Impacto de los chatbots de IA en la capacidad cognitiva humana

Mujer frente a una pantalla

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    • Autor, Melissa Hogenboom
    • Título del autor, BBC Culture*
  • 30 abril 2026
  • Tiempo de lectura: 9 min

Diversos expertos alertan que, conforme los grandes modelos de lenguaje asuman más funciones cognitivas, surgirá un costo asociado a esta externalización mental.

Al buscar pasantes, la investigadora Nataliya Kosmyna advirtió que las cartas de presentación que recibía tenían una notable similitud. Eran extensas, cuidadas y, tras la introducción, frecuentemente establecían conexiones abstractas y poco concretas con su campo de trabajo.

Pronto dedujo que los aspirantes recurrían a grandes modelos de lenguaje (LLM) —un tipo de inteligencia artificial que alimenta a chatbots como ChatGPT, Google Gemini y Claude— para elaborar sus cartas.

Simultáneamente, durante sus clases en el campus del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Kosmyna, especialista en interacción humano-computadora, notó que ciertos estudiantes tenían mayor facilidad para olvidar contenidos en comparación con años anteriores.

Frente a esta creciente dependencia de los LLM, la profesora sospechó que podrían estar influyendo negativamente en la cognición de sus alumnos y decidió investigar más profundamente para comprender el fenómeno.

La preocupación

Una mujer y un hombre están trabajando en una habitación donde hay varias pantallas de computador con sistemas de IA.

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Investigadores como Kosmyna expresan preocupación acerca de que, si el uso de la IA se vuelve excesivo, podría alterar el lenguaje que empleamos e incluso mermar nuestra capacidad para efectuar tareas cognitivas básicas.

Actualmente, un número creciente de estudios indica que esta «descarga cognitiva» a la IA puede erosionar nuestras habilidades mentales. Las consecuencias podrían ser alarmantes e incluso favorecer el declive cognitivo.

Es un hecho reconocido que los instrumentos que usamos influyen en nuestra manera de pensar.

Por ejemplo, con la llegada de Internet, actividades que antes requerían investigacion exhaustiva se resolvían fácilmente mediante consultas simples en motores de búsqueda.

Con la creciente popularidad de estas herramientas, varias investigaciones señalaron que nuestra tendencia a recordar detalles específicos disminuyó, fenómeno conocido como «el efecto Google». (No obstante, algunos afirman que Internet actúa como una memoria externa que libera recursos mentales para otras tareas).

Ahora, existe una inquietud creciente acerca de que, al delegar cada vez más nuestro pensamiento a grandes modelos de lenguaje (LLM) y otras formas de IA, los impactos sobre la memoria y la capacidad para resolver problemas puedan intensificarse.

Las inteligencias artificiales pueden redactar poesía convincente, dar asesoría financiera e incluso ofrecer compañía.

Además, los estudiantes delegan con mayor frecuencia la elaboración de sus trabajos a estas herramientas.

Diferentes estudios ya sugieren que los jóvenes podrían ser particularmente susceptibles a los efectos negativos que la IA puede tener sobre habilidades cognitivas esenciales, como el pensamiento crítico.

Kosmyna, sin embargo, decidió investigar con más profundidad estos posibles impactos.

Una mujer chateando con un chatbot de IA

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Esfuerzo mental reducido

Junto a colegas del MIT Media Lab, Kosmyna reclutó a 54 estudiantes para escribir breves ensayos, dividiéndolos en tres grupos.

A uno se le indicó utilizar ChatGPT; otro grupo empleó Google sin la función de resúmenes creados por IA; el último no usó ninguna tecnología. Durante la tarea se monitorearon las ondas cerebrales de los estudiantes.

Las temáticas de los ensayos fueron planteadas de modo abierto, requiriendo poca investigación, con preguntas vinculadas a la lealtad, la felicidad y decisiones cotidianas.

Aunque los resultados aún no se han publicado en revista científica, fueron esclarecedores según Kosmyna.

Quienes solo recurrieron a su mente mostraron un cerebro «en llamas», señalando una actividad extensa en múltiples áreas, indicó la especialista.

El grupo que usó Google presentó una intensa actividad en regiones visuales; sin embargo, el conjunto que utilizó ChatGPT mostró una actividad cerebral considerablemente menor, llegando a reducirse hasta un 55 %.

«El cerebro no entró en reposo, pero la activación en áreas vinculadas con la creatividad y procesamiento de información fue mucho menor», explica Kosmyna.

El uso de ChatGPT también influyó en la memoria de los participantes; tras entregar los ensayos, los usuarios del IA no pudieron citar fragmentos y varios sintieron ausencia de autoría sobre sus propios textos.

Estudios adicionales han demostrado que las personas pierden capacidad para retener y rememorar información cuando emplean herramientas como ChatGPT.

Un joven sonriente sostiene un cartel pidiendo que se regule la IA, para mantener un "futuro humano", en medio de una protesta.

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Aunque estos hallazgos están en fase de revisión por pares, reflejan similitudes con estudios previos.

Una investigación de la Universidad de Pensilvania indica que algunas personas presentan lo que llaman «rendición cognitiva» al interactuar con chatbots de inteligencia artificial generativa.

Esto significa que aceptan las respuestas de la IA con poco cuestionamiento, dejando que esta interpretación prevalezca sobre su propio juicio.

Efectos similares se han registrado fuera del entorno de chatbots, incluso en situaciones críticas.

Por ejemplo, un equipo internacional detectó que médicos que usaron IA para detectar cáncer de colon durante tres meses, luego mostraron menor habilidad para identificar tumores sin la herramienta.

