El legado de David Attenborough en sus 100 años y la creación de «La vida en la Tierra» que cambió la percepción de la naturaleza

David Attenborough sentado frente a una foto de él con los gorilas hace 50 años

Fuente de la imagen, John Sparks / Artwork: BBC Studios

    • Autor, BBC Studios
    • Título del autor, Documental "The Making of Life on Earth"*
  • 26 minutos
  • Tiempo de lectura: 9 min

"Fue uno de los instantes más impresionantes de mi existencia… Aún lo recuerdo con claridad. Fue una vivencia impactante, todo lo que cualquier amante del mundo natural podría anhelar".

Eso afirma ahora, al celebrar su centenario, el naturalista británico David Attenborough, rememorando su encuentro con un grupo de gorilas juguetones en un claro selvático de Ruanda durante 1978.

La emotiva escena permanece como uno de los momentos más memorables en la historia de la televisión, formando parte de una serie épica, vibrante y a color que cambió la forma de narrar la naturaleza para el público global.

Combinando el enfoque científico, la fascinación y la sobriedad, Attenborough mostró al mundo escenas inéditas. El público quedó cautivado: cerca de 500 millones de espectadores siguieron la serie, cifra notable incluso hoy y casi inimaginable en aquella época para un documental.

"Tuve la fortuna de desarrollar una larga carrera en programas de historia natural. Pero hubo una serie que marcó un antes y un después: 'La vida en la Tierra'", reflexiona Attenborough.

Curiosamente, pocos años antes no estaba destinado a convertirse en una de las personalidades televisivas más icónicas del momento.

Y no fue por reveses desafortunados… sino todo lo contrario.

Comenzó a trabajar en la BBC en 1952 y, aunque inicialmente le comentaron que sus dientes eran demasiado prominentes para salir en cámara, dos años después fue la cara de un programa cuando el presentador habitual cayó enfermo justo antes de grabar.

Era una serie sobre animales, lo que le encantaba: "Estudié biología en la universidad. Mi objetivo siempre fue la historia natural".

A lo largo del tiempo, fue ganando posiciones en la BBC y dejando su marca durante un periodo en el que la televisión todavía estaba en pleno desarrollo, con la creación de series emblemáticas como "Civilización" de Kenneth Clark, centrada en la historia del arte occidental.

Sin embargo, ese progreso lo alejó paulatinamente de su verdadera pasión: los programas sobre el mundo natural.

Por mucho prestigio que alcanzara en su etapa ejecutiva, "no era para nada tan entretenido".

Así que, cuando estuvo próximo a alcanzar la cima, convirtiéndose en Director General de la BBC, un cargo entonces de gran importancia al ser la televisión el principal medio de masas, decidió renunciar.

"Deseaba crear una serie que narrara la evolución de la vida, comenzando con los animales más simples y avanzando hasta los monos, simios y, finalmente, la humanidad".

Presentó la idea una semana más tarde, "y así inicié el trabajo en 'La vida en la Tierra'".

"Fue un giro decisivo en mi trayectoria".

Paciencia

David Attenborough sosteniendo una cacatúa y el príncipe y la princesa mirándola.

Fuente de la imagen, Getty Images

En 1976, Attenborough inició la expedición de filmación de fauna más ambiciosa hasta ese momento.

Nadie antes había emprendido algo semejante: un periplo de tres años, recorriendo 40 países y documentando más de 600 especies.

Junto a su equipo, cubrió aproximadamente 2,4 millones de kilómetros, una distancia equivalente a dar más de 60 vueltas a la Tierra por el ecuador.

Tal magnitud requirió una logística excepcional.

Attenborough elaboró los guiones para los 13 episodios de la serie, "pero claro, luego era necesario encontrar ejemplos concretos para lo que él describía", rememora Richard Brook, productor de "La vida en la Tierra".

"¿Dónde se puede filmar esta serpiente que menciona, en Australia o Nicaragua?", ejemplifica.

