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- Autor, Dalia Ventura
- Título del autor, BBC News Mundo
- 23 abril 2026
- Tiempo de lectura: 9 min
¿Recuerdas aquellos relatos que comenzaban con: "Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, en un reino lejano…"? Este es uno de esos relatos, aunque no se trata de un cuento..
Ocurrió hace aproximadamente mil años, en un lugar remoto llamado Japón, un territorio aislado incluso para sus vecinos, ya que, en el año 894, decidió cerrarse al mundo exterior.
En esa época, las civilizaciones alrededor del mundo compartían productos, difundían ideas y creencias novedosas. Japón había participado activamente en ese intercambio durante dos siglos, especialmente con China, pero ese año optó por cortar todo vínculo con el exterior.
La isla se replegó interiormente por varios siglos, desarrollando una cultura propia.
Dentro de esa aislamiento existía otra burbuja: la corte de Kioto en el período Heian (794 a 1185), donde cada detalle de la existencia se perfeccionaba constantemente en busca de un placer más refinado.
"Una peculiaridad marcada de la cultura japonesa medieval era su intensa estetización, que elevaba la belleza a una forma de culto, abarcando todos los aspectos diarios, no solo objetos como espejos o palillos, sino también la vida misma", comentó a la BBC el novelista y especialista en cultura japonesa Ian Buruma.
Como en toda sociedad aristocrática, la corte de Kioto contaba con un elevado nivel de ritualismo, "y posiblemente la aristocracia del período Heian superaba a cualquier otra cultura, pasada o futura".
"Las personas se comunicaban mediante poesía y organizaban concursos de aromas de incienso; dominaban toda clase de actividades estéticas, incluyendo las relaciones amorosas entre hombres y mujeres".
Y esas mujeres desempeñaron un papel cultural fundamental.
Aunque el chino clásico seguía siendo mayormente dominio masculino, empleado para el gobierno, las mujeres de la corte fueron las primeras en utilizar un sistema silábico para escribir en japonés, conocido como hiragana o, en su época, como 'onnade', que significa 'mano de mujer'.
Al utilizar el idioma vernáculo y cotidiano, las mujeres lograron expresarse con gran elocuencia y produjeron diarios literarios y obras que fascinaron a las generaciones posteriores de japoneses.

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Gracias a ellas se cuenta con detalles precisos sobre la vida dentro de la cerrada corte de Heian.
Una de esas cortesanas escribió una obra emblemática: Genji Monogatari (que suele traducirse como "El romance de Genji"), compuesta a comienzos del siglo XI y que narra las aventuras de un príncipe llamado Hikaru Genji o Genji el Resplandeciente.
«Desde la infancia, Genji deslumbraba a quienes lo veían por su belleza excepcional.
»Se temía que con la adultez esa hermosura se marchitara. Pero ocurrió lo contrario. Su apariencia era más atractiva que nunca.
»Al hablar de sus encantos y logros, quizás parezca que tengo un sesgo hacia él.
»Sin embargo, era el consenso general que no existía arte ni pasatiempo en los que no demostrara habilidad sobresaliente.»
La mujer que dio vida al príncipe
El nombre verdadero de la autora de "El romance de Genji" permanece desconocido, ya que en aquella corte japonesa hace mil años no era apropiado dirigirse a las personas por su nombre, y el de las hijas raramente se registraba.
Por eso, ha pasado a la historia bajo el nombre de Murasaki Shikibu.
Se sabe que nació cerca del año 973 en la capital imperial, Kioto, dentro de una familia culta y aristocrática, aunque de rango secundario.
Al ser mujer, no recibió educación formal, más bien aprendió escuchando desde la distancia.
Su hermano se preparaba para una carrera en el servicio de la corte imperial, lo que implicaba estudiar clásicos chinos de historia y literatura, textos budistas y obras japonesas.
Una técnica común de aprendizaje era leer en voz alta, y su hermana, curiosa e inteligente, prestaba atención con interés, según relata el historiador cultural Christopher Harding en el programa radial The Essay de la BBC.
Murasaki relató que, al notar cuánto conocimiento había adquirido, su padre se lamentó de que ella no fuera varón.

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Aunque adquirió mucho más conocimiento del habitual para una mujer de su tiempo, probablemente Murasaki nunca habría comenzado a escribir si no hubiera fallecido prematuramente su esposo antes de que ella cumpliera 30 años.
Recordó más tarde que el temor a que su existencia se redujera a soledad y monotonía la invadió.
"Pasaba los días con apatía, observando las flores, los pájaros, sus cantos, los cambios del cielo según la estación, la Luna, la escarcha y la nieve, apenas haciendo más que marcar el transcurso del tiempo", escribió en su diario.
"La idea de una soledad perpetua me era insoportable".
Fue entonces cuando comenzó a escribir sobre la vida y los amores del apuesto, cortés, generoso y refinado Genji, labor que continuó durante una década.
Se cree que, al compartir los primeros capítulos con amigos para sus opiniones y luego circulando en la corte, su trabajo captó el interés de la alta sociedad.
De cualquier modo, entre 1005 y 1006, Murasaki fue convocada para servir como dama de compañía de la joven emperatriz Fujiwara no Shōshi o Akiko (nombre imperial).
Este nombramiento le permitió desplegar todo su talento al situarla en un lugar privilegiado para observar de cerca la vida íntima de la realeza y la aristocracia, convirtiéndola en una cronista de gran valor.
En una sociedad caracterizada por un nivel casi inalcanzable de sofisticación —en su poesía, ocio, vestimenta y conducta—, Murasaki fue una de esas observadoras capaces de capturar con detalle los defectos personales y fallas sociales de sus contemporáneos.
Leer sus descripciones sobre la vida en la corte imperial, "sorprende por su sofisticación" y a la vez genera familiaridad, "gracias a la humanidad que refleja", comenta Harding, autor de "The Japanese: A History in Twenty Lives" (‘Los japoneses: una historia en veinte vidas’).
Sobre sí misma, hacia el cierre de su diario, Murasaki escribió:
«Cada individuo es distinto. Algunos son seguros, abiertos y directos. Otros, pesimistas, incapaces de encontrar diversión en nada.
»Yo vacilo ante acciones que debería realizar libremente, solo por sentir la mirada inquisitiva de los sirvientes.
»Y aún más en la corte, donde deseo expresar muchas cosas que nadie entendería.
»Así que lo que los demás perciben de mí es solo una fachada.»
El príncipe concebido por la dama

