Razones por las que Hernán Cortés continúa siendo una figura controvertida entre México y España tras 500 años

Retrato de Hernán Cortés

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    • Autor, Darío Brooks
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 21 minutos
  • Tiempo de lectura: 11 min

A 500 años de la toma de la ciudad de México-Tenochtitlán, el triunfo logrado por Hernán Cortés continúa generando tanto admiración como controversia.

Este explorador español emprendió su aventura en las llamadas «nuevas» tierras americanas con solo 19 años y, gracias a su destreza, se convirtió en uno de los personajes más emblemáticos de la conquista de México en 1521.

Aunque esta hazaña fue alcanzada principalmente por fuerzas indígenas en un 99%, Cortés identificó el momento adecuado para cumplir sus metas personales y las de la Corona española, estableciendo un novedoso orden político, social y cultural en el extenso territorio que abarcaba el imperio mexica.

Tras la caída de Tenochtitlán, se encargó de que su nombre fuera el que más resonara en aquel acontecimiento.

«Es fundamental comprender que Cortés fue sin duda uno de los protagonistas, pero no el único; más bien, fue parte de una compleja constelación de personajes indígenas y españoles que participaron en un proceso político, militar y cultural sumamente complejo», aclara el historiador Martín Ríos Saloma.

«El problema radica en que, debido a la difusión que tuvieron los relatos provenientes del propio Cortés desde el siglo XVI, parece que él fue el único actor principal en la conquista, pues él mismo silenció a los otros capitanes que formaban la expedición», añade el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Con el paso de los siglos, la figura de Cortés se consolidó como el «conquistador de México» y, con las reinterpretaciones históricas recientes, se ha convertido en un tema de debate para defensores y críticos.

Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo un intercambio de declaraciones con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, sobre el papel de Cortés en la conquista y la herencia de la hispanidad que México recibió a partir de ese evento.

¿Quién fue realmente Hernán Cortés y por qué su figura sigue siendo objeto de disputa política siglos después de su llegada a México?

Una imagen compuesta, con Claudia Sheinbaum e Isabel Díaz Ayuso

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Un joven aventurero

Nacido en Medellín, en la región castellana de Extremadura en 1485, Cortés fue hijo de Martín Cortés de Monroy y Catalina Pizarro Altamirano, pertenecientes a una familia con cierto linaje noble, según relata el cronista Francisco López de Gómara en su biografía.

Si bien fue enviado a Salamanca para estudiar Derecho con la esperanza de sus padres, abandonó sus estudios tras apenas un par de años, optando por seguir el ejemplo de jóvenes de su tiempo que buscaban forjar su nombre en las artes militares.

«Cortés comparte la mentalidad de muchos a finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento: la expansión de la monarquía castellana, un espíritu caballeresco y aventurero, además de la creencia en luchar en nombre de Dios para difundir la religión cristiana», afirma Ríos Saloma.

En 1504 zarpa hacia la isla La Española, donde participa en varias campañas para someter a indígenas sublevados, lo que le proporciona sus primeras experiencias militares. Para 1511, viaja a Cuba como uno de los hombres de confianza del capitán Diego Velázquez -con quien más tarde se enemistaría- para consolidar el control de la isla.

Desde Cuba, Cortés organiza la exploración de un territorio que inicialmente se creyó una isla, pero que en realidad era la península de Yucatán, aventajando a otros líderes militares de Velázquez.

«Al partir de Cuba a principios de 1519, Cortés ignoraba qué encontraría. Poseía noticias sobre tierras nuevas, pero no intuía lo que iba a descubrir. Durante el reconocimiento de las costas del golfo de México, sospecha que hay algo más que simples asentamientos humanos en la costa», comenta Ríos Saloma.

Un retrato de Hernán Cortés

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La clave de su éxito

Durante su avance por el golfo, Cortés fue entendiendo las dinámicas entre los diferentes pueblos, destacando la figura de indígenas como Malintzin, esposa e intérprete, cuyo papel fue crucial tanto para la guerra como para formar alianzas con los nativos.

En ese tiempo, los mexicas lideraban un sistema tributario vigoroso que incluía vasallaje sobre otros pueblos de la región. Los tributos económicos tenían tanta trascendencia como los humanos, razón por la cual mantenían conflictos para capturar guerreros vivos y ofrecerlos a sus dioses.

La llegada de Cortés representó para los pueblos dominados una oportunidad para liberarse de los mexicas; el señorío de Tlaxcala así se convirtió en el principal aliado militar de los españoles. Fue entonces cuando Cortés comprendió que estaba ante una empresa mucho mayor.

