Los ingresos de los hogares españoles siguen creciendo tras la pandemia, impulsados principalmente por los segmentos más bajos que reportan los mayores aumentos según el Banco de España
Cuando los ingresos no se elevan al mismo ritmo que los precios: los españoles pierden hasta 1.200 euros en poder adquisitivo a causa de la inflación.
La recuperación económica posterior a la pandemia comienza a reflejarse en los hogares españoles, aunque con una tendencia más positiva en los salarios bajos que en los elevados. La Encuesta Financiera de las Familias (EFF) 2024 del Banco de España refleja una mejora notable de la renta, sobre todo en los tramos inferiores, mientras que la riqueza avanza de modo más desigual y aún no alcanza los niveles previos a la crisis financiera. En conjunto, los datos muestran una recuperación diferenciada: marcada en la renta y especialmente favorable para los hogares con menores ingresos, pero más limitada en materia de riqueza, que sigue condicionada por factores estructurales como la propiedad inmobiliaria y mantiene elevados niveles de concentración.
La renta anual media alcanzó los 46.300 euros y la mediana los 36.100 euros, ambas en términos reales. En comparación con 2021, la renta media creció un 4,6% y la mediana un 7,8%, confirmando una recuperación más fuerte en la parte baja de la distribución. Otro dato destacado de carácter histórico es que la renta mediana de los hogares superó en 2023, por primera vez, los valores registrados en 2001, que hasta ahora era el máximo de la serie. Este avance consolida la recuperación iniciada tras la pausa de 2019-2021 y continúa la tendencia de crecimiento observada entre 2013 y 2019.
Los hogares con menores ingresos se han visto especialmente beneficiados. El 20% más pobre incrementó su renta mediana un 14,6%, seguido por el segundo quintil, que experimentó un aumento del 9,4%. En los tramos medios, el crecimiento fue más moderado (7,8% entre los percentiles 40 y 60 y 5,2% entre el 60 y el 80), mientras que en la parte alta se observa una estabilización: la decila superior registró una caída del 1,4% en la renta mediana, aunque la media continuó aumentando ligeramente.
Este comportamiento ha contribuido a disminuir la desigualdad. El índice de Gini se redujo hasta 0,41 en 2023, el nivel más bajo en la historia de la encuesta, impulsado por el dinamismo de las rentas en los hogares de ingreso más bajo.
El avance del empleo fortalece las rentas más bajas
Esta dinámica se explica, en gran medida, por la fortaleza del mercado laboral. Entre 2019 y 2023 se crearon 1,42 millones de empleos netos, en un contexto caracterizado por la reducción de la temporalidad y un aumento en la contratación indefinida. Además, la moderación de la inflación, que descendió del 10,7% en 2022 al 2,8% en 2024, ha ayudado a la recuperación del poder adquisitivo. Las políticas públicas también jugaron un papel importante: el estudio señala que el incremento del salario mínimo interprofesional, las transferencias sociales y la ejecución de fondos europeos han apoyado la mejora de los ingresos en los hogares más vulnerables.
No obstante, el crecimiento de la renta no ha sido uniforme. Por edad, los aumentos fueron del 6,2% entre los menores de 35 años, 12,9% en el grupo de 65 a 74 años y 10,7% entre personas mayores de 74 años. Según situación laboral, los jubilados registraron un incremento del 11,2% en la renta mediana, en contraste con el 3,2% de los asalariados y el 1,9% de los autónomos. El avance más significativo se observó entre los hogares con jefe de familia inactivo o desempleado, con un aumento del 17,3%.

El nivel de formación continúa marcando diferencias notables. La renta media es de 30.700 euros en hogares con estudios inferiores a Bachillerato, alcanza los 46.300 euros en el nivel de Bachillerato y supera los 71.600 euros entre quienes poseen formación universitaria. Sin embargo, la mediana disminuye ligeramente en este último grupo, mientras que sube en los niveles educativos más bajos, lo que indica una reducción de la brecha.
La riqueza no alcanza los niveles precrisis
A diferencia de la renta, la evolución de la riqueza presenta mayores desigualdades y refleja una recuperación parcial. En 2024, la riqueza neta mediana se ubicó en 160.800 euros y la media en 344.700 euros, con aumentos del 6% y 3% respectivamente, respecto a 2022. A pesar de esta mejora, la riqueza continúa sin alcanzar los niveles anteriores a la crisis financiera.
La distribución de este crecimiento también difiere. Aunque se detectan incrementos generalizados, la mejora es notablemente fuerte en la parte baja: la riqueza neta mediana del cuartil inferior creció un 44,5%, en parte debido a la reducción o cancelación de deudas. Por el contrario, en la decila superior la mediana bajó un 3,7%, aunque la media ascendió un 1,5%. En términos de concentración, los cambios son escasos. El 10% de los hogares más ricos acumula el 52,9% de la riqueza neta, ligeramente por debajo del 53,6% de 2022, mientras que el 1% concentra el 21,6%, sin alcanzar el máximo del 22,9% registrado en 2020.
También se observan diferencias relevantes en función del régimen de tenencia de la vivienda. Entre los propietarios de su vivienda principal, la riqueza mediana subió un 8,4%, frente al 18,3% entre los no propietarios, aunque estos últimos mantienen niveles muy bajos. No obstante, la estructura patrimonial de los hogares apenas cambia. La vivienda principal sigue siendo el activo principal y representa el 54,2% del total de activos reales. El porcentaje de hogares propietarios disminuyó hasta el 70,6%, mientras que el valor mediano de las viviendas se elevó hasta los 170.000 euros.

