En sus 40 minutos de intervención final, desliza un aviso al Gobierno que deja el ‘caso Koldo’ listo para sentencia.

El turno de última palabra de Koldo García y José Luis Ábalos se transformó ayer en una segunda ronda de intervenciones. Víctor de Aldama decidió no añadir nada más a lo expuesto por su abogado en la sesión matutina, pero el exasesor en Transportes usó 25 minutos y el exministro alcanzó los 40 minutos.
«Apuesto lo poco que me queda de vida, que tampoco es demasiado», comenzó el exsecretario de Organización del PSOE, subrayando la importancia de su mensaje. Inicialmente, presentó dos quejas combinadas: consideró que era víctima de «una causa predeterminada» y de una presión mediática «planificada, financiada, dirigida y alimentada por filtraciones de la propia investigación». Criticó los «juicios paralelos que contaminan los procesos judiciales» y calificó de «imposible» defenderse ante ellos cuando la causa tiene «esta magnitud». «Se me juzga más por mi persona que por los hechos. Tras la denuncia relacionada con las mascarillas, se desató una causa general. Percibo un escrutinio no sólo de mis años como ministro, sino de 10 años de mi vida».
Ábalos admitió que, después de declarar como acusado el pasado lunes, salió «algo desalentado». Y tras oír el informe final del fiscal jefe de Anticorrupción ayer, confirmó que su intervención no había servido «para nada».
Criticó la actuación del acusado Víctor de Aldama y puso en duda las supuestas aportaciones a la causa que horas antes había mencionado el fiscal jefe de Anticorrupción en su informe final. «En su declaración, afirmó que Sánchez es el líder de la organización criminal. No creo que esta afirmación complete su versión», apuntó Ábalos, refiriéndose a una frase de Aldama que incluso el fiscal jefe había descartado. También definió como «una fábula» la explicación de Aldama, transmitida por su defensa, de que la organización que lo «captó como una secta» existía desde 2015. «En 2015 no conocía a estos individuos». «¿Qué mal les habré hecho?», se preguntó en voz alta en referencia al coacusado cuya confesión sostiene parte de la acusación.
Desde otra línea de defensa, Ábalos restó importancia a los contratos en empresas públicas vinculados a su exnovia Jésica Rodríguez y a su amiga —no se especifica el grado— Claudia Montes. «Dos contratos temporales para dos plazas masivas. ¿Eso es colonizar la administración?», comentó, haciendo referencia nuevamente a la expresión utilizada por Anticorrupción en su informe. «Son dos contratos temporales. Esto solo hace perder el tiempo a sus señorías», concluyó.
El exministro minimizó no solo esos contratos directos, que las acusaciones traducen en dos delitos de tráfico de influencias. También consideró ridículas las cantidades presuntamente cobradas a cambio de corrupción. «¡Diez mil euros! ¡Qué barato soy!», exclamó, en relación con la mensualidad que Aldama asegura haber entregado a Koldo para beneficio de ambos. En realidad, ese dinero era solo para gastos corrientes. Las supuestas comisiones y dádivas provinieron de otras fuentes.
En este punto, lanzó lo más parecido a un aviso durante su intervención. «¿Creen que desconozco las gestiones de otros ministros, tanto actuales como anteriores?», afirmó.
Sus extensas últimas palabras tuvieron su propio segmento final. Ábalos citó a Alonso Martínez, autor de la anticuada Exposición de Motivos de la vigente Ley de Enjuiciamiento Criminal. Estas líneas mencionan «dos cosas, a cada cual más funesta» para el ciudadano: «una, que al ritmo que avanza el sumario se va fabricando inadvertidamente una verdad artificial que luego se convierte en verdad legal, aunque contradice la realidad de los hechos y subleva la conciencia del procesado; y otra, que cuando éste, llegado al juicio, intenta defenderse, solo forcejea inútilmente, porque entra en el tribunal ya vencido o al menos desarmado».
Antes que Ábalos tomó la palabra Koldo García, quien insistió en una línea de defensa compartida con el exministro y que parece más un recurso ante el Constitucional que un argumento para la sentencia del Supremo: la indefensión que aseguran haber sufrido al no tener acceso a los dispositivos electrónicos incautados. Pocos en el caso del exministro; numerosos en el del exasesor. «Tantas cosas podría demostrar si tuviera los móviles. Si dispusiera de ellos podría explicar la verdad, y la verdad es que me han ofrecido mentir para no entrar en prisión».
Con la última palabra y ya de noche, el presidente del tribunal declaró el «visto para sentencia, el juicio ha concluido». La Ley citada por Ábalos establece «tres días» para dictar sentencia, aunque el Supremo, como el resto de tribunales, se tomará el tiempo que considere oportuno.

