Vox instó a los líderes del partido a destituir a Ortega con una petición directa de Abascal

Montse Lluis afirmó que el ex secretario general intentaba «reemplazar» al presidente del partido

Santiago Abascal y Javier Ortega Smith el 14 de octubre de 2019

La destitución de Javier Ortega Smith primero como vocal del Comité Ejecutivo Nacional de Vox, y después como miembro del partido, ha generado una tensión notable en la tercera fuerza política con más votos en España. Principalmente, porque representa un divorcio brusco entre Santiago Abascal y el amigo que lo acompañó desde los inicios en la creación del partido. Ortega Smith ocupó el puesto de número dos y fue el apoyo más fuerte y ferviente durante los años en que Vox luchaba por consolidarse. En segundo lugar, porque la dirección de Bambú presionó a algunos integrantes del Comité Ejecutivo para que emitieran un voto favorable a la destitución inmediata de Ortega. Esta presión se ejerció, como en otras ocasiones, apelando a la figura del presidente: «Esto te lo pide Santiago Abascal».

Dos fuentes del Comité Ejecutivo Nacional confirmaron a EL MUNDO que el 22 de diciembre de 2025, minutos antes de la destitución del que fue secretario general y mano derecha de Abascal, los colaboradores cercanos al presidente de Vox contactaron con ciertos miembros del Comité. Tanto la secretaria general adjunta del partido, Montserrat Lluis, como el vicepresidente, Ignacio Garriga, se comunicaron con dirigentes de la cúpula y utilizaron una frase recurrente para situaciones de urgencia o especial importancia: «Esto no te lo pido yo. Te lo está pidiendo Santiago Abascal como un favor».

Uno de esos interlocutores lo contó ahora, bajo condición de anonimato para evitar represalias similares a las que sufrieron sus excompañeros: «Me llamó Montse y me solicitó que apoyara el cese de Ortega Smith. Yo pregunté: ¿pero han hablado con él?».

La respuesta de Lluis, registrada y comunicada a otro dirigente, fue esta: «Se intentó hablar con él, pero es imposible, y al final su intención es ser el presidente y desplazar a Santiago». En la cúpula de Bambú existía un temor real a que Ortega intentara arrebatarle el liderazgo a Abascal. No tanto que tuviera éxito, sino que provocara una fractura interna significativa. Cabe destacar que Ortega fue quien reclutó a la mayoría de los cuadros medios e intermedios del partido. «Muchos le deben fidelidad», admite un dirigente actual de Vox.

«Él creó Vox. Fue él quien se movilizó para reunir fondos y pagar el sueldo de Abascal. Fue también quien convenció a los cargos. Considera que los que le han desplazado son aquellos provenientes del PP, como los Ariza. Se siente engañado. Actualmente las decisiones no se basan en criterios políticos, sino en criterios económicos impulsados por quienes dominan ahora el partido», señalan fuentes próximas a Javier Ortega Smith.

Por eso, ante el argumento de Montserrat Lluis sobre el intento de Ortega de sacar a Abascal, una de las charlas telefónicas del 22 de diciembre continuó así: «¡Eso no es posible!». En ese instante, el asistente de Garriga puso fin a la conversación recordando que se trataba de un «favor» político y personal solicitado por el presidente del partido.

Este medio reveló ayer en exclusiva los mensajes del Comité Ejecutivo Nacional en los que Abascal y Garriga consiguieron expulsar a Ortega de la cúpula en apenas 13 minutos. El proceso ocurrió vía WhatsApp tras un informe de seis páginas firmado por Garriga, que la mayoría de los 19 dirigentes del partido —todos excepto Ortega— no tuvo tiempo de leer antes de votar por su destitución. Abascal argumentó la decisión con la «pérdida completa de confianza política y personal». Enviado el mensaje a las 19:08, a las 19:21 ya se logró la mayoría de dos tercios necesaria para expulsarlo del comité: 14 votos, 12 de ellos emitidos en menos de dos minutos. Un ritmo mucho más rápido al que se tarda en leer los cinco correos adjuntos al informe de Garriga contra Ortega.

«Órgano decorativo»

Posteriormente, Ortega fue apartado de la portavocía municipal en Madrid antes de ser expulsado definitivamente por negarse a renunciar a ese cargo. El 3 de febrero, EL MUNDO publicó una carta en la que el ex número dos de Vox se defendía de las acusaciones: «Cualquier opinión es severamente reprimida y castigada», alertó. Señaló que «la difamación personal y la calumnia en redes sociales se han convertido en herramientas para destruir la reputación» de los considerados «incomodos». Sobre la votación rápida para su cese, dijo: «No me sorprendió, porque hace tiempo que el Comité Ejecutivo Nacional dejó de ser un órgano de debate y reflexión para convertirse en un órgano meramente decorativo que solo ratifica decisiones tomadas previamente por otros».

La cadena de mensajes del Comité Ejecutivo que apartó a Ortega de la dirección del partido de extrema derecha refuerza esta hipótesis. A las 19:07, Garriga propuso el «cese» alegando un «daño a Vox». Un minuto después, Abascal apoyó la propuesta y sugirió «su sustitución por Julia Calvet, portavoz nacional de Juventud». La votación fue unánime salvo por Ortega, que fue el último en votar y lo hizo «en contra», destacando su postura en negrita. Los votos favorables fueron emitidos en cuestión de segundos.

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