Los investigadores detallan en el estudio los receptores olfativos de la nariz. Este sentido había sido largamente ignorado hasta que su pérdida se convirtió en un síntoma habitual del covid
El olfato siempre ha sido uno de los sentidos menos explorados dentro de los cinco tradicionales. Así lo han señalado numerosas publicaciones a lo largo de los años, pero ahora un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard ha logrado identificar el primer mapa de los olores.
Este sentido controla el apetito, la ingesta y el placer al comer; permite percibir riesgos ambientales, como el humo; evita la proximidad a estímulos desagradables y dirige hacia los placenteros, además de colaborar en funciones como el equilibrio, la motricidad y la respiración.
Asimismo, el olfato ha ganado relevancia en tiempos recientes, sobre todo desde la pandemia. Su pérdida, denominada anosmia, y la alteración en la percepción de olores, llamada parosmia, se volvieron síntomas frecuentes y bastante característicos del covid. Esto provocó que muchas personas reconocieran la importancia de este sentido por primera vez.
Precisamente, estos científicos han elaborado el primer mapa detallado de los receptores olfativos en la nariz, describiéndolo como un avance comparable a los alcanzados en el oído, la vista o el tacto. Contrariamente a la creencia previa en la comunidad científica, las neuronas que expresan estos receptores presentan una organización espacial definida: se disponen en franjas horizontales que abarcan desde la parte superior hasta la inferior de la nariz.
Aunque desde 1991 se habían identificado los tipos de receptores olfativos intentando construir este mapa, solo se observó que su expresión ocurría en ciertas áreas del tejido. A partir de eso surgió la hipótesis de que la distribución de los receptores era en gran parte aleatoria, indicando que el olfato funcionaría de manera distinta a otros sentidos.
“Ahora sabemos que la organización de los receptores olfativos en mi nariz es idéntica a la de cualquier otra persona. Que exista un patrón estereotipado resulta relevante porque sugiere que probablemente percibimos y procesamos los olores de forma semejante”, explica a este medio Robert Datta, profesor de neurobiología y autor principal del estudio publicado este martes en la revista Cell.
Además, indica que en la actualidad están analizando el significado funcional de ese mapa. Es decir, se indaga por qué los receptores se hallan organizados en ese orden específico. “Hay muchas posibilidades; una de ellas es que alguna característica química del olor [ya que los olores son fundamentalmente sustancias químicas] esté codificada en ese orden, por ejemplo, que las cetonas se ubiquen arriba y los aldehídos abajo”, comenta Datta.
Otro posible escenario que menciona es que el carácter del olor esté reflejado en ese mapa: “Tal vez el chorizo se encuentre en la parte superior y los boquerones en la inferior”. Algo similar podría aplicarse a su significado: «Quizás los olores agradables están en la parte superior y los que se evitan, abajo. Es importante señalar que estas hipótesis no podrían haberse formulado si no hubiésemos identificado primero el mapa”.
Por otra parte, el análisis revela que el mapa de receptores en la nariz se corresponde con los mapas olfativos ubicados en el bulbo olfatorio del cerebro, brindando indicios sobre cómo se transmite la información desde la nariz al cerebro. “Hay muchos genes que varían entre las neuronas que expresan diferentes receptores y estas diferencias probablemente se deban a la posición espacial de las neuronas en la nariz. Actualmente podemos examinar directamente el tejido y evaluar el patrón de expresión de cientos de genes. Esto nos permitió visualizar claramente el patrón de expresión de los receptores y, con ello, revelar el mapa olfativo”, enfatiza el científico.
Aunque la investigación se realizó en ratones, Datta asegura que los humanos poseen menos receptores que estos animales, pero se cree que la estructura básica es casi idéntica. “El olfato presenta una complejidad superior a otros sentidos. Por ejemplo, los ratones cuentan con alrededor de 20 millones de neuronas olfativas que expresan más de mil tipos de receptores, mientras que para la visión del color solo existen tres tipos principales de receptores visuales”, indica el estudio.
A su vez, este hallazgo ofrece información clave para que los científicos puedan desarrollar tratamientos para la pérdida del olfato, condición para la que aún no existen soluciones. “No podemos resolver los problemas del olfato sin entender cómo opera en su nivel básico”, agrega el autor principal.
En relación a cómo este descubrimiento podría beneficiar a personas con pérdida olfativa por covid persistente, menciona que se ha planteado la estimulación eléctrica de la nariz para activar las neuronas sensoriales. “Nuestros resultados indican que, si se opta por este método, sería necesario estimular diversas áreas del epitelio para cubrir la totalidad de la zona. También se considera la introducción de células madre olfativas en la nariz para favorecer la regeneración del tejido olfativo. Nuestro trabajo sugiere que estas células madre deberían distribuirse en todo el epitelio para poder ocupar todas las posiciones y, por ende, expresar la variedad completa de receptores”, explica Datta.
Por ello, el estudio aclara que este conocimiento será fundamental para desarrollar tratamientos como terapias con células madre o interfaces cerebro-computadora destinados a contrarrestar la pérdida olfativa: “Nuestro hallazgo del mapa olfativo guiará el desarrollo de estas tecnologías y facilitará su transformación en terapias”.

