Importancia de preparar la piel en primavera debido al incremento de exposición solar

Dermatitis, manchas o rojeces son algunas de las reacciones que se intensifican en primavera. Reducir, estos y otros efectos es posible siguiendo los consejos de los expertos

Foto: Madrid Río. (Jesús Hellín / Europa Press)

El aumento de las horas de luz solar suele ser motivo de alegría para la mayoría de las personas. Los días se prolongan y se percibe cómo el ánimo y el optimismo se contagian. Todo esto ocurre con la llegada de la primavera y, en especial, tras el cambio de hora, cuando notamos claramente el alargamiento de los días.

Sin embargo, este impulso de positividad va acompañado de otros aspectos relacionados con la exposición solar que, aunque no suponen un riesgo grave, deben tenerse en cuenta para prevenir complicaciones. Uno de estos aspectos es el cuidado de la piel, con la intención de protegerla de daños solares inmediatos y también en las semanas siguientes.

Según explica el doctor Alejandro Martín Gorgojo, dermatólogo del Grupo español de dermatología estética y terapéutica (GEDET) y de la Clínica CDI: “Durante la primavera, el cuerpo cambia de una vasoconstricción propia del invierno a una vasodilatación por el incremento de temperatura. Además, la piel comienza a estar expuesta a un exposoma –el conjunto de todas las exposiciones ambientales– que puede ser más agresivo, como los rayos ultravioleta, el polen o la contaminación. Preparar la piel reforzando nuestra barrera cutánea, protegiéndola del sol y fomentando el consumo de antioxidantes ayuda a disminuir el riesgo de daño solar (y manchas solares).” Por lo tanto, “es importante estar preparados,” concluye el especialista.

También es relevante considerar que “aunque en verano la radiación solar, y por ende el índice de radiación ultravioleta (IUV), es más alta, debemos tener presente que el 80 % del sol que recibimos durante el año corresponde a épocas fuera del verano,” advierte Martín. Añade además: “En primavera, la radiación ultravioleta A (UVA) es mayor. A diferencia de la ultravioleta B (UVB), que incrementa en verano y es la principal causante de quemaduras solares, la UVA mantiene niveles elevados y constantes, penetrando en capas más profundas de la dermis, donde puede degradar el colágeno y dañar el ADN.”

Efectos a corto, medio y largo plazo

Esta exposición ambiental va acompañada de diversas reacciones cutáneas características de esta estación, entre las que el dermatólogo destaca:

  • Aumento de rojeces: provocado por la vasodilatación debido al calor.
  • Brotes de acné y rosácea: el calor puede activar las glándulas sebáceas y sudoríparas.
  • Dermatitis/eczema y mayor sensibilidad cutánea: consecuencia del contacto con alérgenos ambientales y contaminantes.
  • Estimulación de melanocitos: aparición o intensificación de manchas (como las de melasma) antes de que se produzca el primer bronceado.

Además de los efectos inmediatos, a medio plazo pueden surgir “daños solares (lentigos solares y pérdida de calidad y elasticidad en la piel), mientras que a largo plazo, el incremento del daño solar podría elevar el riesgo de desarrollo de diferentes tipos de cáncer cutáneo (considerado el efecto más grave)”, resume el doctor.

Recomendaciones para proteger la piel desde ahora

Para minimizar los riesgos mencionados, el doctor aconseja implementar una serie de medidas básicas y altamente efectivas. Entre ellas, si tuviera que destacar una, insistiría en mantener hábitos de vida saludables (práctica de ejercicio físico, alimentación equilibrada, actitud positiva, interacción social saludable) y protección solar”:

  • Evitar quemaduras solares (limitando la exposición al sol durante las horas centrales del día, usando protección física adecuada —sombreros, gafas de sol, ropa— y fotoprotección tópica de amplio espectro): esta acción es clave para prevenir daños solares y problemas derivados.
  • Alimentación sana: una dieta saludable, preferentemente mediterránea, es beneficiosa para la salud cutánea.
  • Ejercicio físico: favorece la vascularización, mejora la resistencia del tejido conjuntivo y, junto con el músculo, optimiza la función de la piel.
  • Limpieza suave: para eliminar impurezas y alérgenos sin afectar la microbiota cutánea.
  • Antioxidantes (como la vitamina C aplicada con prudencia en cosméticos): ayudan a neutralizar radicales libres generados por la luz solar y la contaminación.
  • Finalmente, puede considerarse el uso de renovadores cutáneos como el retinol, retinaldehído o alfahidroxiácidos, que, usados con precaución (siempre bajo asesoramiento adecuado y de forma gradual para evitar sensibilización al sol), pueden contribuir a mejorar la calidad de la piel y a disminuir el fotodaño acumulado.

Rutina diaria para el cuidado de la piel

Si concretamos más, y aunque “por desgracia no existe una rutina válida para todos,” para personas sin problemas cutáneos, alergias o hipersensibilidades (que, en caso contrario, deberían consultar con un especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología), se puede seguir este esquema facial:

Mañana:

  • Limpieza con un producto suave (preferiblemente tipo syndet).
  • Sérum antioxidante (como vitamina C).
  • Protector solar con FPS50+ (con textura adecuada según el tipo de piel).

Noche:

  • Limpieza suave.
  • Aplicación de crema con moléculas renovadoras cutáneas al menos 2-3 veces por semana (retinol, retinaldehído o alfahidroxiácidos, según la tolerancia).
  • Hidratación adaptada a las necesidades.
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