Ejercicios recomendados y contraindicados para la lumbalgia a los 50 años según expertos

Cuando se habla de lumbalgia, la edad tiene su papel. Sin embargo, no es tan decisiva como solemos pensar. Lo fundamental para manejar el dolor radica más en el nivel de actividad física que en el número de años acumulados.

Foto: (istock) EC EXCLUSIVO

Aunque la lumbalgia es una dolencia frecuente en la población adulta, existen aspectos importantes sobre el dolor de espalda que requieren aclaración. En particular, los hábitos y ejercicios que facilitan la aparición del dolor, los que lo mantienen e incluso los que lo agudizan. Es común recomendar el reposo ante un episodio de lumbalgia, pero tal consejo, pese a su buena intención, puede retrasar o empeorar la recuperación.

Antes de abordar el tema en profundidad, es relevante contemplar la definición de lumbalgia que aporta el doctor Francisco Kovacs, director médico de la Unidad de Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa y líder de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE). Él la resume así: “la lumbalgia es un dolor localizado en la zona lumbar, entre el final de las costillas y el borde inferior de las nalgas. Puede acompañarse de dolor irradiado a las piernas y otros síntomas neurológicos, como pérdida de sensibilidad, hormigueos o debilidad en algún músculo”.

Aunque la mayoría de los síntomas son similares, el doctor distingue tres tipos de lumbalgia según su origen. Primero, “la lumbalgia provocada por enfermedades sistémicas, donde el dolor lumbar no está causado por las estructuras locales. Esto ocurre en ciertos tipos de cáncer, enfermedades metabólicas o infecciosas. En segundo lugar”, continúa el especialista, “está el dolor mecánico o estructural, presente en casos concretos como hernias discales o estenosis espinal, donde una alteración estructural causa irritación o compresión nerviosa y genera dolor.”

Finalmente, “la lumbalgia más común se denomina inespecífica, causada principalmente por un funcionamiento deficiente de la musculatura y tejidos blandos que sostienen la columna. Esta es la causa en más del 90 % de los casos atendidos en consultas clínicas habituales”, añade el doctor.

La edad influye, pero no determina

Esta dolencia, descrita con precisión por el especialista, es especialmente frecuente entre personas de 50 a 65 años. De hecho, su prevalencia aumenta progresivamente desde los 15 años hasta su pico en torno a los cincuenta. Sin embargo, según el doctor, la edad no es un factor decisivo para la aparición de la lumbalgia: “Aunque pudiera suponerse que envejecer desencadena el dolor, el dolor de espalda no es necesariamente inevitable ni un rasgo propio de la edad”.

A partir de los 50, ¿quién no sufre lumbalgia?

Aunque la llegada a los 50 años no cause directamente la lumbalgia, lo cierto es que la incidencia de casos crece a partir de esa etapa de la vida. Comprender esto requiere analizar varias razones: “Por un lado, el desgaste de las estructuras vertebrales aumenta conforme se usan. Sin embargo, contrario a creencias anteriores, este desgaste no provoca dolor inevitablemente. Su efecto principal es que la musculatura debe trabajar más para que la espalda cumpla su función. Si la musculatura fuera adecuada, este desgaste afectaría mínimamente”.

En resumen, este deterioro ligado a la edad explica mayor frecuencia de lumbalgia en estas edades, aunque no significa que sea ineludible. “Esto resalta la necesidad de dar mayor importancia al ejercicio físico con el paso del tiempo”, subraya el doctor.

Otra razón detrás del dolor lumbar en personas mayores de 50 es que “la posibilidad de padecer otras enfermedades o condiciones no relacionadas directamente con la espalda aumenta con la edad. Estas limitan la capacidad de actividad física, lo que reduce el desarrollo muscular que previene la lumbalgia”, aclara Kovacs.

Enfocarse en lo que sí se puede modificar

Por lo tanto, sin minimizar el papel de la edad, el doctor enfatiza la carencia de ejercicio y el déficit muscular, poco fuerte y coordinado, que resulta de la inactividad. “Si una persona mantiene la musculatura adecuada, incluso con muchos años, puede evitar el dolor. De hecho, un joven con mala función muscular y hábitos inadecuados también puede sufrir dolor de espalda,” afirma el especialista, quien recomienda una postura pragmática: “debemos cambiar lo que es posible, es decir, nuestros hábitos, y apostar por prácticas que nos ayuden a envejecer con salud y sin dolor lumbar.”

