Desde hace varios años circulan propuestas relacionadas con materias primas venezolanas dirigidas al mercado chino, presentadas como operaciones con significativos descuentos y supuestos accesos privilegiados.

Un empresario español que reside en China desde hace más de diez años conserva mensajes y documentos vinculados a una operación relacionada con el petróleo venezolano que le propuso uno de sus socios hace un par de años. «Cuando pregunté quién estaba detrás, me dijeron que era una persona muy importante, con influencia política y capacidad de interlocución con ambos gobiernos», relata.
Este empresario, que prefiere mantener anonimato debido a sus actividades comerciales, asegura haber rechazado la participación en la operación —su función consistía en buscar pequeñas refinerías en China— por temor a posibles repercusiones derivadas del régimen internacional de sanciones sobre los sectores energéticos venezolanos. «Mi preocupación era simple: ingresar en una estructura opaca puede cerrarte mercados y fuentes de financiación. No me convencía, aunque aseguraran que contaban con una persona con gran influencia política como intermediaria, la misma que ahora está imputada por ese tipo de negocios».
Su testimonio refleja algo conocido por numerosos ejecutivos españoles en el gigante asiático: desde hace años circulan propuestas relacionadas con materias primas venezolanas para el mercado chino, ofrecidas con importantes descuentos y supuestos accesos privilegiados proporcionados por redes políticas bien conectadas con Caracas y Pekín. En ese entorno de intermediación, donde influencia y negocio parecían ir de la mano, un nombre surgía constantemente como respaldo implícito de credibilidad y capacidad de acceso: José Luis Rodríguez Zapatero.
«Me ofrecieron integrarme en una operación para enviar petróleo venezolano a China con la garantía de que Zapatero estaba involucrado», afirma otro empresario español activo en el sector energético en el sur de China. «Las empresas chinas y venezolanas implicadas en el proyecto mencionaban a Zapatero como un aval reputacional, aunque desconozco si participaba directamente, pues su nombre nunca aparecía en documentos», añade.
Cuatro empresarios —tres españoles y un chino— con amplia experiencia en el mercado asiático describen a este medio un mismo patrón repetido durante años: propuestas para acceder a cargamentos de crudo venezolano provenientes de la compañía estatal PDVSA, acompañadas de mencionas a respaldo político, capacidad de mediación institucional y conexiones a niveles muy altos.
Otro empresario guarda una propuesta que le enviaron para comercializar pet coke, un derivado del petróleo usado como alternativa al carbón: envíos mensuales de entre 30,000 y 50,000 toneladas destinados al mercado chino, mayormente a pequeños compradores industriales habituados a adquirir materias primas con descuentos o sujetas a restricciones internacionales. El costo total —incluyendo mercancía, seguro y transporte hasta destino— rondaba los 100 dólares por tonelada, aunque el intermediario aseguraba que pronto podrían lograrse reducciones aún mayores respecto a los índices internacionales de referencia.
«Mi tarea era conseguir a esos pequeños compradores, pero rechacé la operación. Todo resultaba sumamente oscuro», asegura. Según comenta, el esquema involucraba más intermediarios financieros en Brasil, pagos en criptomonedas y sociedades sin actividad previa utilizadas exclusivamente para efectuar las transacciones. «Las empresas que me presentaban eran compañías creadas ad hoc para mover el petróleo», relata. «En conversaciones informales, contactos en Venezuela me dijeron que Zapatero estaba en PDVSA moviendo contenedores«.
El auto con el que el magistrado de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, levantó esta semana el secreto de sumario del caso Plus Ultra, decretando la imputación del ex presidente español, situaba a Zapatero como presunto intermediario de una red internacional de influencia vinculada al negocio del petróleo venezolano, capaz de conectar compradores extranjeros, altos cargos del chavismo y actores cercanos a los intereses chinos.
Según el instructor, muchos operadores interesados en comprar petróleo venezolano debían pasar primero por ese filtro informal. Los mensajes intervenidos por la UDEF apuntan a que los potenciales compradores tenían que enviar cartas de intención a la llamada «Oficina del Presidente Zapatero», que se habría convertido en puerta de entrada a operaciones energéticas con Venezuela. El auto sostiene que no bastaba con negociar directamente con la corporación estatal petrolera PDVSA: era necesario acceder a una red donde el socialista ejercería influencia.
«El mecanismo que describe el auto judicial coincide mucho con el que me plantearon, empezando por toda la logística de la intermediación a través de esa ‘Oficina del Presidente Zapatero'», subraya uno de los empresarios españoles en China. La investigación de la UDEF detalla un procedimiento escalonado. Tras la recepción de solicitudes, la autorización final recaería en responsables del aparato chavista encargados de asignar cargamentos, rutas y transporte marítimo.
El juez menciona a Delcy Rodríguez como una figura clave dentro de esa cadena. Bajo esa hipótesis, el petróleo venezolano habría funcionado mediante un sistema donde poder político y negocio energético se encontraban estrechamente ligados. El auto va más allá y sitúa a Zapatero en «el vértice» de una estructura estable de tráfico de influencias y lavado de dinero. La sede del ex presidente en Madrid habría actuado, según la resolución, como centro de coordinación.
Uno de los documentos que más llamó la atención de los investigadores fue una carta enviada en octubre de 2023 por una entidad llamada China International Cultural Technology Resources Group, registrada en Hong Kong un año antes. El escrito no estaba dirigido a compañías petroleras ni a operadores comerciales tradicionales, sino a la mencionada «Oficina del Presidente Zapatero», lo que para el juez reforzaría la hipótesis de que ciertos negocios internacionales ligados a energía y materias primas se canalizaban mediante redes de influencia política paralelas a los canales institucionales comunes.
«En China existe una obsesión por la intermediación. Quien controla las relaciones institucionales controla los contratos. Y muchos intentan monetizar esa percepción. Es un mundo que mezcla negocios legítimos, lobby, diplomacia informal y operaciones difíciles de rastrear«, explica uno de los empresarios españoles.
El ex presidente Zapatero lleva más de diez años viajando frecuentemente a China. En numerosas ocasiones lo ha hecho para asistir a conferencias invitado por la Asociación del Pueblo Chino para la Amistad con el Extranjero (CPAFFC), uno de los grupos de influencia más importantes en el exterior financiados por el Partido Comunista Chino. En otras ocasiones, sus viajes han sido financiados por empresas chinas que lo contrataron para proyectos de asesoría.
Su condición de ex jefe de Gobierno europeo y su acceso privilegiado a foros progresistas latinoamericanos también ha sido clave entre China y el chavismo. Diversas fuentes consultadas afirman que, mediante un discurso aparentemente de mediación, el socialista ayudó al régimen de Xi Jinping a proteger las inversiones chinas en Venezuela y a asegurar flujos energéticos a pesar de las sanciones internacionales.