No solo el lugar, sino también el momento y la manera.

Investigaciones, transporte, visados, permisos, conexiones… Todo debía coordinarse a distancia, en una era en la que la comunicación se realizaba por carta o líneas telefónicas poco confiables.

Sin embargo, la tecnología fue un aliado en otros aspectos.

"Queríamos mostrar el mundo natural como nunca antes se había visto. Pero, ¿cómo lograrlo?", recuerda Attenborough.

"Cada pocos meses aparecía una nueva mejora, un dispositivo innovador que permitía captar imágenes mejores", añade.

Teleobjetivos de largo alcance, filmaciones en lugares remotos, cámaras que captaban instantes efímeros en cámara lenta: así se revelaban detalles poco perceptibles al ojo humano.

Algunas de estas cámaras eran grandes y pesadas, pero permitían mostrar maravillas tanto en la selva amazónica como en una casa del Reino Unido.

Rodger Jackman, el camarógrafo más joven del equipo, debió montar un estudio improvisado en el salón de la casa de su abuela para enfrentar uno de los desafíos más complejos: filmar el nacimiento de crías de una rana macho.

La paciencia fue vital: la naturaleza no espera que las cámaras estén listas ni que alguien grite '¡Acción!'.

Rana en su hábitat natural.

Fuente de la imagen, Getty Images

Jackman esperaba el instante en que una rana de Darwin liberara a sus crías. Tras que la hembra deposita los huevos, el macho los recoge con la boca y los incuba en su saco vocal hasta que los renacuajos están listos para vivir fuera.

"Comencé la espera… No tenía idea de cuánto tiempo tomaría". Requirió ayuda de amigos y familiares para turnarse; el agotamiento era tal que necesitaba descansar.

Dos semanas después, "percibí un cambio leve en la rana".

Encendió la cámara y grabó ese momento: "un par de segundos de metraje… ¡increíble!".

Un instante que, ralentizado, resulta fascinante.

Esa rana de Darwin es apenas uno de los protagonistas animales, incluyendo humanos, cuyas historias completas narraron "La vida en la Tierra".

Burros, peces y tortugas

En el primer capítulo, Attenborough buscó ilustrar el concepto de viajar a través del tiempo.

Una forma de remontarse en la historia de la Tierra es acceder a las rocas más antiguas, situadas a gran profundidad.

Visualmente, el Gran Cañón del Colorado resulta perfecto para este propósito.

El plan consistía en descender a pie, montado en burro, hasta el fondo: "sería el clímax donde aparecería en primer plano hablando".

"Pero descubrí que tenía alergia al pelo de los burros; al llegar abajo, mis ojos estaban tan hinchados que apenas podía abrirlos".

Por ello, la toma final tuvo que hacerse desde lejos.

Tortugas gigantes copulando.

Fuente de la imagen, Getty Images

La visita a las Islas Galápagos, relata Attenborough, "fue muy emocionante porque, para cualquier persona interesada en la historia natural, es un lugar casi sagrado: fue allí donde Darwin observó inicialmente los elementos de la historia que queríamos narrar".

Sin embargo, en ese "lugar mágico", lo más complicado fue descansar debido a la activa vida sexual de las tortugas gigantes.

"Emitían fuertes bramidos durante el apareamiento", acompañados de golpes con sus caparazones.

La expedición a las Islas Comoras se volvió peligrosa cuando un golpe de Estado llevó a la suspensión temporal de los permisos de filmación.

Attenborough solventó la situación con su carisma, pero otro problema persistió: capturar a un pez esquivo.

"Queríamos mostrar al primer animal con columna vertebral que abandonó el mar, donde se originó la vida, para habitar la tierra.

"El celacanto, un pez extraño, cobraba importancia por tener aletas con bases carnosas que le permitían impulsarse sobre el suelo, pero nunca se había filmado uno vivo".

