Si Almaraz sigue en funcionamiento unos años más, Iberdrola, Endesa y Naturgy serán quienes continúen su explotación. En caso de cierre y si el área se cubre con paneles solares, ellas también serán las principales beneficiarias de esta transición energética.

La silueta de las torres de refrigeración de la Central Nuclear de Almaraz es un símbolo inconfundible en el norte de Cáceres, y su presencia ha condicionado el desarrollo económico y social de la comarca durante más de cuarenta años. Para algunos representa progreso, estabilidad y empleo. Para otros, es un recordatorio de que se mantiene una tecnología que genera residuos radiactivos y que tiene una fecha límite de operación. Según el acuerdo firmado en 2020 entre el Gobierno y las empresas propietarias, el cierre de Almaraz debe comenzar el próximo año. Posteriormente, se llevará a cabo un desmantelamiento escalonado y se prevé que todas las plantas nucleares españolas cierren para 2035. Frente a este horizonte próximo, Extremadura ha transformado su paisaje, y las llanuras de la provincia ahora están cubiertas por miles de paneles solares que marcan el inicio de una nueva etapa energética.
Ante el vacío que dejará la energía nuclear, las renovables han emergido como la principal apuesta para el futuro, constituyendo una alternativa casi ideal. En esta transición inevitable, los principales operadores eléctricos del país no han querido quedarse rezagados: los tres grandes propietarios de Almaraz —Iberdrola (52,7%), Endesa (36%) y Naturgy (11,3%)— también lideran gran parte del desarrollo renovable en la región. Es decir, la producción energética en Extremadura cambia de nombre, pero permanece en las mismas manos. No obstante, las tres compañías solicitaron en octubre de 2025 una prórroga para el calendario de cierre de la central nuclear.
“Actualmente, Iberdrola es propietaria del 90% de las instalaciones fotovoltaicas en la provincia de Cáceres, y Endesa en la de Badajoz”, señala a Infobae Chema González, coordinador de Energía de Adenex (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura), y puntualiza que esta distribución se debe a que históricamente las áreas se dividieron así. Además, destaca que en Extremadura existen “grandes instalaciones fotovoltaicas, algunas del tamaño equivalente a medio reactor de la central nuclear de Almaraz”, añadiendo que “se repite el mismo modelo empresarial”, lo cual representa un problema ya que actúan únicamente desde una perspectiva económica: «Han actuado en cualquier territorio donde les resultaba rentable, por ser más barato o debido a la proximidad de sus conexiones existentes”.
Se espera que el Consejo de Seguridad Nuclear emita un informe técnico sobre la extensión de la vida útil de Almaraz en verano de 2026. Aunque el cierre escalonado es, en teoría, una decisión estatal, en la práctica el debate continúa abierto, afectando a cientos de familias y residentes.
Intereses energéticos, políticos y empresariales
Patricia Rubio, ingeniera de la central y portavoz de la plataforma Sí a Almaraz, Sí al Futuro, defiende la importancia estratégica de la planta, pues “produce de forma constante y estable aproximadamente el 7% de toda la electricidad consumida en España”. En una entrevista con Infobae, Rubio aclara que la energía generada tiene una generación síncrona y libre de emisiones, lo cual es relevante porque, en su opinión, “funciona como un escudo ante apagones y evita la emisión de CO2 a la atmósfera”. Además, señala que “Almaraz dinamiza la vida en los pueblos, sostiene servicios, estimula la economía local y crea oportunidades reales, no solo para las generaciones presentes, sino también para las futuras”.
Según un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) de octubre de 2025, los municipios próximos a la central se caracterizan por presentar altos niveles de renta media, tanto por persona como por hogar, superando la media regional de Extremadura, que es de 11.303 euros por habitante. Almaraz y otras localidades circundantes encabezan esta lista.

