José Abellán, médico internista, explica que el aislamiento aumenta el riesgo de complicaciones y empeora el pronóstico en los pacientes

El especialista destaca las relaciones sociales como un componente esencial para la prevención cardiovascular: el aislamiento, advierte, también deteriora la salud del corazón

Foto: José Abellán Alemán. (Cedida)

Al mencionar la salud cardiovascular, comúnmente se destacan factores como la alimentación, el ejercicio, el tabaco o el colesterol. Sin embargo, existe otro aspecto menos evidente que también afecta el envejecimiento del cuerpo y el riesgo de complicaciones: la calidad de las relaciones sociales.

El internista José Abellán Alemán, especialista en prevención cardiovascular, explica en una entrevista con El Confidencial: “Las personas que experimentan aislamiento tienen un riesgo mayor de sufrir complicaciones y un pronóstico más desfavorable”. Para el experto, cuidar la salud no se limita únicamente a mejorar la alimentación o aumentar la actividad física, sino que también implica mantener una red sólida de apoyo social.

Abellán, quien participó recientemente en el Congreso de los Diputados durante la jornada ‘Estilo de vida saludable para la salud en España’, defiende que este componente social es parte de algo más amplio: la dieta mediterránea no es solo una pauta alimentaria, sino, principalmente, un estilo de vida.

Frecuentemente, la prevención cardiovascular se reduce a una serie de normas individuales: caminar, evitar el azúcar, mejorar el sueño, dejar de fumar. Todo esto es importante, pero Abellán enfatiza que hay un elemento que generalmente queda fuera de atención: la conexión con los demás.

“Además, hemos hablado de la vida mediterránea cuando en realidad se trata de un estilo de vida mediterráneo”, aclara.

La diferencia es significativa. Para el internista, la vida mediterránea incluye mucho más que el consumo de aceite de oliva, frutas o pescado: también abarca el contacto humano, la convivencia, los encuentros y el apoyo familiar.

Por qué el aislamiento también afecta

La idea de que la soledad influye en la salud puede parecer abstracta, pero en la práctica conlleva efectos concretos. Las personas aisladas suelen carecer de apoyo emocional, reciben menos ayuda en momentos difíciles y en muchos casos cuentan con menos estímulos para mantener hábitos saludables.

Abellán resume con precisión: “Mantener una red sólida de apoyo social” es un factor que protege la salud.

No se trata solo de sentir compañía, sino también de cómo la persona se cuida, solicita ayuda a tiempo, maneja el estrés y sostiene rutinas saludables.

La importancia del contacto diario

En la entrevista, el médico destaca un aspecto muy característico de la cultura mediterránea: la proximidad física y afectiva. Saludar, abrazarse, celebrar encuentros, compartir tiempo y alimentos.

“Aquí nos saludamos en la calle con un amigo, nos abrazamos, gritamos, nos damos palmadas, y eso libera endorfinas”, señala.

Más allá de la expresión coloquial, el mensaje es claro: las relaciones personales generan bienestar, disminuyen la sensación de aislamiento y repercuten directamente en el equilibrio emocional. Y ese equilibrio es crucial para la salud cardíaca.

La familia y la red de apoyo

Abellán resalta también el rol de la familia dentro de ese estilo de vida mediterráneo. No solo la familia nuclear más pequeña, sino una estructura más amplia de vínculos cotidianos.

“El concepto de familia nuclear mediterránea difiere del concepto familiar anglosajón”, destaca. Incluye abuelos, tíos, hermanos y otros apoyos cercanos que conforman una red familiar más extensa.

Esta red tiene efectos muy prácticos: acompañar, asistir, detectar problemas, facilitar cuidados o simplemente aliviar la carga mental de quien atraviesa momentos difíciles.

Relaciones sociales, un componente más del estilo de vida saludable

Cuando se le preguntó en la entrevista cuáles serían los tres hábitos de vida más relevantes para reducir infartos e ictus, Abellán citó tres pilares: alimentación, ejercicio y relaciones sociales.

No es un dato menor. Para él, una vida saludable no se sostiene solo en la cocina o en el gimnasio, sino también en la forma en que uno se conecta con su entorno.

“Coloquemos las relaciones sociales”, afirma al mencionar ese tercer gran componente. Luego menciona factores como el estrés o el sueño, pero enfatiza que el apoyo social merece un lugar destacado en esa lista.

No se trata de cantidad, sino de calidad en los vínculos

Hablar de relaciones sociales no implica necesariamente estar rodeado de muchas personas o tener una agenda llena. La clave está en la calidad de la relación, en contar con personas con quienes conversar, apoyarse y compartir.

Una charla, una llamada, una comida en familia o una rutina con amigos pueden parecer gestos pequeños, pero en realidad contribuyen a mantener el bienestar diario.

Y eso, remarca Abellán, también forma parte de la prevención.

Cuidar el corazón es también cuidar los lazos

Durante años, la salud cardiovascular se ha abordado casi exclusivamente en términos numéricos: presión arterial, colesterol, glucosa, peso. Pero gradualmente toma fuerza una visión más integral: el cuerpo responde también a cómo se viven las experiencias, cómo se descansa y cómo se relaciona.

Por ello, el mensaje de Abellán va más allá del consejo médico habitual. Comer bien y hacer ejercicio sigue siendo fundamental, pero vivir acompañado, sentirse integrado y mantener una red de apoyo también representa salud.

Y en un momento en que el aislamiento y la soledad cada vez pesan más en la vida diaria, recordarlo no es un detalle menor. Es, también, una forma de prevención.

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