EL ESPAÑOL ha conocido el proyecto desarrollado durante la última década en el marco de la celebración de los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina.
Jorge Pacheco Borja Sánchez Publicada 1 abril 2026 16:39h
En el CH4 Club de Turín, un centro deportivo totalmente adaptado para practicar disciplinas como handbike, tenis en silla de ruedas o baloncesto en silla de ruedas, Decathlon reunió a medios de comunicación de países como Bélgica, Francia, Italia y Estados Unidos, entre los cuales estaba EL ESPAÑOL, el único medio español presente, para conmemorar un aniversario que trasciende las cifras: diez años dedicados a los deportes adaptados.
Con motivo de los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, la marca francesa repasó un recorrido que comenzó a raíz de la queja de un cliente y que ahora pretende movilizar a los 1.300 millones de personas con algún tipo de discapacidad en el mundo.
La historia se inició con Mario. En 2016, este cliente de Decathlon entró en una tienda acompañado de su hija para comprarle una bicicleta. Al observar el entorno, notó que, siendo él usuario de handbike para salir a pedalear con ella, no había opciones disponibles para su necesidad.
No se quedó callado. Expresó a Decathlon de manera directa que no estaban haciendo el deporte accesible para todo el mundo. Esa advertencia, lejos de quedar sin efecto, fue la chispa que dio impulso a uno de los proyectos más importantes que ha emprendido la empresa en su historia.
“Hemos creado una historia significativa que empezó en Italia en 2016”, comentaba durante la charla Sabrina Bonanno, responsable de producto en deportes adaptados.
Bonanno se involucró en este proyecto motivada por razones que van más allá de su vocación profesional: un amigo de infancia que no pudo hacer deporte como otros niños, y una prima muy cercana. Esa experiencia personal impulsa su trabajo diario. “Para Decathlon, el deporte no es solo rendimiento físico ni competición, también tiene un componente mental. Es un proyecto pensado por personas y para personas”, destacó.
Gregory Volpi, Líder de Deportes Adaptados de Decathlon, fue quien inició la sesión contextualizando la relevancia de Italia en la evolución de este sector.
Gregory Volpi, Líder de Deportes Adaptados de Decathlon Imagen cedida
Para Volpi, la esencia de los deportes adaptados se resume en una idea que orienta todo el proyecto: “Hacer posible que cualquier persona practique el deporte que desee”. Esta convicción, aparentemente sencilla, encierra décadas de invisibilidad, de barreras y de equipamiento inexistente o inaccesible económicamente.
Un movimiento europeo
Lo que comenzó como una iniciativa local impulsada por un grupo de colaboradores del área de producción en Italia ha crecido hasta ser un proyecto con alcance europeo.
Actualmente, Decathlon ha desarrollado más de 30 líneas de productos para deportes adaptados, que incluyen sillas de ruedas para baloncesto, deportes de raqueta, esgrima, atletismo y handbike, entre otros. El primer gran logro fue el proyecto ‘Iguales’, centrado en sillas de ruedas para baloncesto —que Bonanno denominó internamente “el proyecto Mario”— y que supuso un punto de inflexión para estructurar la oferta.
Hoy en día, alrededor de 800 personas con discapacidad, paraatletas y organizaciones deportivas de toda Europa han participado en el desarrollo de estos productos, contribuyendo en pruebas de campo, talleres y sesiones de feedback.
El proyecto cuenta con el respaldo de instituciones como la Cruz Roja de Francia y varias universidades internacionales que colaboran en el diseño y en la adaptación a nuevas generaciones. En 2025, la Federación Mundial de la Industria de Artículos Deportivos (WFSGI) reconoció oficialmente el trabajo de Decathlon en deportes adaptados, señalando a la marca como un referente en discapacidad y deporte inclusivo.
Y Mario, aquel cliente que desencadenó el proceso en 2016, continúa implicado en el proyecto desde su oficina en Milán, contribuyendo a acercar el deporte a quienes más lo requieren.
El deporte como herramienta de vida
“Nuestra misión es movilizar a las personas con discapacidad permanente y temporal, dado que el segundo colectivo suele ser olvidado”, explicaba Bonanno durante la charla.
Este punto es fundamental: Decathlon no solo se enfoca en paraatletas de élite, sino también en aquellos que transitan un proceso de recuperación tras una lesión, en personas mayores con movilidad limitada o en quienes viven con enfermedades crónicas.
La propuesta de valor se articula en torno a tres momentos clave: antes, durante y después de la práctica deportiva, con la finalidad de ofrecer “autonomía e independencia” a lo largo de todo el proceso.
Esta perspectiva incorpora una dimensión psicológica que la compañía prioriza. “El deporte no es solo un rendimiento físico”, recuerda Bonanno, “también es una cuestión mental”.
Sabrina Bonnano, Product Manager de Decathlon Decathlon
Para ejemplificar esto, Decathlon ha puesto foco en los procesos de rehabilitación, considerando que la trayectoría hacia el deporte adaptado comienza muchas veces en hospitales o clínicas, no en pistas deportivas. En ese contexto, el equipamiento no es un accesorio, sino una herramienta esencial para la autonomía y la autoestima.
