El emblemático edificio de El Teatro Barceló en el centro de Madrid vuelve a estar disponible tras 90 años desde su apertura

La consultora Savills pone en el mercado la histórica sede de la antigua discoteca Pachá en Madrid, gestionada por los Trapote hasta su reciente cierre por exceso de aforo

Teatro Barceló (Europa Press)

El icónico Teatro Barceló de Madrid vuelve a estar disponible para la venta. Con más de 90 años de antigüedad, este edificio ha presenciado la transformación cultural y social de la ciudad, manteniéndose en el corazón de la vida nocturna madrileña a pesar de haber cambiado manos entre varios grupos inversores.

Situado en la calle Barceló, en pleno centro de Madrid, el Teatro Barceló es una construcción de seis plantas que combina un valor arquitectónico e histórico considerable con una estructura preparada para albergar grandes aforos. Levantado en 1931 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto, se distingue por su estilo racionalista, caracterizado por líneas austeras y simetría en su fachada, complementada por detalles clásicos en molduras y balcones. Su interior consiste en espacios amplios pensados originalmente para cine y teatro, que posteriormente se adaptaron para conciertos y discoteca, con un escenario central, áreas VIP y varias plantas unidas por escaleras y ascensores. La superficie aproximada es de 2.600 metros cuadrados, y el edificio conserva elementos originales protegidos al ser declarado Bien de Interés Cultural.

Inaugurado en 1931 bajo el nombre de Cine Barceló, con una capacidad para más de 1.200 espectadores, se convirtió en un referente cinematográfico, aunque su trayectoria estuvo marcada por episodios oscuros en la Guerra Civil, cuando fue empleado como centro de detención. Tras décadas funcionado como cine y teatro, en los años 70 el edificio comenzó su transición hacia el ocio nocturno, consolidando su reconocimiento internacional en los años posteriores.

Tres décadas como Pachá

El cambio relevante ocurrió en 1980, cuando se transformó en la sede de Pachá Madrid dentro del imperio de ocio del empresario Ricardo Urgell. Bajo la marca Pachá, el teatro se convirtió en uno de los clubes más destacados de Europa, símbolo de la Movida Madrileña y punto central de la música y la vida nocturna en la capital. Desde 1996, la familia Trapote se hizo propietaria del inmueble, gestionando tanto la operación del local como los eventos culturales y musicales que allí se realizaban, primero con el nombre Pachá y, desde 2013, como Teatro Barceló.

El Interior del Teatro Barceló. (Teatro Barceló)

En 2022, el edificio cambió de propietario nuevamente al ser vendido por los Trapote a la sociedad Azurea Inicial, ligada a familias inversoras de los Nieto Jiménez y los Jiménez Blázquez. La operación, estimada en alrededor de 24 millones de euros, separó la propiedad del inmueble de la gestión del local, que se mantuvo bajo el control de los antiguos gestores.

El Ayuntamiento cierra la sala durante un año

En noviembre del año pasado, y aún bajo la gestión de los Trapote, el Ayuntamiento de Madrid ordenó la clausura del Teatro Barceló por un año debido a que se detectaron excesos de aforo en varias inspecciones. Los informes municipales confirmaron que el local permitió la entrada de más de 1.500 personas, cuando el aforo autorizado era de 990, incumpliendo las normativas de seguridad y protección del público.

Este revés afectó también a los 70 empleados de la discoteca, quienes quedaron sin trabajo: aproximadamente 40 fueron recolocados o abandonaron la empresa, mientras que otros 30 permanecieron en la empresa durante tres meses más sin recibir salarios. Estos últimos han decidido impugnar el ERE aplicado a sus puestos, denunciando irregularidades en la compañía, la cual llevaba meses sin pagar el alquiler del edificio. Actualmente, el Teatro Barceló vuelve a estar disponible en el mercado. Su condición como Bien de Interés Cultural (BIC), declarada en 2023, restringe considerablemente cualquier intervención arquitectónica, orientando los proyectos hacia el respeto de su valor histórico. Entre los usos posibles se consideran espacios culturales, ocio híbrido, gastronomía y eventos musicales, sin que exista aún un plan definitivo.

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