También se le prohíbe durante un año y medio la tenencia de animales, así como el desempeño de cualquier oficio o actividad vinculada con ellos

La titular de la Plaza n.º 2 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia de Santander ha impuesto a un hombre una multa de 1.920 euros por agredir a un perro, de la raza Husky siberiano, al que golpeó con un palo en dos oportunidades cuando este se acercó a sus dos perros. Además, se le ha inhabilitado por un periodo de un año y medio para la tenencia de animales y para ejercer cualquier actividad relacionada con ellos.
Asimismo, en concepto de responsabilidad civil, la jueza establece que el condenado debe abonar una indemnización de 275 euros por daños morales al dueño del perro y a su madre, la mujer que paseaba al animal en el momento de la agresión. “No solo existe dolor y sufrimiento en el animal”, sino también en el propietario y su madre, quienes “también padecen al observar el sufrimiento del animal”, lo cual “queda demostrado en la crisis de ansiedad” que experimentó la mujer como consecuencia de los hechos.
Finalmente, el condenado debe resarcir al propietario por los costos médicos y las sesiones de adiestramiento que el perro ha recibido para superar el miedo desarrollado hacia personas que portan palos o elementos similares.
El perro sufrió lesiones en el costillar y en una extremidad trasera
Los incidentes tuvieron lugar en septiembre de 2024, cuando el hombre “golpeó dos veces con un palo en el lomo” al perro, que se acercó a sus dos perros de raza pequeña. Este cachorro de husky siberiano padeció lesiones que se tradujeron en dolor en el costillar y en una extremidad trasera, recibiendo tratamiento con antiinflamatorios. Ante la agresión, una mujer intervino para impedir que el ahora condenado asestara un tercer golpe al animal, reprochándole que no debía pegarle.
Desde el inicio del proceso, las acusaciones sostuvieron que los hechos constituyen un delito de maltrato animal tipificado en el Código Penal, atribuyendo al acusado la autoría directa de la agresión. Mientras que el Ministerio Fiscal solicitó una pena económica, junto con la inhabilitación para la tenencia y actividades relacionadas con animales, la acusación particular añadió la concurrencia de una agravante, argumentando que el agresor utilizó un objeto potencialmente peligroso durante el ataque.
Simultáneamente, ambas partes reclamaron compensaciones económicas por los daños causados, incluyendo tanto gastos veterinarios como perjuicios derivados del impacto del suceso.
Por su parte, la defensa rechazó desde el inicio las acusaciones y solicitó la absolución libre, negando la intencionalidad delictiva de los hechos. En el juicio se practicaron las pruebas presentadas por las partes, incluyendo testimonios y peritajes, que permitieron reconstruir lo sucedido y matizar algunos aspectos de las conclusiones iniciales. En esta línea, tanto el Ministerio Fiscal como la acusación introdujeron leves ajustes en sus peticiones, modificando las cuantías de las penas y de las responsabilidades civiles solicitadas.
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Para la magistrada, los hechos quedaron acreditados según las declaraciones testimoniales emitidas durante el juicio, así como el propio acusado, quien reconoció haber golpeado con la mano porque el perro intentaba morder a los suyos. La sentencia descarta que el acusado actuara en defensa de sus perros, dado que todos los testimonios indican que el cachorro no atacó a los otros perros ni mostró una reacción violenta tras los golpes.