Por su parte, Chema González señala que “hasta ahora no ha habido cambios en la política energética estatal” y que “el calendario de cierre se mantiene vigente” a pesar de las incertidumbres. Además, el coordinador de Adenex recuerda que “se estableció una legislación específica para implementar esta política, la cual fue ratificada posteriormente por Europa”. Sin embargo, también advierte sobre el trasfondo político de la cuestión: “Evidentemente, existe una oposición con intención de destituir al Gobierno actual. El PP ha manifestado que apoyará todas las propuestas de las eléctricas, incluyendo la extensión del calendario de cierre”.
La clave, según González, no reside únicamente en la ideología, sino en los plazos empresariales. “En 2020 se definieron los períodos de autorización para la operación de las centrales nucleares; a Almaraz, en lugar de otorgarle los diez años habituales, se le concedieron siete u ocho”, detalla el coordinador. En septiembre del año anterior, Iberdrola presentó su último plan estratégico, en el que ya contemplaba el fin de la central, aceptando en el documento el “cierre nuclear según el protocolo firmado”.
De acuerdo con el análisis de González, para entonces la empresa energética tenía clara su estrategia: “Sus socios, Endesa y Naturgy, prácticamente no disponían de renovables en ese momento, y esta es la dirección del futuro energético, algo que las multinacionales conocen perfectamente”. En última instancia, la hipótesis de González apunta a un reajuste interno de posicionamientos más que a una confrontación tecnológica. “Las compañías han ido situándose en el mercado que viene, basado en las energías renovables. Iberdrola ya era líder mundial en energía eólica, por lo que las nucleares en España no representaban una prioridad para la empresa”, concluye.
“El modelo que Iberdrola y Endesa rechazan”
Sin embargo, más allá del debate sobre energía, la estructura empresarial apenas sufrirá modificaciones, aunque sí tendrá impacto en el empleo. El coordinador de Energía de Adenex explica que “una planta de este tipo [macroinstalaciones fotovoltaicas] ofrece empleo a unas 50-100 personas durante aproximadamente un año, tras lo cual quedan cuatro encargadas del mantenimiento. En cambio, las plantas pequeñas y de autoconsumo sí reciben mantenimiento por parte de pymes locales, lo que permite que el empleo permanezca en el territorio”.
El modelo que propone es diametralmente opuesto: “Las renovables deben integrarse en la industria existente en Extremadura. Todos los polígonos industriales del área deberían contar con una planta fotovoltaica anexa para electrificar su producción. Además, en cada municipio debería haber al menos una comunidad energética local instalada en los tejados, beneficiando no solo a hogares, sino también a negocios, bares, escuelas y centros de salud”.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este miércoles en el Congreso su intención de acelerar la expansión de la energía renovable en el país mediante un decreto ley orientado a mitigar las consecuencias económicas del conflicto en Irán (Congreso)
Este enfoque, no obstante, implicaría una redistribución del poder económico. “Ese es el modelo que Iberdrola y Endesa rechazan, pues perciben que pierden el control del negocio. De repente, el poder pasa al consumidor, quien decide cuánto consume y cómo”, señala el texto. [Para profundizar en este tema, Infobae contactó con las compañías energéticas para conocer su postura. Endesa y Naturgy no respondieron. Iberdrola respondió pero no facilitó respuestas a las preguntas formuladas].
Así, considerando todas las perspectivas y datos actuales, prevalece una constante: el dominio de las grandes eléctricas. Si Almaraz permanece operativa algunos años más, serán Iberdrola, Endesa y Naturgy quienes continúen gestionándola. Si cierra y la zona se cubre con placas solares, ellas seguirán siendo, en gran medida, las que capitalicen la transición.
Incertidumbre social y desafíos para el suministro energético
En el otro extremo del debate, Patricia Rubio advierte sobre los riesgos de acelerar el cierre. “España no ha cumplido los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que vinculaba la clausura escalonada de la nuclear con una suficiente expansión de renovables y el desarrollo de almacenamiento e infraestructura para garantizar un suministro estable”, explica, precisando que, a su juicio, ahora España no puede “prescindir de Almaraz”, ya que implicaría asumir riesgos innecesarios, como la falta de suministro eléctrico o la posibilidad de un nuevo apagón.
La incertidumbre no es solo técnica, sino también social. “Desde la central, vivimos la situación del cierre con incertidumbre, porque tendría un impacto muy significativo no solo para las 4.000 familias que dependen directa o indirectamente del empleo y podrían verse obligadas a emigrar, sino para todo el entorno, sus servicios, la economía y el desarrollo que la planta impulsa en la comarca”, afirma la ingeniera.
En esta misma línea, el presidente de la plataforma Sí a Almaraz, Fernando Sánchez, añade: “Cerrar Almaraz no es solamente clausurar una instalación industrial, sino que implica alterar profundamente el equilibrio socioeconómico de toda la región”. Recuerda que la central “representa más del 5% del PIB de Extremadura”.

Debate sobre el modelo de implantación de la fotovoltaica en Extremadura
Más allá de la energía nuclear, Extremadura se ha convertido hoy en una potencia en energía fotovoltaica, y la instalación de megaproyectos solares ha modificado el paisaje de Cáceres y Badajoz. Entre los proyectos más relevantes destaca la planta Francisco Pizarro, propiedad de Iberdrola, considerada una de las mayores de Europa. A su lado, instalaciones como Arañuelo III o Ceclavín fortalecen la presencia de la empresa en la provincia cacereña. Naturgy ha puesto en marcha varias plantas solares en los últimos años, mientras que Endesa, a través de Enel Green Power, opera complejos como la fotovoltaica Augusto en Badajoz.
Esto es precisamente lo que cuestiona Chema González. No critica la energía solar en sí misma, sino el modelo de desarrollo que se está aplicando en Extremadura. Explica que “este modelo centralizado es incompatible con las renovables, que en esencia promueven estructuras descentralizadas”. “Deberían colocarse donde sean necesarias, no ocupar grandes extensiones para luego transportar la energía”, añade el coordinador, señalando que las empresas buscan “centralizar toda la energía en grandes plantas para después distribuirla desde allí”.
El diagnóstico es crítico. “El problema radica en que los gobiernos han priorizado a estas dos multinacionales porque Almaraz estaba por cerrar, y han bloqueado que pymes y empresas instaladoras locales participen en proyectos de autoconsumo en la región. En resumen, han arruinado a estas pequeñas empresas”, concluye González.
“La transición energética no es una elección entre blanco o negro”
Desde la perspectiva de las plataformas pronucleares, no existe una pelea entre nuclear y renovables. “La energía nuclear y las renovables no solo pueden coexistir, sino que deben complementarse”, afirma Fernando Sánchez. Añade: “La transición energética no consiste en elegir entre blanco o negro; se trata de combinar tecnologías para asegurar suministro, mantener precios competitivos y lograr la descarbonización. En ese equilibrio, la nuclear es un aliado estratégico”.
En esta línea, Patricia Rubio también subraya la conveniencia de la combinación tecnológica, explicando que “en Extremadura somos una verdadera potencia energética. La nuclear y las renovables conviven en el territorio y se complementan de manera natural dentro del sistema eléctrico”.