«Cortés recibe noticias sobre la riqueza de México-Tenochtitlán y empieza a percibir la complejidad de las relaciones políticas entre los distintos señoríos mesoamericanos. Es en su estancia en los arenales de Veracruz donde concibe la idea de avanzar hacia el altiplano central, aunque con reservas de algunos capitanes que argumentaban estar limitados a explorar el territorio, capturar perlas y traer algunos indígenas», comenta Ríos Saloma.

Aunque comenzó su viaje desde Cuba acompañado por otros líderes militares como Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y alrededor de 450 hombres, junto con caballos y artillería, era consciente de que no podrían derrotar por fuerza a Tenochtitlán, que contaba con más de 200.000 habitantes, superando en tamaño a Sevilla, Venecia y otras importantes ciudades europeas.

Durante el avance hacia la capital mexica, Cortés supo construir numerosas alianzas con pueblos indígenas locales, sumando así miles de tropas a su causa.

«La conquista fue llevada a cabo en realidad por grupos mesoamericanos adversarios de Tenochtitlán, no porque estuvieran sometidos, como afirma Díaz Ayuso, sino siguiendo las lógicas propias de la guerra en las sociedades mesoamericanas», expone Ríos Saloma.

«Cortés supo interpretar esa realidad política para imponer, al concluir la guerra, el dominio de la monarquía, aprovechando también las lógicas mesoamericanas, que no pretendían someter a Tenochtitlán sino simplemente destruirla», añade.

Una pintura de Hernán Cortés liderando una batalla en México

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Tres grandes masacres (y un virus)

Una de las ofensivas más significativas de Cortés ocurrió en Cholula durante su avance hacia la capital mexica.

Este lugar era un centro ceremonial de gran importancia, y según algunas fuentes, los visitantes fueron recibidos pacíficamente. Sin embargo, inesperadamente, Cortés ordena un ataque contra los cholultecas, que provocó, según él, cerca de 3.000 muertos, aunque otras fuentes elevan esa cifra a casi 30.000 víctimas.

Aunque Cortés justificó la masacre como una acción preventiva ante un supuesto ataque, las fuentes indígenas afirman que no existió provocación y que las fuerzas invasoras atacaron cruelmente a mujeres, hombres y niños.

Para Ríos Saloma, este hecho fue una maniobra destinada a intimidar a Tenochtitlán: «Cholula era un santuario ampliamente reconocido en Mesoamérica, y su conquista enviaba un mensaje claro sobre quién detentaba el poder. Cortés no entendía el valor espiritual del sitio, pero sí lo conocían sus aliados de Zempoala y Tlaxcala. Es relevante que, pudiendo ir directamente de Tlaxcala a la Ciudad de México, hayan pasado primero por Cholula, como un acto deliberado para sembrar terror».

Al atravesar las montañas hacia el valle de México, Cortés descubre la magnitud de la ciudad mexica y evita un enfrentamiento inmediato. En 1519, se reúne pacíficamente con el emperador Moctezuma, aunque su diplomacia colapsa rápidamente cuando capturan al soberano.

Una pintura sobre una escena de la masacre de Cholula

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Un período de calma precaria se rompe en mayo de 1520 durante la fiesta de Tóxcatl, en el Templo Mayor de la ciudad grande. Mientras Cortés realiza un viaje obligado a la costa del golfo, sus hombres bajo el mando de Alvarado sufren una creciente ansiedad ante los rituales de la celebración y reaccionan violentamente, asesinando a miles de indígenas desarmados.

«Las fuentes indígenas coinciden en que fue un ataque irracional, no planeado, contra danzantes, bailarines y sacerdotes», indica Ríos Saloma. Moctezuma II fallece en medio del conflicto generado por esta matanza.

Los mexicas respondieron con un contraataque que provocó la llamada Noche Triste, durante la cual Cortés sufrió una severa derrota y perdió a muchos españoles y aliados. Tras varios meses de reorganización, propuso un plan para sitiar Tenochtitlán.

Con una fuerza estimada en 100.000 indígenas en alianza con aproximadamente 950 españoles, Cortés, Alvarado, Olid y Sandoval organizaron un cerco para cortar el suministro de agua, alimentos y cualquier ayuda externa a la ciudad. Además, el brote de viruela traída por los europeos afectó a miles de mexicas, debilitando aún más su resistencia.

Una escena de la matanza del Templo Mayor en el Códice Durán

Fuente de la imagen, Códice Durán

El asedio a Tenochtitlán duró casi 80 días y terminó con la caída de la ciudad el 13 de agosto de 1521, marcando la derrota definitiva del imperio mexica.

Estos tres episodios han llevado a que Cortés sea responsabilizado por la muerte de decenas de miles de indígenas durante la captura de México.

