Diplomáticos critican la interpretación de China sobre las declaraciones de Sánchez en relación con el respaldo español a la anexión de Taiwán

Fuentes cercanas a la cita entre Sánchez y Xi desmienten modificaciones en el respaldo a su «política»

Pedro Sánchez y Xi Jinping se saludan en el Gran Palacio del Pueblo.

Al noreste de Taiwán se localiza la urbe costera de Keelung, un territorio de pescadores que estuvo bajo ocupación de la Armada española durante el reinado de Felipe IV. España sostuvo la colonia solo por 16 años, entre 1626 y 1642, hasta ser desalojada por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Cerca de doscientos soldados y misioneros españoles establecieron entonces un poblado, la Santísima Trinidad, con un fuerte y una iglesia ubicados en lo que hoy es un gran astillero frente a Keelung, en Heping, una pequeña isla muy popular entre buceadores y recolectores de algas, cuyo nombre en mandarín significa «paz».

La marca española en Taiwán que perdura hasta hoy es muy limitada: algunos restos del fuerte y vestigios de una iglesia encontrados bajo un aparcamiento, junto a un pequeño cementerio católico con alrededor de veinte tumbas. Sin embargo, existe también una huella política más reciente que provoca tensiones.

Pocas horas tras la reunión del martes en Pekín entre Pedro Sánchez y el líder chino Xi Jinping, la parte china emitió un comunicado atribuyendo al socialista una declaración que podía interpretarse como un giro diplomático de España respecto a Taiwán: «España se adhiere firmemente al principio de una sola China», doctrina que sostiene que existe un solo Estado chino soberano al cual pertenece Taiwán. En este marco, el Gobierno de Xi considera la isla una provincia rebelde y rechaza cualquier reconocimiento internacional como país independiente.

Esa es la fórmula más rígida que utiliza Pekín y sus aliados más cercanos para afirmar sin ambages que Taiwán forma parte de la potencia asiática y que el Ejecutivo chino tiene derecho a reclamar la llamada «reunificación», incluso mediante la fuerza si fuera necesario. Oficialmente, tanto España como la mayoría de países occidentales emplean otro término más ambiguo: la «política de una sola China». Reconocen a la República Popular como gobierno legítimo, pero mantienen vínculos informales con Taipéi, acogiendo en sus capitales una oficina comercial taiwanesa que funciona de facto como embajada.

Si alguno de estos países que hablan de «política» adoptase el «principio», no sería un simple matiz técnico: implicaría un cambio en su postura diplomática. Sin embargo, tres fuentes españolas que conocen la agenda de la reunión de una hora entre Xi y Sánchez, incluyendo una presente en la sala, aseguran que el socialista no mencionó el «principio» en ningún momento, sino que sostuvo siempre el «compromiso de España con la política de una sola China».

Pekín, como ha ocurrido en otras reuniones de Xi con líderes europeos, habría interpretado a su manera las palabras de Sánchez para que favorecieran sus intereses. Esto resulta relevante si se considera que, en los tres encuentros previos en Pekín entre el presidente español y Xi, el comunicado chino sí hacía mención explícita a que España se adhiere a «la política de una sola China».

«Se trata de una diferencia semántica menor que quizás desde España no se valore con la misma intensidad o importancia, pero en China es un asunto crucial que distingue entre sus aliados y otros países con los que puede mantener buenas relaciones, aunque no tan estrechas», explica un diplomático español con amplia experiencia en el gigante asiático. «En China han manipulado las palabras del presidente y no es la primera vez que lo hacen», añade otro diplomático español consultado por este medio.

«Esta diferenciación en términos fue introducida por Estados Unidos cuando reconoció oficialmente en 1979 a la República Popular China como el único gobierno legítimo. Washington optó por una fórmula cuidadosamente ambigua para evitar una postura explícita sobre la soberanía de Taiwán, y más tarde fue adoptada por otras potencias europeas», continúa.

En Taipéi, la capital taiwanesa, al preguntar a funcionarios locales por España, una respuesta común es que se trata del país que más ciudadanos taiwaneses ha deportado a China. Para comprender esta afirmación es necesario remontarse a 2016. En Madrid, la Policía Nacional detuvo a más de 200 personas en una operación contra una macroestafa telefónica.

Desde Taipéi se solicitó al Gobierno español, entonces encabezado por Mariano Rajoy, que los arrestados fueran extraditados a Taiwán y no a China, donde, argumentaban, no contaban con garantías jurídicas adecuadas. Sin embargo, Pekín reclamó la entrega y la Audiencia Nacional no puso objeciones. Posteriormente, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos criticó la decisión española, aludiendo a su compromiso de evitar devoluciones a países con riesgo de tortura o pena de muerte. En los dos años siguientes, más de un centenar de ciudadanos taiwaneses fueron enviados a China, y sus familiares denunciaron la pérdida total de contacto con ellos.

Esa decisión judicial se basó en el reconocimiento de la República Popular China como único sujeto estatal, un enfoque que en la práctica concuerda con el denominado «principio de una sola China», formulación presente en varias etapas de las relaciones diplomáticas de España con el gigante asiático. Desde el momento en que el régimen de Franco estableció relaciones formales en 1973, hasta una declaración conjunta firmada en 2018 por el Gobierno de Rajoy y Pekín para fortalecer la asociación estratégica integral. Esta asociación se inició en noviembre de 2005, con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, siendo él el primero en democracia en ajustar su discurso a la narrativa china sobre Taiwán. «El Gobierno de España reafirma su adhesión al principio de una sola China», indica el documento de 2018.

No obstante, actualmente, alineado con Estados Unidos y los principales aliados europeos, el Ejecutivo de Sánchez insiste en que su postura es clara y está reflejada en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores: «España está comprometida con la política de ‘una sola China’ y por lo tanto no mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Sin embargo, existe cooperación económica y cultural gestionada a través de la Cámara de Comercio de España en Taiwán, único ente de contacto entre las respectivas autoridades».

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