Las claves
PP y Vox respaldan la «prioridad nacional» dentro del Congreso, mientras que el PSOE les señala por racismo y xenofobia debido a su acuerdo en Extremadura.
Pedro Sánchez reprocha al PP y destaca que sus aliados independentistas ya implementan políticas de prioridad nacional en sus respectivas áreas.
Voceros de Bildu y Junts defienden abiertamente sus programas nacionalistas, mientras la polémica eleva la tensión en la sesión parlamentaria.
El presidente Sánchez acusa a Feijóo de adoptar el discurso nacionalista centralista, en tanto el PP presenta dificultades para justificar su enfoque sobre la inmigración.
Pedro Sánchez irrumpió en el Parlamento, se apoyó en el escaño de Patxi como quien pide una cerveza en la Casa del Pueblo y entablaron una conversación. Probablemente, en tono cifrado. Llegó con la esperanza reflejada en su semblante, pues era la primera sesión del curso en la que sentía una ligera brisa que lo impulsaba.
Era el susurro de la «prioridad nacional». Esa misma que sus socios vienen aplicando desde hace años en los Ayuntamientos y Comunidades donde gobiernan. Con una maniobra más ágil que la de Ábalos, el presidente logró revestirla de un tinte «progresista».
La dificultad radica en que Feijóo no es Sánchez. Y no sabe disimular. Bastaba observar la bancada del Partido Popular para notar la perplejidad desde lejos. Conversaciones entre murmullos, en busca de una justificación que durante toda la sesión de control no llegó.
Ninguno de los diputados del PP que tomó la palabra fue capaz de esclarecer por qué la «prioridad nacional» es ahora, a su parecer, positiva para España. Ni siquiera Cayetana, quien escribe sus discursos y domina la elaboración de argumentos. Silencio absoluto.
Cada miembro sorteó las críticas coordinadas del PSOE –»xenófobos, racistas»– como pudo. Material no falta: la corrupción, la sumisión a China, el mutismo sobre Maduro…
Pero Sánchez había detectado la debilidad y aguardaba a Feijóo: calificó el pacto de Extremadura como «un golpe a la Constitución» y «una violación del principio de igualdad entre españoles».
Primero se fijó la atención en Cayetana, imperturbable, que hace poco recorrió España proclamando que los españoles «libres e iguales», españoles –tanto inmigrantes como no– deben tener idénticos derechos en cualquier punto del país, sin importar idioma o procedencia.
Luego se observó a Miriam Nogueras –la representante de Puigdemont– y a Mertxe Aizpurua –ex columnista del Egin en épocas turbulentas– quienes exhibían su propia prioridad nacional sin tapujos, conscientes de que el Gobierno les ha otorgado un estatus de grandes progresistas del mundo.
Entre una cosa y otra, parecía que, como si Franco resucitara, se celebrara el Día de la Raza.
Aizpurua afirmó que «estos son tiempos cruciales para los vascos y las vascas». Nada para los españoles. Nogueras expresó que los catalanes «trabajan y crean riqueza», a diferencia del resto de españoles, que considera «perezosos»; y que «España invita, pero son los catalanes quienes pagan y sufren».
El debate de hoy recordaba a Arzalluz, invitando a discutir si se prefiere a alguien negro que hable euskera o a un vasco que no lo domine.
Sánchez accedió a la Moncloa tras múltiples concesiones, principalmente cediendo la prioridad nacional a los socios independentistas. Lo que no se esperaba –probablemente tampoco los diputados populares que esta mañana no pudieron justificar su nueva política migratoria– es que Feijóo contemplara adquirirla mediante un sistema de prioridad nacional, pero de nacionalismo centralista.
Sánchez, Bolaños y el resto del equipo calificaban al PP de «racistas» y «xenófobos», sabiendo que la potente maquinaria propagandística de Moncloa les ofrecerá ventaja: quienes señalarán el racismo del pacto PP-Vox superarán en número a quienes critiquen ese defecto entre los socios que sostienen al Ejecutivo.
El presidente se dirigió a Nogueras cuestionando su problema con la inmigración, aunque sin la firmeza que usó contra Feijóo. No obstante, después delimitó la naturaleza de su proyecto político y afirmó, con total naturalidad, que hará de Cataluña y España… ¡»países mejores»!
¿A qué país pertenecemos? Quizá con la traducción simultánea logremos ubicarnos.
¡Excuse me! What’s the way to Spain?

