Un urbanismo esculpido en la roca

El crecimiento de este municipio zaragozano estuvo marcado por su particular adaptación al relieve, alejándose del clásico diseño regular y ortogonal de otras ciudades romanas situadas en llanuras fluviales. Las construcciones de Bílbilis se distribuyeron estratégicamente sobre las cimas y las empinadas laderas de los cerros de Bámbola, a 709 metros de altitud, San Paterno, a 701 metros, y Santa Bárbara, a 629 metros. Esta disposición implicaba una altura media de unos 200 metros sobre el río Jalón, que circunda la mayor parte del perímetro de este asentamiento fortificado.

Esta localización elevada no respondía a un simple capricho estético, sino a un incuestionable valor estratégico para el control territorial desde donde se dominaban plenamente los accesos a la Meseta y la Celtiberia. El desarrollo de la vida cotidiana en una ciudad con estas pendientes exigió soluciones técnicas avanzadas, especialmente para el almacenamiento de recursos esenciales. Las excavaciones arqueológicas han revelado una compleja red hidráulica formada por un sistema de cisternas interconectadas, actualmente se conocen 69, fundamentales para garantizar el abastecimiento.

La organización interna de la ciudad reflejaba las distinciones sociales mediante la propia altura del terreno, situando los centros de poder y ocio en lugares intermedios claramente visibles. Las zonas residenciales se extendieron hacia las cotas más altas, donde las viviendas y calles se adaptaban de forma natural a las formas irregulares de las laderas. El resultado final de este urbanismo escalonado ofrecía a quienes llegaban desde el valle una imagen de gran teatralidad y monumentalidad, integrando a la perfección la arquitectura pública en el paisaje natural circundante.

Eje monumental y espacios de ocio de una capital comarcal

El foro se convirtió en el indiscutible centro político, religioso y administrativo del municipio, alzándose con dominio visual sobre las aguas del Jalón. Su construcción comenzó en el cambio de era y finalizó bajo el mandato del emperador Tiberio, entre los años 14 y 37 d.C., aunque sufrió reformas estéticas posteriores durante el periodo de Trajano. Este gran espacio público, rodeado de elegantes pórticos y galerías, concentraba los principales edificios para la gestión del territorio, albergando la Basílica, que servía como tribunal de justicia, la Curia, equivalente al ayuntamiento, y el templo principal.

Unido directamente al área del foro mediante pasillos y galerías porticadas se encuentra el majestuoso teatro, uno de los elementos más impresionantes del conjunto arqueológico. Este edificio para espectáculos disponía de una imponente escena de dos pisos decorada con capiteles corintios y tenía una capacidad cercana a los 4.500 espectadores. Este dato resulta especialmente notable considerando que la población estimada oscilaba entre 3.000 y 4.000 habitantes, lo que demuestra que el teatro cumplía un claro papel comarcal y atraía a las poblaciones vecinas.

Las termas públicas completaban esta amplia zona de esparcimiento romano, siguiendo un modelo provincial de distribución lineal y sencilla rodeada por grandes cisternas de abastecimiento. Los baños contaban con la tradicional división en salas frías y calientes, además de piscinas que en su época de máximo esplendor estuvieron decoradas con gran riqueza. Construidas en la primera mitad del siglo I d.C., estas instalaciones sufrieron ampliaciones para atender a una sociedad acomodada que disfrutaba del bienestar económico y social de una ciudad integrada en el conventus de Caesaraugusta.

Secretos cotidianos y declive de la ciudad

Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en las últimas décadas no solo han desenterrado grandes monumentos, sino que han abierto una ventana directa a la vida diaria de los habitantes de Bílbilis. En las laderas de los cerros se han identificado distritos residenciales relevantes, como el llamado Barrio de las Termas, donde destaca la Domus del Balneum. Igualmente, en el Barrio Central, se han excavado estructuras notables como la Domus del Ninfeo y la Domus del Lario, que ilustran claramente el alto estatus y calidad de vida alcanzada por sus residentes.

El refinamiento de los habitantes de Bílbilis se refleja en la riqueza y brillantez de las pinturas murales que adornaban las paredes interiores de estas viviendas particulares. Muchas de estas exquisitas pinturas y valiosas piezas extraídas del yacimiento se exhiben actualmente en el Museo de Calatayud, complementando perfectamente la visita al cerro. El conjunto de estas casas, sumado a las potentes murallas defensivas que protegían el enclave, ratifica la importancia de esta ciudad como un centro económico y político comarcal en la Hispania romana.

El yacimiento se levanta sobre tres cerros como un monumental tesoro arqueológico del siglo I d.C. que permite revivir a pie el esplendor imperial

Desde el mandato de Trajano, la próspera ciudad inició un progresivo e imparable declive que culminó en su abandono definitivo hacia finales del siglo IV o inicios del siglo V d.C. Tras más de dos milenios de silencio desde su transformación bajo Augusto, las ruinas de Bílbilis han entrado en el siglo XXI en pleno proceso de recuperación y valorización. Hoy, este enclave ubicado en la carretera de Soria en dirección a Embid de la Ribera ofrece una escapada cultural ideal para explorar a pie y respirar la grandeza del Imperio Romano.

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El yacimiento arqueológico de Bílbilis, situado a apenas seis kilómetros de Calatayud, ofrece un fascinante recorrido en el tiempo que invita a caminar entre majestuosos vestigios del siglo I d.C. Estas notables ruinas, con acceso completamente libre y gratuito, se presentan ante el visitante como un museo al aire libre donde la historia revive en cada paso. Recorrer sus antiguas calles implica adentrarse en los secretos de una ciudad que fue un centro neurálgico en la Hispania romana.

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