Mientras el conflicto en Irán eleva los precios en un mercado ya tensionado por la interrupción en las cadenas de suministro provenientes de Beijing, España se presenta como un posible proveedor alternativo

El tungsteno o wolframio, un metal con alta densidad esencial para armamento, semiconductores y herramientas industriales, se ha consolidado como uno de los recursos con mayor importancia estratégica en el reciente escenario geopolítico global, convertido en un instrumento de poder en la rivalidad entre China y Estados Unidos durante la administración de Donald Trump. Las restricciones a la exportación impuestas por Beijing, que emplea este metal como una “herramienta económica”, han generado tensiones en las cadenas de suministro internacionales y provocado un alza significativa en los precios. En este marco, países como España surgen como potenciales proveedores alternativos, en un momento en el que Europa busca disminuir su dependencia de China en materias primas clave.
En el último año, el precio de este metal ha tenido una subida sin precedentes del 520%. De acuerdo con informes de Bloomberg y Fastmarkets, su cotización ronda actualmente los 2.250 dólares por tonelada métrica, un aumento motivado por las limitaciones a la exportación implantadas por China en febrero de 2025, en respuesta a los aranceles decretados por la administración Trump.
China, que controla el 79% de la producción global, incluyó este metal en su lista de monitoreo para exportaciones, reduciendo sus envíos en aproximadamente un 40%. Esta medida, calificada por analistas como un “golpe directo” geopolítico, no solo impactó la oferta mundial, sino que alertó a las autoridades europeas sobre la vulnerabilidad que implica depender de un único proveedor.
El conflicto impulsa la valorización del wolframio
Con la escalada bélica en Oriente Medio desde el ataque de EEUU e Israel contra Irán el 28 de febrero, la demanda militar ha incrementado la presión sobre el mercado. El wolframio se emplea en proyectiles, municiones antitanque, helicópteros y aviones de combate, dada su alta densidad que permite conservar el impulso y perforar blindajes. El aumento de los conflictos internacionales ha intensificado la búsqueda de suministros, acelerando el alza de precios y evidenciando la fragilidad de las cadenas de suministro.
Según Fastmarkets, el precio del APT (ammonium paratungstate) ascendió de 900-940 dólares por tonelada a mediados de enero de 2026 a un rango de 1.650–1.900 dólares en febrero. El ferrotungsteno, utilizado en aleaciones y componentes de defensa, también se ha encarecido considerablemente: de 45–46 dólares por kilogramo el año pasado a 200–210 dólares por kilogramo en la actualidad.

El mercado del tungsteno se caracteriza por su escasez estructural y baja liquidez. Ante la insuficiencia de producto para satisfacer la demanda, los fabricantes europeos y estadounidenses trabajan para asegurar suministros, reciclar chatarra y desarrollar proyectos propios, conscientes de que China continuará ejerciendo un papel decisivo en la fijación de precios.
España como posible exportador
Dentro de este escenario, España se posiciona como un actor de creciente importancia en el mercado del tungsteno, respaldado tanto por su base geológica como por el impulso político europeo. Actualmente, el país es el tercer productor de wolframio en la Unión Europea y forma parte de la estrategia de la Comisión Europea para reducir la dependencia de minerales críticos procedentes de fuentes externas.
En consonancia con este objetivo, el Gobierno está preparando el Plan de Acción para la Gestión Sostenible de las Materias Primas Minerales 2026-2030, enfocado en fortalecer la autonomía estratégica, fomentar la descarbonización y mejorar la competitividad industrial. Este marco abre la puerta a nuevas inversiones y reactiva proyectos mineros, en un momento en que la escasez global y la presión geopolítica elevan el valor del tungsteno, posicionando a España como un posible proveedor alternativo en las cadenas de suministro occidentales.
Entre los depósitos españoles sobresale la mina de Barruecopardo, en Salamanca, reabierta en 2019 y con más de 10 millones de toneladas de mineral, lo que la sitúa como una de las mayores en Europa. En Galicia, la mina de A Gudiña (Pentes), gestionada por una firma sueca, aporta aproximadamente 60.000 toneladas adicionales, mientras que en Castilla-La Mancha, el proyecto El Moto y en Extremadura, los proyectos La Parrilla y Las Navas están en fase de desarrollo.

