En Burgos, un castillo inaccesible ofrece una de las panorámicas más espectaculares de España, con acceso exclusivo mediante escalones esculpidos en la roca.

Una fortaleza situada sobre la roca atesora siglos de historia y una ubicación estratégica difícil de superar. Su acceso y posición privilegiada la transforman en un lugar tan majestuoso como cautivador

Foto: Un castillo inexpugnable con una de las vistas más impresionantes de España está en Burgos. (Diputación de Burgos)
  • Desde la Casa Botines hasta la catedral: la calle más famosa de León, que se originó en la Hispania romana
  • El Parador que volverá a abrir en 2026 completamente renovado: 3,5 millones de euros para restaurar este conjunto monumental formado por monasterio y palacio

En la provincia de Burgos, sobre una peña que domina un paisaje particular, se levantan las ruinas de una fortaleza que durante siglos fue fundamental para la defensa del territorio y la protección de una de sus principales riquezas. Su perfil, erguido sobre la roca y vinculado a un acceso tan escarpado como singular, convierte este lugar en uno que atrae a quienes buscan castillos, miradores históricos y sitios con una fuerte impronta medieval.

Se trata del Castillo de los Rojas, en Poza de la Sal, una de las fortalezas más impresionantes e inaccesibles de la provincia. Su relevancia no fue fortuita: la vigilancia del paso de La Bureba al Páramo y la protección de las salinas, esenciales para la economía local, convirtieron este punto en un enclave estratégico. La fortaleza se erigió en el punto más alto del Roquero, con una entrada al patio de armas custodiada por dos cubos y fortalecida mediante un foso y una cerca. Además, en su base, los Rojas construyeron un alcázar que mostraba el poder de su señorío, del cual aún se conservan dos cuerpos y una torre cuadrada.

Una fortaleza vinculada a la historia de Poza de la Sal

El origen de este enclave defensivo se remonta a un primer castillo que, probablemente, estuvo situado en la zona conocida como el Castellar, desde donde se dominaba el anfiteatro salino. En torno a dicha posición se estableció la población, que posteriormente descendió, entre los siglos XI y XII, hasta el emplazamiento actual. A mediados del siglo X, Poza de la Sal ya figuraba como uno de los cinco alfoces documentados en La Bureba, y pronto fortificó todo su perímetro. Con el tiempo, el castillo cambió de dueño e incluso pasó a formar parte del reino de Navarra en 1035 según el testamento de Sancho el Mayor. Sin embargo, fueron los Rojas quienes consolidaron tanto el castillo como las murallas, tras la entrega de Poza a Juan Rodríguez de Rojas por Fernando IV en 1298.

La fortaleza también se relacionó con acontecimientos relevantes de la historia peninsular. En 1528 sirvió como prisión para los embajadores de la Liga Clementina bajo orden del emperador Carlos V. Ya en el siglo XVIII, tanto el alcázar como el castillo estaban en ruinas, aunque la ubicación privilegiada del conjunto le devolvió protagonismo en 1808, al inicio de la Guerra de la Independencia, cuando los franceses lo restauraron parcialmente para alojarse allí y aprovechar la amplia vista sobre la región. Posteriormente, mantuvo funciones de vigilancia durante las guerras carlistas. Más recientemente, la intervención de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León en 2006 permitió su restauración y valorización. En la actualidad, las ruinas del castillo de Poza de la Sal están abiertas al público y con acceso libre, un factor que aumenta el atractivo histórico de este enclave en Burgos.

  • Desde la Casa Botines hasta la catedral: la calle más famosa de León, que se originó en la Hispania romana
  • El Parador que volverá a abrir en 2026 completamente renovado: 3,5 millones de euros para restaurar este conjunto monumental formado por monasterio y palacio

En la provincia de Burgos, sobre una peña que domina un paisaje particular, se levantan las ruinas de una fortaleza que durante siglos fue fundamental para la defensa del territorio y la protección de una de sus principales riquezas. Su perfil, erguido sobre la roca y vinculado a un acceso tan escarpado como singular, convierte este lugar en uno que atrae a quienes buscan castillos, miradores históricos y sitios con una fuerte impronta medieval.

Scroll al inicio