Diseño que transforma vidas cotidianas
Uno de los momentos más ilustrativos de la charla se centró en la línea de ropa adaptada. Los detalles, que podrían parecer técnicos, reflejan una reflexión profunda sobre la dignidad y la independencia.
Estas prendas eliminan costuras que resultan molestas para usuarios de silla de ruedas, incorporan agarres y cremalleras en torso y mangas para facilitar su manejo independiente, y han sido diseñadas pensando en la postura al estar sentado. El color negro tiene también un significado simbólico: se selecciona de forma intencionada por considerarse un tono neutro que aporta normalidad a quien lo viste.
El desarrollo de cada prenda o producto requiere aproximadamente 18 meses, abarcando desde ropa interior hasta chándales para hombre y mujer, sudaderas, leggings, guantes y mochilas adaptadas para sillas de ruedas.
Todo nace de una necesidad concreta, se elabora en diálogo constante con usuarios y se diseña con un único propósito: materializar la autonomía.
En este proceso, colabora estrechamente el Instituto de Arte Aplicada y Diseño (IAAD), una escuela fundada en 1978 que fue pionera en Italia en diseño de vehículos y que actualmente está presente en países como Alemania y Reino Unido, con 42.000 estudiantes, 21 escuelas, 72 campus y conexiones con 2.600 facultades. Su aporte es claro: “Utilizar el diseño para alcanzar la accesibilidad”.
Campeones en el proyecto
El salto del laboratorio a la alta competición llegó con la incorporación del esgrimista italiano en silla de ruedas Edoardo Giordan. Desde 2024, Giordan colabora directamente con Decathlon en el desarrollo de productos y, en los Juegos Paralímpicos de París, obtuvo la medalla de bronce en sable masculino A utilizando la silla de ruedas perfeccionada por la marca junto a él.
Su caso demuestra cómo el codiseño con paraatletas de élite no solo mejora el rendimiento, sino que también valida la labor técnica de la empresa a nivel mundial.
Más tarde se sumó Maximilien Seeger, esquiador alpino paralímpico en categoría de discapacidad visual, quien compitió en los Juegos de Milán-Cortina 2026. La colaboración de Seeger destaca porque trabaja en Decathlon Bélgica como responsable de proyectos de recompra, lo que convierte su aporte en una extensión natural de los valores que comparte con la marca.
En esta edición de los Juegos, Decathlon fue además proveedor oficial de uniformes para la delegación del Comité Paralímpico Internacional (IPC), entregando aproximadamente 350 equipaciones y casi 8.000 unidades en total.
La charla también contó con la intervención de Raymon Blondel, presidente del Comité Paralímpico Europeo, quien aportó una perspectiva institucional contundente y clara.
“No existen acuerdos para que las personas con discapacidad puedan acceder a su deporte y equipamiento, pero Decathlon lo ha logrado en estos 10 años. Por ello, el Comité Paralímpico confía en ellos. No importa quién seas, siempre encontrarás algo en Decathlon para elegir”.
Blondel también señaló una paradoja importante del sector: en muchos países, el equipamiento deportivo adaptado sigue clasificándose como “ayuda médica” en lugar de material deportivo.
Esta clasificación tiene efectos prácticos relevantes: limita el acceso a financiación y mantiene la percepción de que las personas con discapacidad son pacientes antes que deportistas.
El precio lo confirma: una silla deportiva cuesta en promedio 2.400 euros, aunque modelos especializados pueden llegar a los 15.000 o 18.000 euros. La apuesta de Decathlon es precisamente romper esta barrera con una oferta escalable y accesible.
En Europa hay cerca de 90 millones de personas con algún tipo de discapacidad. Frente a esta cifra, Blondel hizo un llamado a una mayor implicación de los medios y de todas las comunidades: “Es fundamental involucrar a los medios de comunicación y a las comunidades para que todo evolucione, también el equipamiento deportivo para que sea cada vez más accesible. Esto contribuye a una sociedad más inclusiva”.
La próxima década
Decathlon mira hacia el futuro con una perspectiva generacional. “Queremos que la nueva etapa de la historia sea más inclusiva, por eso aprendemos a entender cómo ven el mundo los niños, ya que ellos no identifican primero una discapacidad como un rasgo”, reflexionaba Bonanno.
La mayor dificultad que enfrenta una persona con discapacidad, tras el diagnóstico, no es el deseo de practicar deporte, sino encontrar un lugar para hacerlo. Por esta razón, Decathlon ha identificado más de 8.000 clubes de deporte adaptado en toda Europa y los ha reunido en un mapa europeo para facilitar que cualquier persona pueda localizar dónde practicar cerca de su entorno.
Diez años después de que Mario señalara una injusticia invisible, el proyecto que generó ha pasado de ser una iniciativa piloto a configurarse como un movimiento colectivo. Un movimiento que, con los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina como escaparate, busca demostrar que la accesibilidad no es un añadido en el deporte del futuro, sino una condición imprescindible.

