Declaraciones finales de Ábalos en el Supremo: «Aldama obligó a Jésica a integrarse en el acuerdo con la Fiscalía»

El exministro presentará su alegato final este miércoles como cierre del juicio por el ‘caso Mascarillas’

La última palabra de Ábalos en el Supremo: "Aldama ha metido a Jésica, tras coaccionarla, en el pacto con la Fiscalía"

El derecho al último turno de palabra corresponde al acusado al finalizar un juicio penal, justo antes de que se declare «visto para sentencia». Esta opción le permite expresar su opinión final y reforzar o ampliar los argumentos presentados en su defensa, o afirmar su inocencia sin interrupciones. Es un procedimiento de gran relevancia, ya que su omisión podría anular el fallo. José Luis Ábalos ha decidido hacer uso de este recurso este miércoles en el Tribunal Supremo, como cierre del juicio oral del caso Mascarillas.

Según fuentes próximas al exministro con gran influencia en el PSOE, planea reiterar su inocencia y denunciar que su proceso se ha descontrolado debido a su identidad. Afirma que no se le han brindado las garantías necesarias. Ábalos ha comunicado a su entorno su tesis principal sobre el juicio: que existe «un pacto evidente entre la Fiscalía y Aldama», quien «incorporó a Jésica en ese acuerdo» después de «presionarla» para que testificara contra Ábalos. Ahora acusa a su expareja de actuar como un caballo de Troya para su rival, el empresario y comisionista.

En sus charlas desde la prisión de Soto del Real con allegados, Ábalos sostiene que «a Aldama le reducirán la pena a dos años por cada delito y no ingresará en prisión por este caso, aunque sí por la trama de hidrocarburos».

Actualmente, el fiscal Alejandro Luzón solicita para Aldama tres años por delito continuado de cohecho y cuatro años por organización criminal. Intentó moderar la pena considerando su cooperación, pero la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, se lo impidió. Ábalos sostiene además que «el PP se encargará de esto». La acusación popular, representada por el abogado del Partido Popular, Alberto Durán, ha reclamado una reducción de la condena en dos grados, aplicando un atenuante de confesión muy cualificada para cada delito admitido por el corruptor confeso. Esto le permitiría evitar la prisión, dado que las penas quedarían por debajo de los dos años por cada caso.

Poco antes de que el presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Andrés Martínez Arrieta, declare «visto para sentencia» el proceso —salvo imprevistos—, Ábalos apelará a su inocencia con los mismos argumentos que compartió ayer en su entorno: «Lo único que ha encontrado la UCO es un desajuste de 95.000 euros. El resto son testimonios de Aldama, que no ha probado nada».

El exsecretario de Organización del PSOE, enfrentando una posible condena de 24 años de prisión, 17 más que Aldama, recalca constantemente que su castigo ya está mediática y judicialmente decidido. Añade que no confía en que el Tribunal Constitucional corrija al Supremo. Consciente de que su destino parece sellado y que recibirá una condena ejemplar, ya dirige la mirada hacia Estrasburgo, concretamente al Tribunal de Derechos Humanos de la UE. «En el Tribunal Constitucional tiene la misma confianza que en el Supremo», expresan sus allegados.

Y aunque «Koldo ha asumido gran parte de la responsabilidad», y durante el juicio se ha revelado que quien fuera mano derecha de Pedro Sánchez «no estaba al tanto» de todas las acciones de su colaborador y de Aldama, según comentan.

Ábalos opina que «esto es un asunto político, no judicial»; es decir, una persecución «especialmente prolongada». Solo los tribunales europeos podrían revertir esta situación, pues «todo ha sido encapsulado en su contra desde el Gobierno» y ya no existe «ni pacto ni alternativa», como coinciden en señalar las fuentes consultadas.

Esta postura descarta la existencia de un acuerdo tácito con el Ejecutivo para moderar la presión sobre Pedro Sánchez. Entonces, ¿por qué Ábalos no ha revelado toda la información disponible? Porque «no hay nada que revelar», según sus propias palabras. En su entorno remarcan que Ábalos conoce muchas «cuestiones políticas» sobre Sánchez, pero «no hay pruebas de corrupción ni financiación ilegal». Y si decide contar las historias políticas que conoce sobre el presidente, «no le servirá para conseguir una reducción de la condena». «No va a delatar a nadie ni se autoinculpará, defenderá su inocencia hasta el final. Incluso en Estrasburgo».

Así pues, ¿se espera alguna sorpresa en el turno final de Ábalos en el Tribunal Supremo? «No. Las sorpresas serán obra de Aldama».

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