Kosmyna advierte que delegar la labor creativa a la IA implica perder buena parte de la inventiva necesaria para producir obras originales.

Los ensayos creados con ChatGPT por los estudiantes en su estudio resultaron muy semejantes, siendo calificados por los profesores como «sin alma», carentes de profundidad y originalidad, relata Kosmyna.

«Uno de los docentes preguntó incluso si los estudiantes habían redactado los trabajos juntos, dada su gran semejanza».

Aunque estos estudios muestran el impacto a corto plazo de los LLM en la actividad cerebral, sus efectos prolongados son aún poco claros.

El análisis realizado por Kosmyna y su equipo ofrece una primera aproximación.

Cuatro meses después, solicitaron a los estudiantes escribir otro ensayo; esta vez, aquellos que usaron ChatGPT debían trabajar sin esa ayuda.

La conectividad neuronal de estos individuos resultó inferior a la de quienes modificaron el sentido del uso, lo que sugiere que inicialmente no se involucraron plenamente con los temas.

Deterioro cognitivo

Una pantalla con un logo de IA en un centro de convenciones.

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Los grandes modelos de lenguaje (LLM) pueden estimular el pensamiento, pero solo si no se depende de ellos para externalizar las tareas mentales, sostiene la neurocientífica computacional Vivienne Ming, autora de "Robot Proof".

No obstante, Ming teme que esa no sea la forma habitual en que la mayoría usa esta tecnología.

Esta conclusión emerge de un estudio que realizó para su libro, en el que pidió a estudiantes de la Universidad de Berkeley predecir resultados del mundo real, como precios del petróleo.

Observó que la mayoría simplemente consultaba la IA y copiaba la respuesta.

Midiendo la actividad de ondas gamma en sus cerebros —indicadoras de esfuerzo cognitivo— notó niveles muy bajos de activación.

Aunque su investigación aún no ha sido publicada, Ming advierte que, si sus hallazgos se confirman, podrían tener consecuencias a largo plazo.

Otras investigaciones vinculan baja actividad gamma con deterioro cognitivo en edad avanzada.

«Eso resulta realmente inquietante», afirma Ming. «Si ese se convierte en el modo habitual de interacción con estos sistemas —y estamos hablando de jóvenes inteligentes— es preocupante».

Para ella, el pensamiento profundo es una habilidad fundamental.

«Si no lo ejercitamos, las implicaciones a largo plazo para la salud cognitiva pueden ser muy serias».

Esto ocurre porque la dependencia de los LLM exige escaso esfuerzo mental, y Ming señala que precisamente eso es lo que un cerebro sano necesita: desafío cognitivo.

La pantalla de un teléfono mostrando un chat de ChatGPT.

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No obstante, un pequeño grupo —menos del 10 %— utilizó la IA como apoyo para recolectar datos que luego analizaron personalmente.

Estos individuos alcanzaron predicciones más acertadas y mostraron mayor activación cerebral.

Hace casi 20 años, Ming pronosticó que en 20 a 30 años habría un aumento estadísticamente significativo en la demencia, relacionado con la dependencia excesiva de Google Maps.

«Quería ser provocativa», dice Ming. «Si no necesitas pensar en cómo orientarte, habrá un efecto detectable».

Si bien no hay datos exactos sobre esta predicción, la creciente utilización del GPS se ha asociado con deterioro en la memoria espacial a lo largo del tiempo, según un estudio de 13 personas realizado en tres años.

Además, una navegación espacial deficiente podría predecir la enfermedad de Alzheimer, según otra investigación.

Claramente, cuanto más activo se mantiene el cerebro, mayor protección ofrece contra el deterioro cognitivo.

Por ende —señala Ming— los grandes modelos de lenguaje (LLM) no solo pueden limitar la creatividad, sino que también podrían deteriorar la cognición y elevar el riesgo de demencia.

Ante el aumento en el uso de la IA, es necesario adoptarla de forma que contribuya positivamente, en lugar de causar perjuicio.

Ming propone que el ideal sea una «inteligencia híbrida» donde humanos y máquinas colaboren para resolver las tareas complejas.

Esto implica pensar primero de manera independiente y luego usar la IA para desafiar nuestras ideas, en lugar de aceptar pasivamente sus respuestas.

Kosmyna comparte esta visión, sugiriendo aprender los contenidos sin apoyarse en IA en un primer momento para establecer bases sólidas, y después considerar el uso de los grandes modelos de lenguaje (LLM).

Ming recomienda aplicar la llamada «instrucción némesis» para testar el propio razonamiento.

Esta técnica consiste en solicitar a la IA que adopte el papel de «enemigo acérrimo» y argumente detalladamente por qué nuestras ideas son incorrectas y cómo corregirlas, lo que nos obliga a defender y perfeccionar nuestros planteamientos en lugar de aceptar respuestas automáticamente.

Otra estrategia que propone es fomentar la «fricción productiva», pidiendo a la IA que solo proporcione contexto y formule preguntas, evitando entregar directamente las soluciones.

Al implementar este método —configurando un bot para abstenerse de responder— percibió que los usuarios mostraban mayor compromiso y participación.

En definitiva, todos debemos estar alerta frente a atajos cognitivos, algo que —como señala Kosmyna— «es algo que a nuestro cerebro le encanta».

Es crucial, para preservar la salud cerebral a largo plazo, mantenernos constantemente desafiados.

Así, nuestra mente, creatividad y función cognitiva se verán fortalecidas.

Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente por BBC Culture. Para leer la versión en inglés, haz clic aquí.

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