Sergio Ríos, conocido como el ‘Cocinero’ de la ‘Kitchen’: de portero de prostíbulo y chófer de Bárcenas a espía para Villarejo, y actualmente policía

El conductor del ex tesorero del PP, quien durante años fue vigilado bajo las órdenes de Villarejo y a quien la red abonaba «dos mil pavos en bruto», continúa en el cuerpo policial debido a que no se encontró evidencia de que le regalaran el puesto, tal como le prometió el ex comisario.

Sergio Ríos, junto a Luis Bárcenas tras una declaración del ex tesorero del PP en el Supremo.

La épica del periodismo, que nunca cesa (de ella se vive), suele referirse a John Le Carré cuando aborda el irónico y penoso entramado del Caso Kitchen —la supuesta operación estatal para ocultar, desde el Ministerio de Interior de Jorge Fernández-Díaz y Rajoy, la contabilidad B del PP espiando a su tesorero, Luis Bárcenas—, pero la historia de Sergio Ríos, ex chófer del vigilado, y sus absurdos perfiles remiten más bien a la vulgaridad española de un Torrente (la figura del ex comisario Villarejo es un claro reflejo, según quienes lo conocen), o a la inolvidable TIA de Mortadelo y Filemón.

Sin interrupciones, Ríos fue portero del club Flowers, guardia de seguridad de la corrupta Ciudad de la Justicia impulsada por Esperanza Aguirre y chófer del no menos corrupto exvicepresidente madrileño Francisco Granados, antes de ser designado conductor de confianza de Bárcenas, creándose la impresión de que luego fue comprado por 2.000 euros mensuales de fondos reservados para espiar a su jefe, el custodia de las finanzas populares.

¿Quién fue el autor directo de esa orden? Se está aclarando ahora en la Audiencia Nacional, aunque la acusación máxima apunta a Fernández-Díaz, a quien la Fiscalía reclama 15 años de cárcel, y en el banquillo no figura la ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, cuyo nombre aparece en todo el sumario, pero sin que se haya probado una conexión directa.

A Ríos, incluso, le facilitaron una pistola (costó 700 euros en Armería Humberto) para que se sintiera como un Harry El Sucio y le vendieron la idea —según él— de que el espionaje a Bárcenas era legal. No obstante, la familia del ex tesorero comenzó a desconfiar cuando, en quizás el episodio más surrealista del caso, apareció de manera inexplicable en el domicilio familiar junto a un falso sacerdote que, armado, intentó secuestrar a la esposa de Bárcenas para registrar el piso y hallar la contabilidad oculta del partido —aunque esta historia se haya contado repetidas veces, merece una nueva lectura.

Ríos tenía descanso ese día, pero familiares de Bárcenas le encontraron cerca de la vivienda cuando el falso cura —como imaginó Francisco Ibáñez— apareció con la pistola, siendo finalmente reducido y declarado inimputable por estar gravemente trastornado y recluido en un psiquiátrico.

Además, la red le prometió a Sergio Ríos —o mejor dicho, fue Villarejo, con su característico estilo sombrío— que le facilitarían un uniforme y una plaza en la policía nacional para hacerle la vida más cómoda, y eso ocurrió, aunque no se sabe hasta qué punto fue legal.

En 2015, tras varios meses presumiendo en la Academia de Ávila, donde se le consideraba «intocable» por sus lazos con el PP, quedó en el puesto 2.845 de los 2.905 aprobados en esa promoción. Obtuvo la plaza y sigue en ella, aunque suspendido de empleo y sueldo por ser uno de los acusados en Kitchen, nombre que la operación Interior recibió porque pretendía penetrar «hasta la cocina» de Bárcenas. La investigación requisó a Ríos nueve teléfonos móviles y decenas de documentos robados al ex tesorero, y él debía ser el motor principal de la operación, como se descubrió en 2018, cuando surgió el espionaje dentro del PP post Gürtel dentro del conjunto de causas abiertas contra Villarejo, que no solo extorsionaba, sino que lo grababa todo, facilitando así su imputación posterior.

Ríos, conocido en la trama como «Gitano», «K2», o más apropiadamente «Cocinero», se dedicaba tanto a hurgar «en el estudio de pintura de la señora [Rosalía Iglesias, esposa de Bárcenas], en el mueble sospechoso que había en el doble fondo», como a volcar la información de dos móviles del ex tesorero, a cambio de «2.000 pavos al mes en bruto, sin contar gastos» —en total llegó a percibir 48.000 euros—.

Esto con el objetivo de descubrir la contabilidad B del PP, y verificar la procedencia de los 48 millones de euros que Bárcenas ocultaba en una cuenta suiza. Además de interceptar decenas de conversaciones de los Bárcenas, Ríos incluso facilitó a los conspiradores la clave de la alarma de un inmueble donde el ex tesorero guardaba información… aunque cometió un error en el primer número, a punto de causar un grave problema.

¿Y por qué sigue siendo Policía en 2026, como Villarejo le prometió con su «tronco, te voy a hacer poli»? Por su presunción de inocencia y porque, según fuentes del cuerpo citadas por EL MUNDO, se llevó a cabo una investigación interna sobre cómo accedió a la plaza y no se encontró nada irregular. Esto cambiaría si hubiera sentencia firme.

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