El error principal que favorece el dolor

Tan importante como realizar las acciones correctas, es evitar las equivocadas. En este sentido, “la carencia de actividad física es el mayor error, que conduce a una musculatura insuficiente en fuerza, resistencia y coordinación.” El músculo juega un papel crucial en la columna para sostener la carga, proporcionar estabilidad, mantener el equilibrio y permitir el movimiento. “El músculo necesita un buen riego sanguíneo, fuerza suficiente para cumplir su función y resistencia para mantener el esfuerzo temporalmente. Todo esto se logra mediante ejercicio regular, por eso es esencial”, concluye el doctor.

Por el contrario, “el reposo en cama como tratamiento no solo se ha demostrado ineficaz, sino que resulta perjudicial. Tras apenas 48 horas de reposo se comienza a perder tono y coordinación muscular. También disminuye el riego sanguíneo. Cuanto más se mantiene el reposo, mayores son las consecuencias negativas,” advierte el especialista.

A veces, es mejor no acudir al médico

Independientemente de si se siguen las recomendaciones preventivas del experto, el dolor lumbar suele presentarse con frecuencia. Por eso, la cuestión radica en identificar cuándo es oportuno consultar al médico y cuándo no es necesario. Según explica el doctor, “es crucial tratar el dolor en el momento adecuado, pero también es igualmente relevante no medicalizar situaciones que no lo requieren.”

En el ámbito de la espalda, se ha demostrado que realizar pruebas innecesarias perjudica al paciente. De hecho, —explica el especialista— solicitar una resonancia magnética sin indicación suficiente aumenta en un 800 % las probabilidades de una cirugía innecesaria. Por ello, “lo ideal es acudir al médico solo cuando sea indispensable, y evitarlo cuando no lo sea”.

La duración del dolor, clave para actuar

Para el doctor, en casos de “episodios de dolor conocidos, diagnosticados y con causa clara”, no es imprescindible consultar al médico. Añade que tampoco es necesario cuando el dolor es tolerable y puede manejarse con medidas simples que no requieren receta médica, especialmente si dura menos de 14 días y mejora con esos cuidados.

“La duración —destaca— es fundamental porque cuando el dolor se extiende más allá de tres meses, aumenta la probabilidad de cronificación. Si se mantiene unos 14 días, se alcanza un punto en el que el riesgo de que se prolongue hasta 90 días crece. Por lo tanto, si el dolor persiste más de dos semanas, vale la pena acudir al médico para minimizar la posibilidad de cronificación.”

Además, “es urgente consultar si hay pérdida rápida de fuerza en las piernas o incapacidad para caminar, pérdida del control de esfínteres, aparición súbita de impotencia en el hombre o pérdida de sensibilidad en área genital o perianal,” señala. “Cualquiera de estos síntomas puede indicar la presencia del síndrome de la cola de caballo, una condición que debe tratarse rápidamente, ya que si se aborda dentro de las primeras 48 horas, se reduce la probabilidad de secuelas, especialmente en el control de esfínteres.”

No dejar de moverse

La consulta médica se acompaña de pautas orientadas a la recuperación, enfocadas en la actividad física. Sobre los ejercicios, el doctor parte del principio de que “cualquier actividad es mejor que ninguna”. Sin embargo, destaca que “es fundamental evitar aquellos movimientos que provoquen o intensifiquen el dolor.”

Además, considerando que casi todos los tipos de ejercicio son beneficiosos, “es muy importante atender a las preferencias del paciente. Por ejemplo, si alguien disfruta bailar pero no desea practicar halterofilia, lo conveniente es que baile para mantener la constancia”, indica.

En cuanto a la espalda específicamente, “los objetivos principales son fortalecer la musculatura abdominal y paravertebral, incrementar su fuerza, resistencia y coordinación, y también trabajar los glúteos, la elasticidad de los isquiotibiales y la fuerza de los cuádriceps”, resume el doctor.

El reposo no debe formar parte del tratamiento

Por otro lado, el doctor recuerda que el proceso de recuperación debe incluir “ejercicios adaptados a cada paciente para que resulten cómodos y motivadores, facilitando así su continuidad en el tiempo”, dado que la clave es la constancia y la regularidad del movimiento.

Incluso, Kovacs afirma que “el reposo solo tiene sentido cuando se integra en un programa de entrenamiento para permitir la recuperación muscular tras un esfuerzo. Aparte de esto, —insiste— lo mejor es mantener el músculo activo en la mayor medida posible, ya que el reposo reduce el riego sanguíneo, provoca pérdida de coordinación, tonicidad y masa muscular, y dificulta la recuperación. Por eso, se debe reposar solo cuando la actividad previa lo aconseje, pero no como terapia.”

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