Declaraciones integrales del rey Juan Carlos I al recibir el galardón de la Asamblea Nacional de Francia: “Sé que en casa no se es profeta”

El rey emérito ha sido distinguido con el Premio Especial del Jurado de la Journée du Livre Politique por sus memorias, ‘Reconciliación’

El rey Juan Carlos I en Francia junto a la escritora Laurence Debray (Europa Press)

Después de recibir el galardón en la Asamblea Nacional francesa, Juan Carlos I intervino en un acto cargado de simbolismo dentro de la Journée du Livre Politique. Este reconocimiento, concedido por el jurado a su obra autobiográfica Reconciliación, dio pie a un discurso en el que el rey emérito reflexionó sobre su recorrido vital y el contexto histórico que ha rodeado su figura pública.

Frente a un hemiciclo repleto de políticos, académicos e intelectuales, además de sus hijas, las infantas Elena y Cristina, y su nieto, Felipe Froilán, el exjefe de Estado subrayó la relevancia de la historia y la necesidad de preservar la memoria como instrumento para analizar el pasado reciente. La audiencia siguió atentamente cada palabra de su intervención.

Las infantas Elena y Cristian acompañan al rey Juan Carlos I en el reconocimiento que ha hecho Francia a sus memorias (Europa Press)

Seguidamente, se ofrece el texto completo del discurso pronunciado por Juan Carlos I tras recibir el premio:

Señora Presidenta, señora Yaël Braun-Pivet, le agradezco su amable acogida. También quiero expresar mi gratitud, señora Luce Perrot, por invitarme a este evento. Señora Annette Wieviorka, me siento profundamente honrado por sus palabras y le ruego permitirme responderle.

Sé que no es común que un rey escriba sus memorias. Mi padre siempre me desalentó a hacerlo y, probablemente, tenía razón en abstracto. No obstante, la vida no se reduce a conceptos generales. Son los hechos concretos los que determinan gran parte de nuestras actitudes, comportamientos y decisiones.

En mi caso, existen ya miles de páginas dedicadas a mi reinado, a mí persona, a mi carácter, mis vivencias, aciertos y errores e incluso a lo que pienso o dejo de pensar. Esto es natural y comprendo que una persona con una proyección pública tan notable como un rey sea objeto de un escrutinio tan detallado. Sin embargo, he pensado en numerosas ocasiones que a estas miles de páginas les faltaba unas cuantas centenas más, escritas de primera mano, por quien protagonizó esos hechos, quien mejor puede aportar información sobre sí mismo, sobre sus actos y sus motivos. Modestamente, esa persona soy yo.

Ejemplares del libro «Reconciliación», memorias del rey emérito Juan Carlos I de España, en la librería Galignani de París, Francia. 5 de noviembre de 2025. REUTERS/Benoit Tessier

Un individuo consciente de los riesgos que implica escribir y publicar memorias sobre uno mismo y sobre su función como jefe de Estado de una nación europea antigua, que por esa misma condición tiende a ejercer un rigor extremo en casi todo, y más aún con quien ha desempeñado la más alta magistratura por casi cuatro décadas. Sin embargo, los riesgos conllevan oportunidades, y el equilibrio entre ambos es un arte que a veces se acierta y otras se falla. Intentaré explicar por qué, en esta ocasión, creo que no he cometido un error. ¡Al menos eso espero!

En primer lugar, porque la versión original en francés de mis memorias, realizada en dos años junto a la escritora e historiadora competente y rigurosa Laurence Debray, ha sido recibida con gran éxito en Francia y ha recibido además el prestigioso premio que hoy se concede. Me siento especialmente honrado de que, aunque no soy francés, un país tan querido para mí como Francia, donde mi familia tiene profundas raíces, haya acogido con tanto interés y generosidad este libro.

También sé que su versión en español ha sido un notable éxito editorial, lo que demuestra que numerosos españoles desean conocer cómo su rey percibe su vida y reinado, y leer sus reflexiones en primera persona. Pero, sobre todo, porque he podido plasmar en estas páginas, junto a hechos y datos relevantes para la Historia y de los cuales me siento justamente orgulloso, también emociones, sentimientos y esperanzas personales, así como las debilidades y errores humanos que he cometido y de los que no me enorgullezco. Todo ello es parte de mi vida y sentí que debía compartirlo libremente con el público. Esto es lo que he hecho y estoy satisfecho con ello.

No elegí el título de mis memorias al azar: Reconciliación. Considero que es la palabra que mejor resume el mayor logro de mi vida pública: haber impulsado y promovido la reconciliación de España consigo misma tras una larga dictadura y una guerra civil, llevándola a transicionar, de la forma más pacífica posible y en muy pocos años, a una democracia plena y consolidada.

El rey emérito ha sido distinguido con el Premio Especial del Jurado de la Journée du Livre Politique por sus memorias, ‘Reconciliación’

En 1975, heredé junto con la corona todos los poderes que el régimen de la época había concentrado en manos del jefe del Estado, el general Franco, y utilicé esa posición privilegiada para desprenderme de ellos y devolverlos a su legítimo dueño, el pueblo español. La Corona que asumí aspiraba a convertir España en un Estado social y democrático de derecho, dentro de una monarquía parlamentaria en la que la soberanía residiera en el pueblo español. Este cambio, que suponía una ruptura total con el sistema institucional previo, fue consagrado en el artículo primero de la Constitución aprobada en 1978. Una Constitución que ha dotado a España de instituciones democráticas y un marco de libertades y derechos que han impulsado su desarrollo en todos los ámbitos.

Con frecuencia, la historia muestra que figuras excepcionales emergen en momentos igualmente excepcionales. En esta coyuntura extraordinaria, en un periodo de gran inquietud respecto al presente y de incertidumbre ante el futuro, la aspiración a la libertad del pueblo español y la lucidez de una élite política destacada, tanto de izquierda como de derecha, permitieron que España, siguiendo la dirección marcada por la Corona, emprendiera con decisión el proceso conocido como la Transición, que abrió las puertas del país a la libertad y la democracia y lo restituyó a la comunidad internacional en la posición que le correspondía.

Desde niño tuve claro que mi destino coincidía con mi vocación: servir a mi país. Hoy, al mirar atrás, el presente no me abruma, aunque reconozco que a veces puede entristecerme. Soy consciente de que nadie es profeta en su tierra y que siempre existirán opiniones diversas sobre casi todo. Pero, quien siempre tuvo como certeza que la democracia, el respeto a los derechos humanos y el progreso de la sociedad española eran las metas a perseguir, he querido dejar constancia en estas memorias de mi orgullo al contemplar cómo España se ha transformado de manera profunda y positiva en todos los aspectos durante mi reinado. Creo que es este testimonio personal el que hoy se reconoce con este Premio especial del libro político. Me siento muy agradecido y emocionado de recibirlo aquí, con ustedes, en la Asamblea Nacional.

Muchas gracias.

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