Los especialistas advierten que no se trata únicamente de un asunto sexual: también puede representar la primera manifestación de enfermedades cardiovasculares, metabólicas o renales
En 1995 se calculaba que más de 152 millones de hombres en todo el planeta padecían disfunción eréctil, y las proyecciones para 2025 indicaban un aumento hasta los 322 millones de afectados.
Aunque podría parecer que esta es una comparativa reciente, en realidad se basa en datos de 1999 que no se han actualizado hasta ahora. Por ello, el año pasado se publicó un estudio en la revista International Journal of Impotence Research donde los especialistas solicitan nuevos análisis epidemiológicos para determinar la “verdadera magnitud del problema”.
Varios estudios demuestran que la disfunción eréctil no debe considerarse únicamente como un problema sexual, ya que está relacionada con enfermedades cardiovasculares, diabetes, ictus y patologías renales crónicas.
En 1997, cuando Allan Hennings inauguró su primera clínica para tratar estas afecciones, la literatura científica sobre el tema era escasa. Fue en Guadalajara, México, y posteriormente, en 2004, llegó a España (donde actualmente cuenta con 23 clínicas). Este es el grupo Boston Medical, antes Boston Medical Group, un centro médico internacional que ofrece tratamientos para las disfunciones sexuales masculinas. “En ese entonces, existía un vacío médico en este campo. Había tratamientos, pero poca familiarización. Fue sorprendente el auge que tuvimos al abrir, dado que éramos el único grupo especializado”, explica Hennings a El Confidencial.
Además de la disfunción eréctil, el grupo se ocupa de la eyaculación precoz y la falta de deseo sexual. Aunque ahora existe más competencia, el CEO sostiene que continúan siendo el grupo “más grande” y que, a lo largo de su trayectoria, han atendido a más de un millón y medio de pacientes. “La actitud de los hombres que acuden ha cambiado, ya que al principio sentían más vergüenza, pero aunque persiste, ahora están más dispuestos y abiertos a consultar estos temas con el médico”, reconoce.
Como ejemplo, comenta que en sus clínicas existen salas de espera privadas y áreas comunes. Antes, estas últimas solían estar vacías; sin embargo, ahora es habitual encontrar pacientes esperando en los sofás “con un aspecto muy relajado”.
Motivos de consulta
El doctor José Benítez, director médico del grupo, señala que los motivos por los que se consulta permanecen inalterados desde hace años. “Lo que ha variado es la manera de tratar al paciente. Han surgido nuevos medicamentos y métodos de aplicación, como las terapias con ondas de choque o la regeneración con plasma rico en plaquetas. Los mejores resultados se logran con terapias combinadas. Cuando estas opciones se agotan sin mejora, se recurre a la cirugía”, explica.
Reconoce que el entorno digital ha favorecido un abordaje “menos tabú” de estos problemas médicos, facilitando la comprensión de que es una condición tratable. No obstante, advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial: “El exceso de información, sin una correcta interpretación, conduce a cometer errores en los protocolos. Muchos pacientes siguen bien las indicaciones, pero otros tienen tanta información que intentan anticiparse al criterio médico y a las causas reales. Lo crucial es acompañarlos hasta el final y no simplemente entregar datos, como hace la IA. Nosotros realizamos seguimientos periódicos para evitar la frustración que surge cuando no hay un control adecuado”.
Inseguridad y miedo a fallar
Sobre la edad de los hombres que solicitan consulta, el doctor afirma que desde la pandemia ha crecido el número de pacientes entre 55 y 75 años. “En cuanto a los jóvenes, es importante destacar que optan por pastillas que muchas veces se obtienen sin receta y sin control clínico a lo largo del tiempo, y el efecto es que retrasan la visita médica”, describe.
El especialista comenta que la afectación psicológica suele estar ligada a las causas orgánicas de la disfunción: “Es casi imposible separarlas”. Es decir, muchos hombres afrontan las relaciones sexuales con temor a fallar, inseguridad y preocupación por su rendimiento. “Devolvemos la vida sexual al paciente, aunque hay que aclarar que no se puede hablar de curación, porque la mayoría de las causas subyacentes son crónicas y pueden recaer”, aclara Benítez.
Destaca que otro factor relevante es que las disfunciones sexuales pueden ser indicios iniciales de problemas más serios. “Son señales de que algo ocurre en la circulación, y esas personas podrían sufrir un ictus o infarto de miocardio en uno o dos años. Por eso es fundamental tratar al paciente en su totalidad y solicitar análisis y otros estudios”, añade.
En este grupo empresarial, el 90 % de los pacientes reciben tratamientos de 12 meses, con una adherencia superior al 80 %. Sin embargo, algunos comentarios en Internet mencionan “engaño y estafa”. Hennings responde: “Prestamos mucha atención a las reseñas. En muchos ámbitos de la vida, especialmente en este, no es fácil dejar una opinión positiva porque nadie quiere que su nombre aparezca en Google. Cuando identificamos a esos pacientes, los invitamos a acercarse para resolver su insatisfacción. Nuestro objetivo es mejorar su vida sexual”.
En cuanto a los precios, un tratamiento de hasta 12 meses puede oscilar entre 1.500 y 5.000 euros, sin incluir cirugías. En la consulta inicial, que cuesta 100 euros, se realizan pruebas y el diagnóstico. “Según la patología, se diseña un plan de tratamiento personalizado dentro de esos rangos”, indican.
Finalmente, el fundador explica que las clínicas nunca están ubicadas a pie de calle por discreción. “Somos una entidad que realiza mucha publicidad porque en este tema el boca a boca no funciona. Si tienes este problema, no lo comentas; pero la realidad es que hay que abordarlo como un tema de salud más”, concluye.

