Medellín, la segunda ciudad de Colombia, se destaca como el nuevo epicentro moderno del reguetón y su perreo característico

Karol G cantando en Coachella 2026 vestida con los colores de la bandera de Colombia.

Fuente de la imagen, Kevin Mazur/Getty Images for Coachella

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Se conoce poco sobre la noche en que Bad Bunny visitó Perro Negro en Medellín, probablemente la discoteca de reguetón más reconocida mundialmente.

Alejandro Cardona, propietario del lugar, rememora que fue informado sobre la presencia de la estrella puertorriqueña un día antes.

En consecuencia, organizó la logística, canceló algunas reservas y cerró el club para el público general.

“Pero la gente lo sospechó. Les pareció raro que no abriéramos justo cuando Bad Bunny estaba en la ciudad”, comenta Cardona a BBC Mundo desde su oficina acerca de aquella noche de 2022.

Una multitud se agolpó en una esquina del vibrante barrio de Provenza, donde está ubicado Perro Negro, para poder ver al artista.

La reja del local contuvo a quienes estaban curiosos mientras el puertorriqueño disfrutaba en su interior, rodeado por su grupo, imponiéndole al DJ una única petición: “Por favor, pon cualquier música, menos la mía”.

Se retiró a las 6:00 am.

Meses más tarde, Cardona descubrió que el disco que Bad Bunny acababa de lanzar incluía una canción llamada con el nombre de su club, conocido también como “el templo del perreo”.

Este tema aumentó aún más la notoriedad de la discoteca y de Medellín como un lugar de culto para quienes disfrutan el reguetón.

Aunque el género no se originó en Colombia, señala este empresario, DJ y gestor cultural, “podemos afirmar que esta ciudad, con una amplia trayectoria en la industria musical, se ha convertido en su epicentro”.

De Panamá a PR y de PR pa'l mundo

El arte es difícil de delimitar, pero la teoría más aceptada indica que el reguetón contemporáneo emergió en Panamá gracias a migrantes caribeños.

“En las décadas de 1960 y 1970, jamaicanos introdujeron en Panamá tres subgéneros del reggae: mento, ska y dancehall”, explica Brendan Frizzell en la revista The Conversation, estudiante de doctorado en sociología en la Universidad del Sur de California.

Frizzell, que investiga fenómenos sociales en América Latina, afirma que no tardó en surgir una versión del “reggae en español” que a finales de los 70 ganó popularidad en Panamá.

Don Omar, vestido de negro y rojo, cantando en un concierto en el Coca-Cola Coliseum en marzo de 2024 en Toronto, Ontario.

Fuente de la imagen, Paras Griffin/Getty Images

Andrea Yepes, periodista cultural y autora del libro Reggaetón (Ediciones B, 2025), también menciona que el género pasó por Nueva York antes de expandirse en la región.

“Allí se difundió y productores puertorriqueños adquirían discos de reggae y rap para comenzar a trabajar el underground, como se llamaba al reguetón cuando aún tenía un sonido más rapero”, comenta Yepes a BBC Mundo.

Ya en Puerto Rico se rapeaba en español y, tomando las bases del reggae importado, se consolidó un género ligado a letras que criticaban la discriminación racial y el abuso policial.

Desde finales de los 90 y principios del 2000, figuras boricuas como Tego Calderón, Daddy Yankee y Don Omar lideraron la difusión internacional del reguetón.

“El género se propagó por América Latina y el mundo hasta llegar a Medellín”, señala Yepes.

Medellín, hub industrial de la música

Al reguetón le ha ocurrido en Medellín lo mismo que a varios otros géneros anteriormente.

Los ritmos llegan, conquistan, se reinventan, alcanzan éxito y luego son reexportados con un toque propio.

“El icónico Carlos Gardel falleció en un accidente aéreo en Medellín porque visitaba frecuentemente. Además, los salseros Fania All Stars y Celia Cruz lo hicieron también. Incluso existe un género llamado punk medallo”, recuerda Cardona.

Discos Fuentes, una de las disqueras pioneras en América Latina, tiene su sede principal en Medellín, al igual que otros sellos importantes.

“Contamos con una historia marcada por la industria musical, la cultura de escuchar música e ir a bares. Somos gente que ‘toma trago’ y baila… un caldo de cultivo para numerosos géneros”, añade Cardona.

No es casual que Medellín sea considerada un hub industrial del ámbito musical.

Alejandro Cardona, fotografiado por BBC Mundo en enero de 2026.

