Factores detrás de la inflación mínima en Uruguay en siete décadas y sus retos específicos

Una mujer compra verduras en un mercado en uruguay.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 24 abril 2026
  • Tiempo de lectura: 6 min

Mientras realiza sus compras habituales en un supermercado de Montevideo, Alicia Gereda señala que desde hace un tiempo los precios se han vuelto previsibles.

«Sé que no me voy a topar con sorpresas», comenta esta docente de 58 años. «Si mantengo las mismas compras diarias, sé exactamente cuánto gastaré».

El cambio al que alude es histórico: durante marzo, Uruguay registró una inflación interanual del 2,94% según cifras oficiales, el nivel más bajo en 70 años.

Este descenso fue impulsado principalmente por una reducción en los precios de frutas y verduras el mes pasado.

No obstante, otros elementos también han motivado que el sector privado ajuste a la baja sus previsiones de aumento de precios futuros, alineándose con las metas de la autoridad monetaria de Uruguay, pese a un contexto internacional incierto y el incremento en el costo del petróleo.

«Lo más relevante de lo conseguido no es solo la caída de la inflación, sino la reducción en las expectativas inflacionarias: eso es realmente significativo», afirma el presidente del Banco Central, Guillermo Tolosa, en diálogo con BBC Mundo.

Este fenómeno puede beneficiar a personas como Gereda, cuyo poder adquisitivo se encuentra protegido, así como a empresas que acceden a créditos a tasas menores para expandirse o contratar personal.

Sin embargo, la inflación en Uruguay ha caído incluso por debajo del mínimo previsto oficialmente, lo cual también presenta desafíos poco comunes.

«Un ingrediente esencial»

Uruguay, al igual que otros países latinoamericanos, posee una larga trayectoria de inflación elevada: promedio del 29,4% desde 1938, según el portal Trading Economics.

En 1990, el índice de precios al consumidor alcanzó un 129% y, aunque luego descendió a una cifra de un solo dígito, se registraron picos puntuales: en 2002 superó el 25% durante una crisis bancaria, y en 2022 sobrepasó el 8%, rebasando el rango meta establecido por las autoridades.

Con esas experiencias previas, hasta hace poco, analistas, mercados y empresas solían anticipar que la inflación en Uruguay excedería las proyecciones del Banco Central.

Guillermo Tolosa en la sede del Banco Central de Uruguay

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Tolosa asumió la presidencia del Banco Central en marzo de 2025 con la intención firme de introducir cambios, como economista independiente, exfuncionario del Fondo Monetario Internacional (FMI) y designado por el gobierno de izquierda de Yamandú Orsi.

«Por primera vez, el Banco Central puede operar con independencia, con un presidente no afiliado políticamente y sin interferencias públicas ni privadas en sus decisiones», asegura.

«La experiencia internacional pasada y presente», añade, «demuestra que esta es una condición clave para obtener buenos resultados».

Su primer paso fue establecer como objetivo que la inflación converja hacia una meta anual del 4,5%. Poco después, el Banco Central elevó la tasa de interés con ese fin.

Por supuesto, Uruguay cuenta con otras condiciones cruciales para que ese objetivo sea creíble, tales como un superávit comercial elevado para una economía emergente, reservas del Banco Central en niveles récord y la prima de riesgo soberana más baja de América Latina.

Billetes de dólares y pesos uruguayos

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Tamara Schandy, economista asociada a la consultora uruguaya Exante, indica que la convergencia de la inflación con la meta se logró gracias a «una política monetaria más restrictiva y un cambio en el enfoque comunicativo del Banco Central respecto al compromiso con el objetivo».

Además, fue decisivo «el debilitamiento del dólar, lo cual provocó que el tipo de cambio en Uruguay también descendiera notablemente, contribuyendo a la reducción de la inflación», explica Schandy a BBC Mundo.

Posteriormente, ocurrió un hecho inesperado: a fines de 2025, la inflación descendió a 3,65%, por debajo de la meta del Banco Central, que para corregir este desvío recortó en enero 100 puntos básicos su tasa de política monetaria hasta 6,5%, e inició una fase expansiva.

A inicios de marzo, esta fue disminuida otros 75 puntos básicos.

Sin embargo, la inflación permaneció por debajo de lo esperado: en marzo perforó el límite inferior de tolerancia del 3% establecido por el Banco Central, marcando su nivel más bajo desde agosto de 1956, lo que generó ciertas inquietudes.

«La contracara»

Aunque pueda resultar inusual, una inflación menor a la prevista puede acarrear complicaciones.

«Si la inflación sorprende hacia abajo, eso puede ser percibido como una noticia positiva para el poder adquisitivo de los hogares, con un salario real que crece más de lo anticipado», detalla Schandy.

«Pero la contrapartida es un aumento inesperado en los costos salariales para las empresas y un crecimiento económico débil», añade. «Esto conlleva un riesgo en el empleo».

Personas frente a un puesto de carnes y quesos en Uruguay.

Fuente de la imagen, Bloomberg via Getty Images

La expansión económica uruguaya durante el año pasado fue apenas del 1,8%, y varios sectores afrontaron dificultades para competir internacionalmente debido a la fortaleza del peso.

Este contexto, si se mantiene, podría también derivar en costos fiscales para el gobierno.

Tolosa señala que «el desafío radica en la sorpresa: no que la inflación sea baja, sino que haya resultado más baja de lo esperado,» lo que «genera complicaciones para quienes tomaron decisiones con base en una inflación estimada del 4,5%».

No obstante, el Banco Central ha descartado por ahora modificar su meta inflacionaria o la tasa de política monetaria, ante indicios de mejora en la actividad económica y posibles presiones inflacionarias derivadas del aumento del precio del petróleo por el conflicto en Oriente Medio.

De hecho, expertos como Schandy prevén que la inflación en Uruguay podría aumentar casi dos puntos porcentuales en los próximos meses y que las expectativas en general permanecen ancladas en la meta del 4,5%, en línea con las previsiones del FMI para este año y 2027.

«Se asumía que el futuro sería igual al pasado: que la inflación se mantendría alta», apunta Tolosa. «Ahora, por primera vez, reconocen que bajó y se mantendrá baja».

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