El programa ‘El precio de…’ de Telecinco ha revelado algunos de los aspectos más oscuros de la tonadillera

La emisión del programa El precio de… ha sacudido los fundamentos de todo lo relacionado con la finca Cantora y su dueña, Isabel Pantoja. Lo que inicialmente parecía un proceso inmobiliario para solucionar una deuda millonaria ha evolucionado hacia un relato mucho más intrincado, marcado por testimonios que apuntan a una administración financiera con múltiples sombras.
El espacio, presentado por Santi Acosta, ha reconstruido la venta de la histórica propiedad heredada de Paquirri, además de otorgar voz a antiguos colaboradores del entorno de la cantante. Destacan especialmente las intervenciones de Begoña Gutiérrez, Pepi Valladares y, en particular, Carlos Corbacho, cuyo testimonio ha sido clave para entender la magnitud del caso.
En exclusiva, la exmánager de Isabel Pantoja y representante de Kiko Rivera, Begoña Gutiérrez, reveló que el DJ decidió detener temporalmente la venta de la finca a un empresario libanés tras el acercamiento con su madre. Sin embargo, bajo los cimientos de Cantora se ocultaban numerosos detalles que deterioran la imagen de la tonadillera.
De acuerdo con Corbacho, la manera en que la sevillana recibía sus ingresos durante décadas se apartaba de los métodos habituales y legales. El exempleado afirmó que, al menos desde principios de los años noventa, gran parte de los pagos por sus actuaciones se efectuaban en efectivo: “Recogían el dinero en taquilla, lo contaban y se subía. Tenía una factura de doce mil euros y el resto se pagaba en efectivo, que luego se llevaba al hotel y después a casa de Tere Pollo. Sólo se facturaban doce mil euros”.

Según su versión, solo una parte mínima del caché quedaba registrada en facturas oficiales, mientras que el resto se gestionaba fuera de esos controles. “Luego se organizaba todo y se decidía cuánto se podía ingresar y cuánto debía quedarse para gastos: colegios, la finca, pagos a Pepi… Sacábamos la máquina del coche, tomábamos un café y comenzábamos a contar billetes y formar fajos”, relató Corbacho.
‘Escapadas’ a Gibraltar
Una de las revelaciones más sorprendentes está relacionada con los viajes a Gibraltar. De acuerdo con el testimonio, estos desplazamientos eran habituales y formaban parte de una rutina dentro del círculo cercano de la cantante. “Yo tenía apenas 18 años cuando inicié la labor de transportar dinero de Isabel Pantoja a Gibraltar”, explicó Corbacho en el programa.
Una vez en Gibraltar, el efectivo se depositaba en bancos, específicamente en cuentas que, según estas declaraciones, no estaban a nombre directo de la artista, sino de personas próximas a ella. “Todo se pagaba en efectivo; cuando había mucho dinero, cruzábamos a Gibraltar y se convertía a libras esterlinas. Se podían transportar cantidades de 10 a 15 millones de euros”, aseguró.

Cantora como caja fuerte
El programa ha puesto en evidencia a la finca Cantora como centro de esta actividad. Según los relatos, el volumen de efectivo que circulaba era tan grande que se almacenaba en varios lugares dentro de la propiedad. Armarios, maletas, bolsos e incluso espacios poco convencionales se usaban para ocultar sumas considerables.
De hecho, Pepi Valladares, exempleada de la finca, recordó el día en que la cantante fue detenida para ser investigada: “Isabel estaba en pijama y, mientras la vestía, me hizo un gesto para que cogiera algo del armario. Ella bajó con la mujer policía y yo me quedé arriba. Abrí el armario y vi un bolso camel de Loewe donde guardaba el dinero”.
Las casas de Isabel Pantoja: desde su nueva mansión en La Finca hasta su inmueble en La Moraleja junto a Encarna Sánchez.
En este contexto también surge el nombre de Julián Muñoz, cuya relación con la artista y su posterior vinculación en procesos judiciales ya son de sobra conocidas. Según Corbacho: “Se recogía el dinero de la cabriola de Villamanrique, ahí estaba todo el dinero de Julián Muñoz. Específicamente, cinco millones novecientos ochenta y cuatro mil euros. En dos bolsas negras. Teresa Pollo y yo lo sacamos de allí. Lo cogimos de la parte trasera donde estaban las literas. En ese momento le dije a Tere: ‘Como vamos con esto, nos van a parar.’ ‘Tira para adelante, sigue adelante’, me contestó Tere”.

