Fermín Lorda comparte su experiencia en un sector con alta demanda pero escasez de especialistas, donde la vocación, la formación técnica y la tecnología definen el futuro del trabajo artesanal

Fermín Lorda tuvo muy claro desde temprano su camino. “Comencé por pura pasión”, rememora el carpintero navarro, quien descubrió su verdadera vocación casi por accidente, al ayudar a terminar una casa a medias junto a unos amigos. “Al empezar a construir sin tener experiencia, sentí que ese era mi verdadero interés”, relata. Desde entonces, afirma, no ha dejado de trabajar con madera. Más de diez años después, su trayectoria confirma una realidad que atraviesa el sector de la carpintería en España: a pesar de la elevada demanda, escasea la mano de obra cualificada y cada vez resulta más complicado encontrar sucesores generacionales.
“Desde que empecé oficialmente nunca me ha faltado trabajo ni un solo día”, asegura. Según Lorda, la necesidad de carpinteros es constante, y el problema no reside en conseguir encargos, sino en la falta de profesionales capacitados para asumirlos. “Rápidamente, por el boca a boca, acumulas más trabajo del que puedes abarcar”. En la actualidad, combina su labor en el taller con actividades de divulgación en redes sociales, un pódcast en el que entrevista a distintos perfiles vinculados al oficio y administra una tienda online especializada en productos para madera.
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Esta situación resulta especialmente notoria en trabajos específicos como la instalación de puertas, cocinas o suelos, incluso para autónomos. “Si aprendes a montar puertas y lo haces bien, te conviertes en una persona confiable y profesional, y rápidamente tendrás más trabajo del que puedas asumir, sin duda”, sostiene. El problema, recalca, es que “no hay suficientes personas”. “Las carpinterías no encuentran trabajadores para poder aceptar más encargos”, resume. Esta queja, según indica, es frecuente tanto entre clientes como en las empresas del sector desde hace años.
Aprender carpintería: vocación o rentabilidad
Lorda tiene claro que, actualmente, quienes permanecen en el oficio lo hacen por vocación. “La poca gente que sigue en el sector hoy en día es porque encuentra en la carpintería algo que realmente le apasiona”, afirma. De lo contrario, resulta complicado competir con empleos menos demandantes. “Si no te gusta, ganas lo mismo como reponedor y no necesitas aprender un oficio”, señala, “puedes empezar a trabajar al día siguiente en una ocupación no especializada”.
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Respecto a las expectativas salariales para quienes ingresan en el rubro, Lorda comenta que un contrato típico puede situarse alrededor de 1.600 euros al mes, aunque evita ofrecer cifras exactas. En España, el salario de un carpintero varía considerablemente según su experiencia, especialización y si es empleado o autónomo, según datos registrados en portales de empleo como Talent.com o Insertia. En términos generales, un asalariado gana entre 1.400 y 2.000 euros brutos mensuales, pudiendo alcanzar 2.300 euros o más en oficiales con trayectoria, mientras que el rango anual suelen estar entre 20.000 y 35.000 euros para profesionales consolidados. Para autónomos, las tarifas oscilan entre 20 y 40 euros por hora, según el tipo de trabajo y la región.
De todas formas, para quienes deciden dedicarse, el panorama laboral puede resultar prometedor. Recomienda formarse en nuevas tecnologías aplicadas a la madera, sobre todo en maquinaria de control numérico, un perfil cada vez más demandado. “Se está implementando mucho y eso facilitará la contratación”. Como ejemplo, menciona a uno de sus alumnos: “Tiene treinta años, está finalizando sus estudios y todas las empresas que visita quieren contratarlo. Le dicen: ‘En cuanto termines, ven para aquí’”.
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