Más de 2,8 millones de mujeres dedicadas al hogar enfrentan la jubilación sin haber cotizado: estas son las ayudas, requisitos y cuantías disponibles

Las amas de casa han desempeñado un papel fundamental en el tejido social español. Su labor, invisible y no remunerada, ha sostenido a múltiples generaciones y ha facilitado el crecimiento económico del país. No obstante, ese rol esencial no siempre se refleja en derechos económicos al llegar la jubilación. Muchas mujeres que han dedicado su vida al cuidado del hogar enfrentan la dificultad de no haber cotizado lo necesario para obtener una pensión contributiva.
La cuestión sobre qué pensión corresponde a un ama de casa en España es cada vez más habitual. El perfil ha experimentado cambios en las últimas décadas. La incorporación masiva de la mujer al mercado laboral ha disminuido notablemente el número de amas de casa.
Según la Encuesta de Población Activa, en 2025 existían 2,8 millones de mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, cantidad que contrasta con los 5 millones registrados en 2002. A pesar de esta reducción, la cifra continúa siendo alta y refleja una realidad que afecta a millones de hogares españoles.
El Pleno del Congreso, con los votos de PP, Vox y Junts, derogó este martes el decreto ley conocido como 'escudo social', que incluía la revalorización de pensiones y la prohibición de desalojos y cortes de servicios básicos para personas vulnerables. (Fuente: Europa Press/Congreso)
Un papel que también empieza a evolucionar
El modelo tradicional, donde el hombre trabajaba fuera y la mujer gestionaba el hogar, ha cambiado. Hoy resulta más habitual una distribución más equitativa de las responsabilidades entre ambos miembros de la pareja, especialmente en familias con doble ingreso.
Además, aunque en menor proporción, la cantidad de hombres que realizan las tareas del hogar ha crecido considerablemente en los últimos años.
En este contexto, el principal desafío para muchas amas de casa se presenta al final de su vida laboral. Al no haber contribuido a la Seguridad Social, no generan derecho a una pensión contributiva. Para obtener este tipo de prestación es preciso haber cotizado al menos 15 años, condición que muchas no cumplen. Por ello, un gran número de personas en este grupo queda fuera del sistema contributivo tradicional, según fuentes de BBVA.
La opción alternativa: la pensión no contributiva
En estas situaciones, existe la posibilidad de acceder a la pensión no contributiva por jubilación. Esta prestación está dirigida a quienes no reúnen las cotizaciones necesarias, pero cumplen con ciertos criterios de edad, residencia e ingresos. En 2026, la cuantía completa de esta pensión es de 628,8 euros mensuales distribuidos en 14 pagas.
Para solicitar esta ayuda, se requiere tener al menos 65 años y haber residido en España un mínimo de 10 años desde los 16 años de edad, de los cuales dos deben ser consecutivos e inmediatamente previos a la solicitud. Sin embargo, uno de los requisitos fundamentales es el nivel de ingresos.

El límite de ingresos, factor clave
Para acceder a la pensión no contributiva, los ingresos personales no pueden exceder los 8.803,20 euros anuales. Asimismo, si la persona convive con familiares, se consideran los ingresos totales del hogar. Este aspecto es crucial, ya que puede excluir a muchas personas si sus convivientes tienen ingresos suficientes.
Aunque la cuantía máxima es de 628,8 euros mensuales, no todos los beneficiarios reciben esta cantidad completa. El importe final varía según los ingresos personales y el número de personas que habitualmente residen en el hogar. En cualquier caso, existe una cantidad mínima garantizada que en 2026 ronda los 157 euros mensuales.
Procedimiento para solicitar la pensión
La gestión de estas pensiones depende de las comunidades autónomas, a través de los servicios sociales o del Instituto de Mayores y Servicios Sociales. La solicitud puede llevarse a cabo presencialmente, por correo o en oficinas habilitadas. Se recomienda informarse previamente y revisar cuidadosamente todos los requisitos para evitar errores o posibles denegaciones.
La situación de las amas de casa pone de manifiesto un debate cada vez más relevante: cómo reconocer el trabajo no remunerado. A pesar de su aportación al bienestar familiar y social, muchas mujeres llegan a la vejez con recursos escasos. El desafío para el futuro será encontrar mecanismos que aseguren una protección mayor para este colectivo y valoren su rol en la sociedad.