«Para entender este período es necesario ubicarse en los contextos históricos finales del siglo XV y principios del XVI, y analizar las acciones conforme a sus propios parámetros», reflexiona Ríos Saloma. «La violencia ha sido históricamente una herramienta de dominación: desde finales de la Edad Media se evidenció el uso del terror como arma política para socavar la resistencia de las poblaciones objetivo».

«Estas lógicas no son propias solo de las sociedades mediterráneas, sino de diversas civilizaciones. Las sociedades indígenas mesoamericanas también consideraban la violencia un componente esencial: una característica que distingue el período posclásico en Mesoamérica, en comparación con el clásico, es la intensa militarización de sus sociedades», añade.

Varias personas enfermas de viruela en el Códice Florentino

Fuente de la imagen, Códice Florentino/UNAM

La disputa política por Cortés

Los tlaxcaltecas y otros pueblos indígenas que participaron en la caída de Tenochtitlán superaban ampliamente en número y fuerza a las tropas de Cortés, pero una vez cumplido su cometido, regresaron a sus tierras. En ese vacío de poder, el conquistador español tenía otros objetivos.

«Cortés concreta el proyecto que surgió tras la derrota en la Noche Triste: luego de tres meses comprendiendo la relevancia de la ciudad, su importancia económica, política y comercial, decide incorporarla para la monarquía», explica Ríos Saloma.

Desde ese momento, el capitán extremeño no solo administra la naciente Ciudad de México, sino que también toma control de la narrativa sobre lo ocurrido, apropiándose de la victoria lograda por el numeroso contingente indígena que lo acompañó, así como por otros líderes españoles.

«Él mismo se encargó de promoverse como el gran conquistador de México, una campaña tan efectiva que todavía hoy, en el siglo XXI, se le considera la figura principal en lugar de reconocer que la conquista fue obra colectiva de varios conquistadores y múltiples procesos», señala el historiador.

«Gracias a la crónica de Bernal Díaz del Castillo, más detallada que la de otros capitanes, y fundamentalmente a fuentes indígenas, hoy sabemos, a partir del análisis académico impulsado por el quinto centenario, que Cortés fue uno entre varios protagonistas, aunque no ‘el protagonista'», agrega.

Sin embargo, desde el estudio más profundo de la época colonial en el siglo XX, la figura de Cortés también ha sido utilizada políticamente por quienes celebran la herencia española en el México independiente y por quienes reivindican las raíces indígenas y destacan la violencia de la conquista.

En 2019, el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, conocido por su postura nacionalista, envió una carta a los reyes de España invocando una revisión de la conquista y la petición de perdón conjunta a los pueblos indígenas, lo que provocó una fuerte reacción negativa en España, donde sectores políticos y sociales consideran que ese período no debería ser motivo de vergüenza, sino todo lo contrario.

López Obrador lee la carta que envío a Felipe VI

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Este acontecimiento tensionó las relaciones diplomáticas entre ambos países. Aunque han existido acercamientos posteriores, la visita reciente a México de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y representante de la derecha, reactivó el debate al proponer una reivindicación de Cortés y rechazar la promoción del «odio» hacia la historia compartida de México y España.

«Es inaudito que aún haya quienes quieran sacar provecho de esto», afirmó esta semana en Ciudad de México.

Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum criticó la postura de Díaz Ayuso, así como la de políticos mexicanos del Partido Acción Nacional y otros sectores conservadores. «Es evidente el escaso conocimiento histórico de España que tiene esta mujer y el poco conocimiento de los panistas que la traen junto a [el empresario] Ricardo Salinas Pliego y otros para respaldar lo que ellos creen. ¿Qué piensan? Que ‘hay que venerar a Hernán Cortés, quien se caracterizó por ordenar matanzas y ser uno de los invasores más crueles’», expresó.

Ríos Saloma subraya que las sociedades actuales no necesitan adherirse a ninguna de las dos posturas enfrentadas: «Es fundamental aceptar que el México actual es resultado de la interacción, por varios siglos, de dos civilizaciones: la hispana, con raíces en la tradición greco-latina y romano-árabe-islámica; y la mesoamericana, en toda su complejidad».

Ambas naciones se influenciaron mutuamente en distintos ámbitos, como ha ocurrido en épocas anteriores al encuentro entre ambos mundos.

«Un platillo emblemático de la capital, como el taco al pastor, solo pudo crearse tras la llegada del cerdo en el siglo XVI; mientras que la tortilla de patata, representativa de la gastronomía española, surgió gracias a la introducción de la papa a Europa», concluye.

«A mi juicio, lo importante es aprender a reconocernos en esta historia compartida, que tiene sus claroscuros, pero que no puede seguir siendo una carga. El presente es demasiado complejo y el futuro no se presenta necesariamente alentador. Más bien, el conocimiento profundo de la historia debería guiarnos a plantear soluciones a los problemas actuales y posicionarnos como región ante los desafíos del siglo XXI».

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