Celacanto gris oscuro con manchas blancas.

Fuente de la imagen, Getty Images

Los habitantes del pequeño pueblo local eran considerados expertos en la captura de esos peces, pero la suerte no acompañó al equipo, que tuvo que conformarse con un ejemplar disecado en la vitrina de un bar.

Por fortuna, tras la partida del equipo, el camarógrafo Peter Scoones -quien se había quedado para filmar murciélagos- recibió una llamada en su hotel: un pescador había traído uno vivo.

"Fue un logro histórico para la evolución filmar viva a esta especie tan relevante", destaca Attenborough.

Del éxtasis al temor

Las Comoras no fue el único país donde la situación política generó dificultades durante la filmación.

El productor asociado de "Life on Earth", Mike Salisbury, comenta que fue enviado como avanzadilla a Irak para preparar la llegada, pues se le advirtió: "si te arrestan, no es tan grave", en comparación con la posibilidad de que capturaran a Attenborough como rehén.

Aunque tuvieron un encuentro tenso con el ejército de Saddam Hussein, consiguieron lo que buscaban.

Sin embargo, fue en Ruanda donde vivieron los momentos más intensos.

"No teníamos idea de lo que presenciaríamos ni lo cerca que estuvimos de perderlo todo", declara Attenborough.

El propósito era sencillo: mostrar el pulgar de un gorila para ejemplificar cómo la evolución de los pulgares permitió a los primates manejar herramientas.

Guiados por la experta en gorilas Dian Fossey, lograron acercarse mucho más de lo esperado.

Foto de Attenborough en primer plano con dos gorilas atrás.

Fuente de la imagen, John Sparks / BBC Studios

"Entre un gorila y yo, la mirada compartida tiene más significado y entendimiento mutuo que con cualquier otro animal que conozca", comenta Attenborough, mientras una gorila hembra lo observa a pocos metros, acompañada por dos crías.

Pero cuando intentaron grabar su explicación sobre el pulgar oponible, uno de los gorilas jóvenes intentó retirar sus zapatos mientras otro se recostó sobre él.

"Hubo un momento en que solo se veía la parte superior de la cabeza de David", recuerda el director John Sparks.

Luego, una gorila adulta apoyó la mano sobre su cabeza, le giró el rostro para mirarle a los ojos y le metió un dedo en la boca.

"Pensé: ‘Dios mío, le va a arrancar la cabeza y aún no terminamos la serie’. No fue un pensamiento muy amable!", confiesa Sparks.

Mientras tanto, Attenborough vivía un estado de éxtasis total.

"Fue uno de los momentos más privilegiados de mi vida…".

Asombrados, descendieron de la montaña y se dirigieron en coche al aeropuerto, cuando de repente se escucharon disparos.

Soldados ruandeses los detuvieron, los llevaron a una comisaría, los interrogaron y confiscaron el material filmado.

"Martin Saunders, el camarógrafo, viendo en peligro lo grabado, cambió las etiquetas y entregó una lata vacía", relata Attenborough.

Pasaron la noche arrestados en un hotel. Al día siguiente, Attenborough y su camarógrafo fueron llevados a un complejo militar en Kigali, donde permanecieron bajo el sol hasta que un comandante ordenó su liberación.

Cuando "La vida en la Tierra" se emitió en 1979, la secuencia con los gorilas tuvo un impacto que superó la pantalla: ayudó en los esfuerzos de conservación de la especie.

La serie fue un fenómeno, convirtiendo la historia natural en un referente televisivo e introduciendo a Attenborough a millones alrededor del mundo.

Para él, simplemente, "queríamos contar la mejor historia del mundo", una narrativa que continuaría en nuevas series impresionantes, consolidándolo como el documentalista más influyente de su generación.

* Este artículo es una versión resumida del documental de la BBC "The Making of Life on Earth: Attenborough's Greatest Adventure", dirigido y producido por Victoria Bobin

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