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Durante 16 años, Viktor Orbán y su partido Fidesz mantuvieron un dominio casi absoluto en Hungría.
Uno de los pilares de ese poder fue, durante largo tiempo, Péter Magyar, el político que este domingo le propinó a Orbán una derrota histórica en las elecciones parlamentarias y que cuenta con todas las posibilidades para convertirse en el próximo primer ministro húngaro.
Tras años en los que Orbán fue visto como el principal aliado de Vladimir Putin en Bruselas, bloqueando múltiples iniciativas de la Unión Europea contra el presidente ruso y a favor de Ucrania, Magyar se dirigió a sus simpatizantes en Budapest luego de su triunfo y afirmó que los húngaros han votado “sí a Europa”.
Magyar garantizó a la población que Hungría dejará de estar bajo la influencia rusa y que los “títeres” del “régimen de Orbán” serán expulsados de las instituciones.
No obstante, Magyar formó parte en su momento del partido Fidesz, donde llegó a ocupar cargos importantes.
De la cúpula a la disidencia
Nacido en 1981 en Budapest, dentro de una familia de la alta burguesía húngara con vínculos políticos profundos, Magyar parecía destinado a ocupar puestos elevados en el poder.
Su abuelo fue magistrado del Tribunal Constitucional de Hungría y gozó de gran popularidad en el país gracias a un programa televisivo que abordaba casos judiciales.
Su padrino, Férenc Madl, desempeñó el cargo de presidente de Hungría entre 2000 y 2005, también como miembro de Fidesz.
Siguiendo la tradición familiar, Magyar estudió Derecho en una escuela católica de prestigio. Fue allí donde, según contó al corresponsal de la BBC Nick Thorpe, conoció por primera vez a Orbán.
Un joven Magyar quedó impresionado al escuchar a Orbán citar a Churchill, quien afirmó que es común tener ideas de izquierda en la juventud y adoptarlas conservadoras en la madurez.
Pocos años más tarde, se afilió al Fidesz.

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Desde ese momento, Magyar comenzó a ejercer diversas funciones dentro del partido, junto a Judith Varga, con quien contrajo matrimonio y quien llegó a ser ministra de Justicia bajo el gobierno de Orbán.
Tras desempeñar varios cargos en el Parlamento Europeo, en Bruselas, y en distintas agencias estatales, Magyar retornó a Budapest.
En 2024 alcanzó notoriedad y se hizo conocido entre los húngaros tras denunciar públicamente al gobierno de Orbán por otorgar el indulto a un hombre condenado por encubrir abusos sexuales infantiles, un escándalo que terminó provocando la renuncia de Varga, con quien se había separado un año antes y que era una de las figuras más prominentes dentro de Fidesz.
Incluso se llegó a considerar a ella como posible sucesora de Orbán.

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Un conservador harto
Lo que inició como una serie de publicaciones polémicas en Facebook se transformó con rapidez en un movimiento político, bautizado como Tisza (Respeto y Libertad).
En pocos meses, Magyar logró un avance que la oposición húngara fragmentada no había conseguido en años: movilizar un gran número de seguidores.
A pesar de coincidir ideológicamente con el conservadurismo de Fidesz, no dudó en denunciar el control ejercido por el partido sobre las instituciones y la corrupción imperante en el país.
Con un estilo directo y una apariencia joven, Magyar construyó en las redes sociales la imagen de un líder enfrentado a la maquinaria del Fidesz.
Esto atrajo tanto a jóvenes urbanos contrarios al aislamiento que sufría Hungría en Europa, como a habitantes rurales desencantados por la situación económica.
Magyar, cuyo apellido significa “húngaro” en su propio idioma, logró conectar con una gran parte de sus compatriotas.
Las tentativas de los medios afines al gobierno para presentarlo como un político resentido por su ruptura con Varga y excluido del núcleo de poder no lograron detener su popularidad, y el partido que fundó, Tisza, ganó rápidamente seguidores, consolidándose como la principal amenaza para el dominio de Fidesz.
Esta tendencia quedó confirmada cuando en las elecciones europeas de junio de 2024 obtuvo más del 30% de los votos, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país.

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Magyar se apoyó en los mismos valores de patria y tradición que Orbán había dominado, pero denunció la corrupción que cada vez más húngaros perciben. De este modo, su conservadurismo alternativo y europeísta se presentó como una opción real frente al primer ministro y su alianza con el Kremlin.
Sin embargo, las autoridades trataron de frenar su ascendente carrera política.
En junio de 2024, poco después de su éxito en las europeas, se iniciaron diligencias en su contra luego de que arrojara al Danubio el teléfono de un hombre que lo grabó bailando en una discoteca de Budapest.
Magyar criticó que la Fiscalía debería haber actuado con la misma rapidez para investigar la corrupción que mostró en abrir un caso contra él por aquel incidente.
Finalmente, el Parlamento Europeo se negó a retirarle la inmunidad y el asunto quedó sin consecuencias.
La contundente victoria de este domingo confirma que Magyar encontró la fórmula para lograr lo que parecía inalcanzable en Hungría: arrebatarle el poder a Orbán.
En su primer discurso tras la victoria declaró que “los que robaron el país deben afrontar las consecuencias”.
No obstante, algunos críticos cuestionan si un dirigente conservador como él podrá transformar realmente la Hungría que le dejará Orbán, o si sus cambios serán meramente retóricos y superficiales.
Las próximas decisiones en temas como la situación de la población no heterosexual o el voto sobre los paquetes de ayuda europea a Ucrania podrían despejar pronto esas dudas.