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"El romance de Genji" comienza contando una historia profundamente melancólica.
"En cierto reino, había una dama de rango modesto a quien el Emperador amaba más que a ninguna otra.
"Las damas de la más alta nobleza, que siempre habían creído tener derecho exclusivo a sus cargos elevados, la consideraban una arribista arrogante, y las de rango inferior le profesaban aún mayor resentimiento".
A pesar del amor del emperador, la constante hostilidad de las otras mujeres disponibles para el regente enfermó a la dama hasta causarle la muerte, aunque antes dio a luz al radiante Genji.
Lo que sigue en la trama es un relato donde el protagonista busca el amor y la felicidad, disfruta de popularidad en la corte y de diversas aventuras amorosas, experimenta el poder, lo pierde y lo recupera, para finalmente morir antes del cierre de la saga.
La obra tiene una estructura episódica, al estilo de novelas folletinescas, abarca casi un siglo, incluye más de 400 personajes y consta de 54 libros o capítulos.
Escrita hace más de mil años y con una extensión mayor a mil páginas, es uno de esos clásicos que muchos conocen pero pocos han leído.
No significa, sin embargo, que no esté presente o siga vigente en Japón.
Aunque Murasaki dominaba el chino, la lengua culta similar al latín en Europa, escribió en japonés y en prosa, un género menospreciado en ese entonces, ya que la ficción no gozaba de admiración.
Sin embargo, la obra monumental es magistral y, entretejidos en el texto, hay 795 waka -poemas de 31 sílabas- que los personajes se intercambian, lo que dificultaba ignorar la obra.

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Solo algunas décadas después de su escritura ya se la consideraba un clásico en Japón.
En Occidente, su autora es venerada al nivel de Homero y William Shakespeare.
Numerosos estudios académicos, antiguos y actuales, sobre Genji continúan publicándose, junto con traducciones al japonés contemporáneo.
Su fama ha inspirado pinturas, películas, obras teatrales, danza, musicales y óperas, además de servir de base para novelas modernas y hasta cómics manga.
Un viaje de mil años
Genji tardó un milenio en alcanzar Occidente, pero apenas unos días en fascinar: la primera traducción del británico Arthur Waley, publicada en 1925, cautivó de inmediato a la novelista Virginia Woolf, quien lo expresó en un ensayo del mismo año para la revista Vogue.
Le sorprendió el contraste entre lo que se escribía en Inglaterra en esa época y las delicadas expresiones de Murasaki:
«Ha llegado el verano; / ¡canta fuerte, cuco!» (poema medieval inglés);
»Entre las hojas crecían flores blancas, con pétalos semidesplegados, como labios que sonríen ante sus propios pensamientos» (Genji).
Woolf encontró muchos otros elementos encantadores en la obra japonesa, admirándola profundamente.
Sin embargo, consideraba que Murasaki no alcanzaba el nivel de Tolstói, Cervantes ni otros grandes narradores occidentales.
Para Woolf, "faltaba cierto componente de horror, de terror, de sordidez", y que "lo grosero era imposible y lo vulgar impensable", lo que restaba intensidad y complejidad.
Quizá su opinión habría cambiado tras leer la obra completa: cuando escribió su ensayo solo había finalizado el primer volumen de los seis de la traducción de Waley.
En esos volúmenes, "se escondía una trama de venganza digna de Balzac", señaló el ensayista Louis Menand en The New Yorker.
Con el tiempo, quienes leyeron toda la obra comenzaron a comprender cómo trastocaba sus esquemas culturales.
Por largo tiempo se creyó que la novela, como género, había surgido en el siglo XVIII, para reflejar la modernidad.
En ella se narraba la vida cotidiana en lenguaje corriente, con un foco en la psicología individual y las interacciones sociales.
Genji, aunque escrita en una sociedad feudal, religiosa y con estrictas jerarquías, cumple con esos y otros criterios.
Pese a estar ambientada en una corte imperial, describe la vida diaria en lengua vernácula.
Sus temas incluyen los tradicionales de la novela: matrimonio, traición, venganza y una competencia social intensa y complejamente disfrazada por el estatus.
"Como cualquier novela del siglo XIX, también examina una estructura social. Es un libro que podrían haber escrito Jane Austen o Henry James", comenta el experto.
Así, esa obra maestra japonesa se volvió universal y suele ser reconocida como la primera novela de la historia, así como la primera novela psicológica en el mundo.