Fuente de la imagen, BBC Mundo

Cardona y Yepes concuerdan en que el reguetón que inicialmente llegó desde Puerto Rico era más rudimentario, con baja calidad sonora, a menudo limitado por la falta de infraestructura y recursos.

“Se podía notar que las primeras canciones de Héctor El Father probablemente fueron grabadas en un garaje”, comenta el DJ.

El cambio decisivo ocurrió a inicios de 2010, cuando Alejandro Ramírez Suárez se asoció con varios artistas, incluyendo a José Álvaro Osorio Balvín, logrando varios récords y éxitos.

Si no se reconocen sus nombres originales, se trata del productor Sky —“Rompiendo el bajo”— y J Balvin, dos personajes que Yepes destaca como fundamentales en la evolución del género en la segunda ciudad más grande de Colombia.

Tanto ella como Cardona sostienen que los productores locales desarrollaron un camino con canciones más familiares, universales y sonido profesionalizado.

“El perreo de Medellín es muy característico porque tiene un enfoque global. Colombia suavizó las letras, haciéndolas más accesibles a diversas generaciones”, comenta Cardona, recordando canciones previas con un vocabulario más sexual o agresivo pensado para un público “de otro nicho”.

Cuna de fenómenos y epicentro turístico

En las zonas turísticas de Medellín es común encontrar souvenirs de J Balvin, Maluma, Karol G o Feid, artistas nacidos en la ciudad que se convirtieron en fenómenos globales del género.

Yenifer Cárdenas, guía turística en el barrio Comuna 13, resalta cómo el reguetón y el perreo forman parte fundamental de la identidad actual de Medellín, la cual ha incrementado sus ingresos significativamente gracias al crecimiento del turismo en años recientes.

“Había que ver lo que se vivió en la Comuna hace pocos días con el concierto de Ryan Castro”, otro artista urbano vinculado al género, originario de Bello, zona periférica de Medellín.

“Muchos turistas llegan a Medellín atraídos por el reguetón. Quieren conocer la ciudad de J Balvin, Maluma y Karol G; personas que buscan experimentar una noche ligada a la rumba de reguetón”, indica Cardona.

El arstista Feid recogiendo un Grammy por su canción Perro Negro en 2024.

Fuente de la imagen, Mike Coppola/Getty Images for The Latin Recording Academy

Los días en que BBC Mundo visitó la ciudad coincidieron con tres conciertos que Bad Bunny ofreció a finales de enero de 2026.

La demanda en hoteles se incrementó considerablemente. Resultaba complicado encontrar alojamientos disponibles, y muchos turistas enfrentaron cancelaciones de último minuto debido a arrendadores deseosos de maximizar sus ingresos.

Este fenómeno refleja el lado negativo de una urbe que, al popularizarse como destino de ocio, afronta desafíos como la gentrificación, el aumento de alquileres, consumo de drogas y turismo sexual, incluyendo la explotación infantil.

¿Disfrute democratizado?

Regresando a Perro Negro, la noche cobra vida rápidamente pese a ser miércoles y a una fuerte lluvia que paralizó la ciudad en la tarde.

Cardona defiende que su club ha ofrecido al reguetón un trato diferente al habitual.

“Queríamos un lugar donde se valorara el reguetón como a la música electrónica en Europa: sonido de alta calidad, juego de luces, un recorrido desde los orígenes hasta el presente del género. La intención era diseñar un espacio similar a clubes exclusivos de Londres o Berlín, pero dedicado al reguetón”, explica el DJ.

Fiesta en Perro Negro, Miami, en octubre de 2023.

Fuente de la imagen, Ian Witlen/Billboard via Getty Images

Esta experiencia, por supuesto, tiene un costo. Reservar una lista durante el fin de semana oscila entre 40.000 y 50.000 pesos colombianos (entre US$10 y US$13). Asegurar mesa o asiento VIP comienza desde 450.000 pesos (US$120).

Esto representa aproximadamente una cuarta parte del salario mínimo mensual en Colombia, que hoy equivale a unos US$468 al cambio.

Cardona admite que la mayoría del público es turista, pero aclara que el reguetón también se disfruta en otros barrios de la ciudad con precios más accesibles para diferentes presupuestos.

“El reguetón siempre tuvo ese componente político que permite gozarlo en espacios con entradas que van desde 0 hasta 50 dólares y eso se ve reflejado aquí”, afirma.

Sin embargo, al hablar de ubicaciones, para él está claro: “Puede haber epicentros más comerciales como Miami o más de producción como San Juan, pero probablemente Medellín sea la ciudad más grande del mundo donde se disfruta reguetón diariamente”.

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