Un pacto que transforma a Vox y marca un cambio significativo para la derecha política

Extremadura inicia una etapa favorable para el PP y obliga a Bambú a revisar su estrategia

Alberto Núñez Feijóo, en su escaño mira a Santiago Abascal.

Una solución se ha alcanzado en Extremadura. Comienza un nuevo ciclo para PP y Vox. El pacto para investir a María Guardiola redefine el equilibrio de fuerzas derechistas y establece un modelo que influirá no solo en Aragón y Castilla y León, sino también a nivel nacional. La idea del sorpasso de Vox queda descartada, dando paso a una etapa con roles clarificados: Alberto Núñez Feijóo asume el liderazgo, mientras que Santiago Abascal acepta su posición secundaria.

La trascendencia de este acuerdo —que pronto tendrán seguimientos en otros dos territorios— es evidente. Para Vox, partido que ha dejado atrás su imagen de fuerza marginal y antipolítica frente al bipartidismo, supone un cambio inevitable. Asume un papel regulado y limitado como socio menor en la oposición conjunta a Pedro Sánchez.

De ser un actor solitario —Vox— ahora actúan en bloque —PP y Vox— frente al gobierno.

Con solo un mes antes de las elecciones en Andalucía, y la mayoría de Juanma Moreno bajo amenaza, Abascal vira su postura y acuerda con el partido al que antes acusaba de «prácticas de contrabandistas de ría». Finalmente, los votos pesan más que los discursos y estrategias. Este fue el mensaje que emitieron las urnas en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Según el dicho taurino, «los valientes mandan, y los artistas acompañan», y las elecciones ratificaron que a los populares les corresponde gobernar y a Vox, colaborar. Esto se traduce en desbloquear las investiduras autonómicas y, lo más crucial, garantizar la gobernabilidad de cada legislatura, con intención y compromiso de durar cuatro años.

Los presupuestos resultan esenciales en esta aparente domesticación de Vox. La explicación es clara: a finales de 2025, Guardiola convocó elecciones porque su socio no aceptaba los presupuestos. Ahora Vox se compromete a respaldar cuatro ejercicios presupuestarios regionales consecutivos: 2026, 2027, 2028 y 2029, tal como solicitaron Feijóo y sus negociadores, Miguel Tellado y Marta Varela.

Estos dos últimos salen fortalecidos. Asumieron la responsabilidad principal en las negociaciones, mientras que Feijóo resolvió las dudas planteadas por los populares extremeños. La decisión final correspondió al equipo de Guardiola. Según informan las fuentes, la distribución de cargos no se debatió hasta la tarde del jueves, lo que indica que la baronesa contó con plena autonomía para configurar su Ejecutivo, sin interferencia directa desde Génova.

Tras superar el impacto de la caída de su principal aliado, Víktor Orban, y en medio de una crisis interna marcada por la purga de críticos, Abascal se reubica y redefine su rumbo: Vox deja de ser una formación contestataria al sistema desde la periferia para convertirse en un actor funcional que participa de él y promete estabilidad. Queda por ver si cumple, pero de no hacerlo, incumpliría su compromiso. La responsabilidad ahora es exclusiva e intransferible.

Con su promesa de proporcionalidad, el pacto presenta dos aspectos políticos fundamentales. El primero, y más relevante, es la vinculación de Vox a la estabilidad presupuestaria, lo que implica una renuncia: Abascal cede su capacidad de vetar los presupuestos anuales, perdiendo así poder de presión y chantaje. El texto establece claramente: «PP y Vox se comprometen a elaborar y aprobar unos presupuestos anuales que permitan cumplir en tiempo y forma las medidas del acuerdo y otras que se adopten».

El segundo aspecto clave es la convivencia pautada y obligatoria. Vox se compromete a un «pleno respeto a la jerarquía» y a garantizar «la estabilidad en Extremadura durante toda la legislatura». Guardiola limita firmemente a su vicepresidente, Óscar Fernández, ya que ambas formaciones aseguran que resolverán sus diferencias «con proporcionalidad y normalidad», manteniendo la «vocación» de «cuatro años de progreso». Cuatro años es la meta.

El PP tenía previsto anunciar el pacto el viernes para no eclipsar el informe de la UCO sobre Francina Armengol, pero Vox estaba impaciente por cerrar este capítulo. Puede presumir porque su cuota de cargos es mayor que en 2023, y en lo programático mantiene un perfil útil, introduciendo varias iniciativas con influencia extremista.

Estratégicamente, el acuerdo representa un avance significativo hacia la unión de la derecha. Sin embargo, como siempre, los detalles son cruciales. Por ejemplo, la «prioridad nacional» para españoles en las ayudas sociales y acceso a la vivienda pública, que exige «un arraigo real y prolongado», con empadronamiento mínimo de 10 años para compra y cinco para alquiler. Asimismo, se asegura una mejora en la sanidad «para los españoles», dejando fuera a los demás.

Si este enfoque identitario deriva en medidas xenófobas, sólo el tiempo lo mostrará. Actualmente, es preciso analizar el movimiento sísmico que implica este pacto para la derecha española. La inquietud del líder extremeño de Vox fue anoche clara señal del desafío que implica este paso para la formación de extrema derecha. Especialmente porque Vox sabe que el PP está muy satisfecho y cómodo con lo acordado. En Génova comentan: «La parte programática es totalmente defendible y asumible para el PP», y valoran su papel principal: «Estamos muy complacidos de haber contribuido a desbloquear una situación que, hace dos meses, apuntaba a nuevas elecciones y que ahora se ha concretado en un acuerdo de Gobierno para cuatro años».

Efectivamente, hace dos meses Bambú desconfiaba de Guardiola, incluso la calificó como «la Irene Montero de Extremadura». Fue el giro estratégico de Feijóo el que recondujo la relación entre PP y Vox, no solo en Extremadura. El líder opositor presentó un «documento marco» que definió los límites de las negociaciones, predisponiendo el pacto y frenando la oposición de Abascal, al dejarlo sin argumentos contrarios. Lo denominaron abrazo del oso, pero resultó ser una inmovilización del tipo anaconda.

Según el equipo de Feijóo, «lo más relevante es que Vox cambiará. Va a hacer oposición a Sánchez, no a nosotros. Queremos que los acuerdos fortalezcan la unidad de la derecha contra Sánchez, para lo cual Vox debía suavizar su postura respecto a Génova».

El análisis interno del PP es claro y sin ambigüedades: «Una vez que entran en los gobiernos, ya no pueden acusarnos de ser una estafa. Si fuéramos una estafa, ellos también lo serían, de la mano nuestra. Tampoco podrán atacar a Moreno». «Esto definirá a la nueva derecha en España», afirman. «Desde dentro, ya no pueden combatir el bipartidismo como desde fuera. Ahora es dos contra uno: todos contra Sánchez».

El tema más delicado será la inmigración. Además de la vicepresidencia, Óscar Fernández gestionará competencias como juventud e infancia, lo que incluye a menores no acompañados que llegan a España. Esta es otra transformación clave de la derecha española: la posición del PP en materia migratoria ya no difiere tanto de la de Vox.

Scroll al inicio