Acusan a Diego Guerrero de estafarles al menos 70.000 euros: «Fueron los peores años de nuestra vida»

Laura García, Marta Pérez y Natalia Alfaro son tres educadoras que denuncian al empresario Diego J. Guerrero, 58 años, por haberlas estafado al proponerles ser socias de la escuela privada Montessori Village en Albacete y quedarse con sus inversiones. «Han sido los peores años de nuestra existencia, hemos tenido que recibir atención psicológica y psiquiátrica», expresan con pesar. «Es un embaucador que se cree Bill Gates y consigue convencerte de que una pared blanca es negra. Se aprovechó del amor que teníamos por la escuela, de la vocación y dedicación de mujeres dispuestas a construir un proyecto educativo distinto y valioso para los niños».
Guerrero está relacionado con la quiebra de por lo menos ocho centros privados de metodologías alternativas en Madrid, Cataluña, el País Vasco y Castilla-La Mancha. Oculto tras testaferros, amparado por alrededor de 60 empresas y operando bajo marcas como Montessori Village o Seed Education, explota las deficiencias del sistema para llevar a los cierres de las escuelas después de quedarse con la inversión de las trabajadoras, según una investigación de EL MUNDO. Además, dejó sin abrir al menos seis centros tras supuestamente engañar a otras maestras y madres emprendedoras. Ya enfrenta varias denuncias y se encuentran en proceso de preparación una decena más. Su hermano Francisco Guerrero también está acusado de fraudes similares tras supuestamente engañar a numerosos profesores y socios de los colegios Scentia.
En años recientes quebraron varias escuelas asociadas a ambos grupos, tales como Scientia San Sebastián, Scentia en Getafe (Madrid), y Scientia Karmelo y Scientia Bilbao en el País Vasco; al igual que escuelas Montessori en La Moraleja y Alcalá (Madrid), Barcelona y Albacete.
«Diego Guerrero selecciona al mismo tipo de personas: casi siempre mujeres muy implicadas en la educación, en especial la alternativa», explica Laura. Ella y Natalia aportaron 17.000 euros cada una a cambio de un 10% de participación en el proyecto, mientras que Marta invirtió 25.000 euros al incorporarse más tarde.

Montessori Village Albacete cerró en julio del año pasado dejando pendientes 60.600 euros en alquiler y más de 10.000 euros en salarios correspondientes a los últimos tres meses, junto con una deuda con la Seguridad Social superior a 20.000 euros. A estas tres educadoras se les adeuda por lo menos 70.000 euros. «Tampoco pagaban los servicios de luz ni agua», destacan.
«Son captadores profesionales. Nos vendieron que nosotras dirigiríamos la escuela y confiamos en ello», rememora Laura.
«Daban la impresión de saberlo todo y hablaban con mucha arrogancia. Me sentía muy pequeña frente a ellos… Se aprovecharon de nuestra vocación y utilizaban nuestro miedo», admite Natalia.
«Quise dedicarme a Montessori porque me fascinó el método. Diego me convenció de que era la mejor inversión que podía hacer en mi vida. La ilusión de trabajar en una escuela así me cegó y sólo quería ver lo positivo. Estaba desempleada con un hijo y mis padres me prestaron los 25.000 euros, que eran sus ahorros de toda la vida», añade Marta, quien luego descubrió que jamás figuró como socia en la empresa y que su supuesto 10% correspondía a A. M., presunta testaferro de Guerrero.

Montessori Village, la única escuela Montessori de Albacete, inauguró en septiembre de 2023 con Diego Guerrero a la cabeza. Al inicio todo parecía funcionar. Los padres de la veintena de alumnos, que abonaban cerca de 500 euros mensuales, estaban satisfechos. El centro facturaba alrededor de 10.000 euros cada mes. Laura ocupaba el cargo de directora y Marta era la coordinadora pedagógica. Había tantas trabajadoras como socias, cinco en total: ellas tres; su compañera Paula Álvarez, que también invirtió 17.000 euros; otra educadora que abandonó por problemas de salud causados por la tensión vivida, y la testaferro de Guerrero.
«En diciembre de 2024 nos cortaron la electricidad, cuando hacía siete grados bajo cero. No nos daban el dinero para pagar a proveedores, así que comenzamos a poner de nuestro bolsillo», detallan.
Los menús en escuelas Montessori siempre están cuidadosamente diseñados, incluyendo platos saludables y nutritivos, con ingredientes 100% naturales, de temporada y proximidad. «Los nuestros ofrecían comidas excelentes, con salmón y ternera, que finalmente teníamos que comprar nosotras en Mercadona, pues al abrir la nevera sólo había una lechuga», relata Laura.
En enero de 2025 dejaron de recibir pagos y descubrieron que no las habían registrado en la Seguridad Social. Tenían que actuar como si nada sucediera: «Diego nos advertía que si lo contábamos a las familias, nos demandaría por difamación».

No fue sino hasta marzo de 2025 cuando decidieron revelar todo a los padres, quienes al enterarse lloraron y les preguntaron: «¿Cómo aguantaron tanto?». «Contamos con su apoyo absoluto», reconocen como algo positivo. Al ver que Guerrero vaciaba sistemáticamente la cuenta del colegio, las socias solicitaron un concurso de acreedores.
El curso terminó y las trabajadoras ya no daban más. Sin embargo, lograron quedarse con el alquiler del local pagando 10.000 euros a la presunta testaferro: «Fue una verdadera extorsión». Formaron una cooperativa, cambiaron el nombre de la escuela de Montessori Village a Montessori Minds, y reinventaron por completo el proyecto, desvinculándose totalmente del negocio anterior. «Ahora funciona muy bien, pero detrás de ese proceso hubo muchísimo sufrimiento», concluyen.
La moraleja, según Paula Álvarez, una de las cinco socias de Montessori Village, es que «la Educación Infantil está llena de profesionales excepcionales que trabajan motivados por el amor a su vocación. «Y precisamente por eso», agrega, «somos especialmente vulnerables ante personas que saben detectar esa entrega y la usan en su beneficio. No se trata sólo de dinero ni de mala gestión. Guerrero explotó el compromiso que teníamos con las familias, porque sabía que nunca las dejaríamos atrás».

