Exteriores no reprueba la detonación del muñeco de Netanyahu tras la denuncia por la agresión al de Sánchez

El muñeco que representa al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quemado en las fiestas de El Burgo (Málaga).

El Gobierno de España se ha abstenido de condenar la quema de un muñeco que simbolizaba a Netanyahu en El Burgo (Málaga), hecho que provocó una protesta oficial por parte del Ejecutivo israelí.

El Ministerio de Exteriores israelí calificó este acto como una expresión de odio antisemita y lo vinculó a la supuesta incitación del Gobierno de Pedro Sánchez.

El PSOE presentó una denuncia ante la Fiscalía por el apaleamiento de un muñeco de Pedro Sánchez en Ferraz, describiéndolo como incitación al odio y amenazas, en marcado contraste con la respuesta al caso del muñeco de Netanyahu.

La quema del muñeco de Netanyahu se inscribe en una tradición local anual en la que se quema una figura que representa al mal, y en esta ocasión llevaba el mensaje ‘No a la guerra, no al genocidio’.

El Gobierno evitó condenar la explosión de un muñeco que representaba al primer ministro Benjamín Netanyahu durante la celebración de la Quema de Judas en El Burgo (Málaga), acto que generó una protesta oficial del Gobierno israelí.

Por el contrario, el PSOE denunció ante la Fiscalía como amenazas, «incitación al odio» e incluso «deseo de magnicidio» el apaleamiento de una figura que representaba a Pedro Sánchez en una manifestación realizada en Ferraz en la Nochevieja de 2023.

El Gobierno israelí informó el sábado que llamó a la encargada de negocios de España (máxima autoridad diplomática tras la retirada de la embajadora en marzo) para expresar su queja por la quema del muñeco de Netanyahu en El Burgo (Málaga).

El Ministerio de Exteriores israelí calificó el suceso como una manifestación de «espantoso odio antisemita«, resultante directamente de la supuesta incitación sistemática del Gobierno de Pedro Sánchez.

El incidente ocurrió el pasado 5 de abril, Domingo de Resurrección, dentro de una tradición que data desde la década de 1940: cada año, en este pueblo malagueño, se quema una figura —que estalla debido a estar rellena de petardos y pólvora— que simboliza el pecado, el mal y la traición.

El muñeco, de siete metros y cargado con 14 kilos de pólvora, representaba este año a Benjamín Netanyahu, identificado con un cartel que decía «genocida«.

La alcaldesa socialista de este municipio de 1,800 habitantes, María Dolores Narváez, aclaró que la intención del pueblo era expresar el mensaje «No a la guerra, no al genocidio«.

El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, emitió un comunicado el sábado rechazando las «acusaciones insidiosas» de antisemitismo, pero no hizo mención ni condenó la quema del muñeco de Netanyahu.

En declaraciones a Efe, Exteriores destaca que España «reconoce y reivindica los profundos lazos históricos y humanos con el pueblo judío», como demuestra la concesión de la nacionalidad a más de 72.000 descendientes de sefardíes, conforme a la normativa aprobada en 2015 por el Gobierno de Rajoy.

Asimismo, afirma que el Gobierno mantiene una relación «constante y fluida» con las comunidades judías en España y ha fortalecido «de manera significativa» las medidas para su seguridad y protección.

Como resultado de este compromiso, Exteriores indica que el Ejecutivo aprobó en 2023 su Plan Nacional de Lucha contra el Antisemitismo y Fomento de la Vida Judía.

No obstante, el ministerio dirigido por Albares evita en su comunicado condenar o criticar la quema del muñeco de Netanyahu en El Burgo (Málaga), acción que el Gobierno israelí califica como antisemita.

Esto contrasta notablemente con la reacción del PSOE y del Gobierno tras la agresión a un muñeco representando a Pedro Sánchez durante una protesta en Ferraz el 31 de diciembre de 2023, convocada por grupos como Revuelta, formados en ese momento por jóvenes simpatizantes de Vox.

El PSOE presentó entonces una querella de 59 páginas ante la Fiscalía, atribuyendo a los manifestantes presuntos delitos de amenazas con agravante ideológica, desórdenes públicos, reunión ilícita, injurias públicas y delitos de odio, entre otros.

En su denuncia, el PSOE afirma que el apaleamiento del muñeco de Sánchez constituía una «incitación a la violencia contra el presidente del Gobierno» y mostraba un «posible deseo de magnicidio«, además de una incitación al odio contra el PSOE y sus seguidores.

Tras esta querella, el Juzgado de Instrucción número 26 de Madrid abrió diligencias, aunque las archivó en febrero de 2024 al no encontrar indicios de delito, valorando que el acto estaba amparado por la libertad de expresión.

A solicitud del PSOE y de la Fiscalía, la Audiencia Provincial de Madrid ordenó reabrir el caso, calificando de «precipitado» el archivo y ordenando a la jueza continuar la investigación sobre un delito de amenazas contra el presidente.

Pedro Sánchez declaró por escrito ante la jueza instructora, calificando lo ocurrido en Ferraz como una «repugnante agresión» y una «llamada directa» a su «muerte».

Lo que inicialmente se presentó como «un acto lúdico y de protesta política» para tomar las uvas de Nochevieja frente a la sede del PSOE, según Sánchez, en realidad escondía «una acción planificada de violencia política e intimidación«.

Describió así la protesta del 31 de diciembre en Ferraz: «No sólo se produjeron graves insultos e insinuaciones homicidas que afectaron incluso a miembros de mi familia, sino que el punto culminante consistió en la exhibición de una figura representativa de mi persona que, colgada en un semáforo, era golpeada, apaleada y despedazada«.

La controversia por la quema del muñeco de Netanyahu en un pueblo malagueño se suma a la larga serie de roces entre los Gobiernos de España e Israel.

El propio Netanyahu acusó el viernes al Gobierno de Pedro Sánchez de llevar a cabo «una guerra diplomática» contra Israel, por cuestionar la ofensiva del Ejército israelí contra terroristas de Hezbolá en Líbano.

«España ha calumniado a nuestros héroes, los soldados de las FDI, el ejército más moral del mundo», afirmó el primer ministro israelí.

«No estoy dispuesto a permitir esta hipocresía ni esta hostilidad«, advirtió, «no ofreceré excusas para que ningún país declare una guerra diplomática sin consecuencias inmediatas».

Como resultado, Netanyahu anunció la expulsión de España del centro de coordinación para la reconstrucción y estabilización de Gaza, ubicado en Kiryat Gat, al sur de Israel.

Este es solo otro capítulo en la escalada de tensión y reproches entre ambos gobiernos.

El Ministro de Exteriores de Israel denunció el 23 de marzo que Irán inscribe mensajes de agradecimiento a Pedro Sánchez en los misiles que lanza contra su población civil.

Esta información fue difundida por la agencia iraní Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

El hábito de grabar mensajes en proyectiles y municiones no es nuevo en el conflicto en Oriente Próximo: el régimen de los ayatolás utiliza esta práctica como un instrumento de propaganda contra Occidente.

Más recientemente, el Gobierno denunció que miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) detuvieron el martes a un suboficial español, integrante del contingente de 700 militares desplegados en Líbano bajo mandato de la ONU, durante un traslado logístico.

En un incidente cuyas circunstancias permanecen sin esclarecer, el soldado fue llevado a un pueblo cercano y liberado una hora después, tras protestas del Gobierno español y de la ONU.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, explicó que el Ejército israelí empleó «violencia física» y «conductas agresivas» contra el casco azul español.

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