Sánchez planea iniciar la campaña electoral el 20 de noviembre, aniversario de la muerte de Franco, y celebrar las votaciones el 6 de diciembre, Día de la Constitución

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la última sesión plenaria del Congreso antes del verano de 2026. Las claves

Pedro Sánchez contempla la posibilidad de convocar elecciones generales para el 6 de diciembre, Día de la Constitución, iniciando la campaña electoral el 20 de noviembre, día que conmemora el fallecimiento de Franco.

Esta táctica apunta a aprovechar el simbolismo de ambas fechas, presentándose como un freno frente a la derecha y ultraderecha, en medio de la crisis de apoyos parlamentarios.

El Gobierno enfrenta la negativa de Junts, PP y Vox a los Presupuestos, mientras sus socios habituales, como el PNV, reclaman claridad sobre la continuidad de la legislatura.

El Ejecutivo ha extendido el mandato del Comisionado ’50 años de España en libertad’ hasta 2028, efectuando campañas antifascistas vinculadas a la agenda electoral.

El lunes 29 de junio, ya circulaba la idea de que Pedro Sánchez, esta vez sí, presentaría Presupuestos. Sin embargo, el jueves anterior quedó claro que no cuenta con apoyo para aprobarlos. Junts se sumó a PP y Vox, apoyando una moción en el Congreso que exigía su dimisión o la presentación de una cuestión de confianza.

Aquel día Arnaldo Otegi, líder de Bildu y socio estrecho del PSOE desde la moción de censura, anunció la convocatoria de una «manifestación antifascista» en Bilbao para el 14 de noviembre. ¿Qué justificación existe para anunciarla con más de cuatro meses de antelación?

El calendario, las prioridades ideológicas del momento, la tentación final que sobrevuela Moncloa. Una campaña electoral que comenzaría el viernes 20-N para unos comicios generales el domingo 6 de diciembre, coincidiendo con el Día de la Constitución.

Es decir, si «todas las fuerzas que se oponen al fascismo, sin exclusiones», como indicó Otegi, se reúnen el sábado 14 de noviembre en Bilbao, no debe ser una manifestación lejana o infructuosa.

Sino un encuentro que congregue al mayor número posible de socios (o potenciales socios) y aliados (o posibles aliados) de Sánchez frente al riesgo de un Gobierno conformado por PP y Vox.

En otras palabras, una convocatoria a la «nación de naciones», concepto defendido reiteradamente por el presidente.

Un encaje simbólico que conecta con el compromiso de Sánchez de que, «por delante, queda abordar las raíces del conflicto territorial», como expresó el 10 de junio en el Cecle d’Economia, en Barcelona.

Fuentes dirigenciales del PP advierten a este medio que «lo peor del mandato de Sánchez aún no se ha manifestado».

Lo describen como «un presidente acorralado por la corrupción y dispuesto a usar cualquier medio para mantenerse en el poder«, en medio del caso Leire, con Begoña Gómez procesada, su hermano esperando sentencia, y su exnúmero dos, Juanma Serrano, recientemente imputado… mencionando solo algunos de los 15 casos que le afectan.

En Génova, según estas fuentes, nadie duda de que en Moncloa manejan «decenas de escenarios». Uno de ellos contempla las generales alrededor del 6-D, posicionando al PSOE como «perro guardián contra el fascismo» y custodio del relato constitucional frente al bloque PP-Vox.

Desde el PSOE, otros interlocutores reconocen que «el presidente desearía cumplir los plazos legales y constitucionales» y llegar a julio de 2027. Pero admiten que no será viable, dado que sus alcaldes y barones autonómicos no quieren ir antes a las urnas, mientras Sánchez insiste en agotar la legislatura.

Asimismo, sus socios del PNV ya han trazado una línea roja. Maribel Vaquero ha reclamado en el Congreso que, si no se aprueban los Presupuestos de 2027, «presente las cuentas o convoque elecciones», avisando que la confianza del peneuvismo «se está agotando».

Junts va más allá y denomina las cuentas como «irreales» y una «cortina de humo» para ocultar los problemas del Ejecutivo. Sus dirigentes han advertido que, si se mantiene la senda de déficit, «obtendrán el mismo desenlace» y bloquearán nuevamente la senda de estabilidad en el Congreso.

Fuentes de Junts consultadas por EL ESPAÑOL resumen su postura así: «Misma senda de estabilidad, mismo voto. Por tercera vez». Añaden que «una vez que regrese Carles Puigdemont«, tras la decisión del TJUE prevista para el 16 de julio, «se iniciarán los verdaderos problemas para Sánchez».

Forzando prisas

Para que la tentación del 20‑N y el 6‑D sea factible, el calendario debe ser estricto. El martes 13 de octubre el Consejo de Ministros debería aprobar el decreto de disolución de las Cortes, de modo que la campaña oficial comience el viernes 20 de noviembre y las elecciones se celebren el domingo 6 de diciembre.

Esto obliga a Hacienda a cumplir la Constitución y presentar los Presupuestos «antes del 30 de septiembre». Y previamente, a que el Congreso analice la senda de estabilidad en el pleno extraordinario de verano ya anunciado por el Gobierno.

Junts ya ha anunciado su voto negativo, al igual que PP y Vox. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Arcadi España señalan que, «con o sin la senda aprobada», es posible presentar Presupuestos ajustando las proyecciones y los balances macroeconómicos.

En ese escenario, los Presupuestos se transformarían en un programa electoral.

PP, Vox y Junts presentarían enmiendas a la totalidad para rechazar las cuentas «sin duda», según fuentes de estos partidos, lo que abriría la vía a la disolución y elecciones anticipadas en 2027… o antes.

Alargando el ‘año Franco’

Paralelamente, el Comisionado 50 años de España en libertad, creado para conmemorar la muerte de Franco en 2025, ha sido prorrogado hasta 2028 y cuenta con casi 15 millones de presupuesto para 2026.

Con iniciativas como ‘Dmocracia’ y el himno ‘Eres demócrata y no lo sabes’, el Gobierno persigue vincular memoria antifascista, juventud y defensa democrática.

Así, la manifestación «antifascista» organizada por Bildu culminaría la precampaña el 14-N, aún fuera del periodo oficial en que estaría prohibida.

Y serviría como prólogo simbólico para unas elecciones en las que Sánchez podría presentarse como barrera frente a la derecha y ultraderecha, y custodio de una Constitución que debe «enfrentar la solución al debate territorial», según sus propias palabras.

Son plazos ajustados, pero posibles, admiten en el PP, que da por hecho que en Moncloa ya se han evaluado todas las opciones. La tentación está ahí; lo que no está garantizado es que los Presupuestos, socios y matemáticas permitan el calendario ideológico soñado por Sánchez.

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