El medicamento ha comenzado las pruebas tras demostrar en modelos preclínicos la capacidad de restaurar la función de TDP-43, una proteína alterada en la mayoría de los casos de la enfermedad
La búsqueda de un tratamiento efectivo para la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) incorpora un nuevo candidato con resultados alentadores en modelos celulares y animales. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha autorizado el inicio del primer ensayo clínico en humanos con AP-2, un medicamento desarrollado en España que se dirige a uno de los mecanismos fundamentales de la enfermedad: la proteína TDP-43.
El ensayo comenzó en abril en el Hospital Universitario de La Princesa (Madrid) con aproximadamente 70 voluntarios sanos, siendo el primer paso para confirmar si esta estrategia puede aplicarse en pacientes.
Desde hace varios años, la proteína TDP-43 se ha establecido como uno de los principales objetivos de estudio en la ELA. En la mayoría de los casos, esta proteína deja de funcionar correctamente: se desplaza desde su ubicación habitual en el núcleo celular y forma agregados tóxicos en el citoplasma, lo que conduce a la muerte de las neuronas motoras.
“En la mayoría de los pacientes con ELA, esta proteína muestra un comportamiento anómalo que desencadena la muerte neuronal”, explica Ana Martínez, cofundadora de Molefy Pharma, en declaraciones a El Confidencial.
La importancia de este mecanismo es fundamental: según cálculos del equipo desarrollador, la alteración de TDP-43 está presente en más del 97% de los casos diagnosticados.
Un enfoque innovador: restaurar la función
A diferencia de otras terapias dirigidas a eliminar los agregados tóxicos, AP-2 busca avanzar más allá. Este medicamento no actúa directamente sobre TDP-43, sino que interviene en el proceso que provoca su mal funcionamiento.
“AP-2 bloquea una proteína responsable de fosforilar TDP-43. Una vez fosforilada, se desplaza fuera del núcleo y forma agregados tóxicos”, detalla a este medio Carmen Gil, también cofundadora de la empresa.
En modelos preclínicos, esta estrategia ha permitido reducir dichos agregados, restaurar la proteína en su ubicación habitual y recuperar su función en la célula. Además, los investigadores han notado que el compuesto previene la propagación de la patología.
Este método, aseguran, es único en comparación con otras líneas de investigación. “No existe ningún medicamento en estudio que haya demostrado este efecto”, afirma Martínez.
Resultados positivos en laboratorio y modelos animales
Antes de avanzar a ensayos en humanos, AP-2 fue evaluado en diferentes modelos. En células derivadas de pacientes con ELA, el tratamiento ha conseguido restaurar el funcionamiento adecuado de TDP-43. En animales, los resultados indican un impacto significativo en la supervivencia de las neuronas motoras.
“En animales tratados con AP-2, hemos observado un incremento en la supervivencia de las motoneuronas”, comenta Gil.
Estos datos respaldan la hipótesis de que el medicamento podría no solo aliviar síntomas, sino modificar la progresión de la enfermedad, algo que los tratamientos actuales no logran. “Si los efectos observados se replicaran en humanos, estaríamos frente a un posible tratamiento que modifique el curso de la enfermedad”, destaca Martínez.
El primer paso en humanos
A pesar de las expectativas, los investigadores llaman a la prudencia. El ensayo autorizado por la AEMPS corresponde a una fase I, cuyo objetivo principal no es evaluar la eficacia, sino la seguridad.
“Será la primera vez que AP-2 se administre en humanos, y su objetivo principal es valorar la seguridad del compuesto y su farmacocinética”, explica Gil.
Esto implica que el estudio analizará si el medicamento es seguro y cómo se comporta dentro del organismo: su absorción, distribución y eliminación. Solo si estos resultados son favorables se podrá avanzar hacia ensayos con pacientes.
Un camino todavía largo
El desarrollo de tratamientos para enfermedades neurodegenerativas está marcado por la incertidumbre, y la ELA no es una excepción. Numerosas terapias que funcionan en modelos experimentales fracasan al probarse en humanos.
Las propias investigadoras admiten las dudas existentes. Entre ellas, si el fármaco será capaz de alcanzar el sistema nervioso central en humanos o si reproducirá la eficacia mostrada hasta ahora.
Sin embargo, el avance representa un paso significativo en un área con pocas opciones terapéuticas. Actualmente, el riluzol (el principal medicamento aprobado) apenas consigue retrasar de forma leve el avance de la enfermedad.
Si el desarrollo clínico continúa de forma favorable, el siguiente objetivo será iniciar ensayos en pacientes durante los próximos años. Mientras tanto, AP-2 se suma a la lista de candidatos que buscan cambiar el curso de una enfermedad sin cura, pero en la que la ciencia continúa abriendo nuevas posibilidades.

