Señales de agotamiento en Alcaraz y la estrategia de desconexión que transformó su 2025

Alcaraz, desolado tras perder contra Korda. El español volvió a tocar fondo en Miami un año después. En 2025, tras caer frente a Goffin, se desconectó durante 10 días antes de reaparecer para ganar Montercarlo, Roma y Roland Garros.

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Hay expresiones que no requieren volumen para hacerse oír. El suspiro de Carlos Alcaraz desde el banquillo del Hard Rock Stadium no fue un grito: fue un susurro cansado, casi íntimo, que sin embargo recorrió todas las pantallas del planeta. «No puedo más. Me quiero ir a casa, tío». Tres oraciones. Ocho palabras. Y el retrato más genuino que ha dado jamás el nº1.

Korda terminó ganándole por 6-3, 5-7 y 6-4 en 2 horas y 17 minutos. Alcaraz, quien comenzó 2026 completando el Career Grand Slam con el título en el Open de Australia a los 22 años; el tenista que llegó a la gira americana con un récord de 16 victorias y ninguna derrota… volvió a caer prematuramente en Miami.

De forma idéntica al año anterior. Con las mismas señales de alerta. Existe un término que explica esto, y no es cuestión de mala suerte.

El ‘burnout’ deportivo no representa debilidad ni un capricho. Se trata de un síndrome de agotamiento crónico reconocido en deportistas de élite que se expresa en tres dimensiones simultáneas: fatiga física y emocional, distanciamiento del propio deporte y una sensación de falta de logro a pesar de los resultados tangibles.

No importa la cantidad de títulos acumulados: el cuerpo y la mente manejan sus propios balances.

En el caso de Alcaraz, ambos indicios confluyen con una precisión casi clínica. El agotamiento físico quedó evidente ya en Melbourne: «El estrés, el calor y los nervios me pasaron factura», admitió durante el Open de Australia, torneo que terminó ganando pese a varios encuentros maratonianos.

La sensación de impotencia, a pesar de ser número uno del mundo y múltiple campeón de Grand Slam, se condensó en que sus adversarios juegan libres contra él, sin la presión que experimentan frente a otros jugadores del circuito.

El patrón se repite

La historia del tenis profesional tiene una tendencia incómoda: los grandes campeones no se quiebran en los partidos importantes, sino en los torneos del año siguiente, cargando con el peso de sus éxitos previos. Alcaraz lo está viviendo en primera persona, y lo más sorprendente es que el guion es casi idéntico al de 2025.

En 2025, en Indian Wells, perdió en semifinales frente a Jack Draper, quien puso fin a una cadena de 16 victorias consecutivas del murciano en el desierto californiano con un 6-1, 0-6 y 6-4, frenando así su intento de conquistar el torneo por tercer año seguido.

Llegó a Miami con las defensas bajas y fue eliminado en su debut por el veterano David Goffin, en ese momento lejos de la élite del ranking, en una derrota que el propio Alcaraz describió luego como «la gota que colmó el vaso».

Este año, la secuencia resulta inquietantemente similar: caída en semifinales de Indian Wells frente a Daniil Medvedev seguida de una eliminación en su segundo partido en Miami ante Sebastian Korda, número 36 del mundo. Cambia el rival, pero el patrón persiste.

Lo que hace más llamativo el paralelismo de 2026 es el contraste con su rendimiento previo. Alcaraz llegó a la gira americana tras ganar el Open de Australia y un título en pista rápida antes de Indian Wells. 16 victorias consecutivas que lo situaban en las conversaciones junto a Federer y Djokovic en los mejores comienzos de temporada.

La caída fue por consiguiente más abrupta que nunca: de dominar con comodidad a sufrir un corte de energía en cuestión de días.

Diana en la espalda

Existe un factor psicológico que Alcaraz ha identificado con una madurez poco común a sus 22 años, y que explica por qué su desgaste difiere del de otros jugadores del circuito.

Ser número uno implica que cada oponente afronta el partido sin nada que perder y todo por ganar, con la adrenalina propia del cazador frente a la fatiga acumulada de la presa.

«Creo que los jugadores contra los que juego no sienten la presión que tienen habitualmente cuando enfrentan a otro rival», reflexionó tras la derrota en Miami, en un mensaje que trascendía el resultado concreto.

Korda celebra su triunfo contra Alcaraz.

Korda celebra su triunfo contra Alcaraz. REUTERS

Korda confirmó esta idea con su actuación: el estadounidense disputó el mejor encuentro de su temporada, atacó sin reservas durante más de dos horas y acabó venciendo al gran favorito del torneo.

Así, encuentro tras encuentro, semana tras semana. El desgaste mental que provoca esa presión constante no aparece en ninguna estadística oficial, pero se advierte cuando un tenista se sienta en un cambio de lado y admite, literalmente, que ya no puede continuar.

Juan Carlos Ferrero, quien entrenó a Alcaraz hasta principios de 2026 y fue el artífice de su gran salto competitivo, diagnosticó con precisión lo ocurrido en 2025 y lo que parece repetirse ahora.

«En Indian Wells y Miami perdió algo de confianza. Montecarlo fue una luz que le abrió la puerta para recuperar la seguridad que necesitaba», explicó meses más tarde al analizar aquella temporada. La gran duda es si, esta vez sin Ferrero en el banquillo, Alcaraz volverá a encontrar esa luz.

La fórmula correcta

Esa luz mencionada por Ferrero no se encendió realmente en una pista, sino fuera del circuito. Antes de volver a triunfar, Alcaraz tuvo que detenerse. En 2025, ese punto de inflexión sucedió justo después de tocar fondo en Miami, cuando decidió parar, desaparecer unos días y desconectarse del tenis.

«Se puede decir que en Miami toqué fondo. Ni siquiera sabía qué decir en la prensa», reconoció meses después al rememorar aquella derrota en su debut frente a David Goffin y la sensación de estar completamente desbordado.

En medio del ruido, optó por una decisión sencilla y drástica: primero descansar unos días con amigos, y luego tomar unas minivacaciones familiares en la Riviera Maya, en México, apartado de raquetas, rankings y focos.

Lo que siguió fue una metamorfosis notable en el tenis reciente. De ese fondo en marzo a alzar el trofeo de Montecarlo en abril, comenzando una gira de tierra batida que también le llevó a ganar Roma y Roland Garros, además de una final en el Godó.

Meses después, sumó el US Open, completando una progresión que convirtió esa pausa en México en el prólogo de la mejor temporada de su carrera.

Carlos Alcaraz celebra la victoria en Roland Garros.

Carlos Alcaraz celebra la victoria en Roland Garros.

En 2026, el plan vuelve a asemejarse peligrosamente. Tras la eliminación frente a Korda, Alcaraz ya ha revelado su intención de alejarse algunos días del circuito, regresar a casa y compartir tiempo con su gente antes de la gira de tierra batida.

El calendario, además, invita a un déjà vu: Montecarlo en abril, Roma en mayo, Roland Garros en junio. La misma secuencia de torneos, la misma superficie sobre la que su tenis suele reconciliarse con su mente.

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