Pedro Sánchez afronta dificultades para sostener políticas de izquierdas dado un Parlamento controlado por la derecha y la carencia de apoyos esenciales.
La crisis económica provocada por la guerra en Oriente Medio pone en riesgo la estabilidad del Gobierno y obliga a Sánchez a implementar medidas más conservadoras, como reducciones tributarias.
El FMI ha disminuido su previsión de crecimiento para España debido al impacto del conflicto, mientras que el Gobierno reconoce que la inflación podría aumentar si la situación energética empeora.
El PSOE manifiesta inquietud por el desplazamiento del electorado hacia la derecha y la fragilidad de sus aliados de izquierda, complicando la aprobación de presupuestos y otras iniciativas.
«La dificultad radica en que un Gobierno de izquierdas convive con un Parlamento de derecha», afirma un integrante del Ejecutivo al comentar lo sucedido el viernes en el Consejo de Ministros, cuando los representantes de Sumar se ausentaron y se aprobó un decreto que probablemente no será convalidado y, por ende, quedará estancado.
Este tipo de convivencia es común en regímenes presidenciales, aunque resulta poco habitual y disfuncional en sistemas parlamentarios como el español. Esto justifica que Pedro Sánchez, a pesar de estar en su fase más izquierdista, apruebe en el Gobierno las decisiones más conservadoras de su mandato para enfrentar la crisis derivada de la guerra en Oriente Medio.
Sánchez requiere el respaldo de Junts y el PP, por lo que abandona medidas propias de la izquierda como los topes a los alquileres o la suspensión de desahucios y opta por reducciones fiscales que también son apoyadas por la oposición conservadora.
El giro a la izquierda en su gestión se refleja en iniciativas como la regularización de migrantes o el posicionamiento contra la guerra, lo que produce tres efectos: retiene el voto del PSOE, neutraliza a los partidos necesarios para gobernar y entrega el centro al PP.
Esto se evidenció en Castilla y León, donde el electorado de Ciudadanos se desplazó completamente hacia el PP. Lo mismo podría suceder en Andalucía, favoreciendo a Juanma Moreno, así como en futuras elecciones generales, independientemente de su fecha.
Además, el Gobierno muestra una preocupación importante respecto a las consecuencias de la guerra en Irán.
Aunque consideran que la bandera del «no a la guerra» que Sánchez levanta frente a Donald Trump puede beneficiar al PSOE y perjudicar al PP, saben que los efectos económicos del conflicto en Oriente Próximo pesan más en la opinión pública.
En cualquier caso, el impulso que esta postura otorga al PSOE siempre se consigue a costa de reducir el espacio de la izquierda.
El análisis de la gestión de Sánchez y su segundo mandato se basa en la «normalización» de Cataluña y, sobre todo, en los sólidos datos macroeconómicos, que superan a los del resto de la UE.
Actualmente, la situación en Cataluña está en duda debido a la falta de consenso entre Salvador Illa y ERC, lo que llevó al retiro de los Presupuestos de la Generalitat. En cuanto a la economía, su futuro está condicionado por la evolución del conflicto bélico.
Miembros del Ejecutivo opinan que el conflicto de Oriente Próximo podría impactar a la ciudadanía, especialmente si deriva en una crisis energética y provoca un incremento global de la inflación.
Un «terremoto económico de alcance global», como lo calificó Sánchez este viernes. «Ni siquiera los tres países que se están bombardeando parecen saber la duración de esta situación, llena de incertidumbres, originada por actores externos a nosotros», añadió.
El propio presidente reconoció que «puede haber una alteración en las previsiones de crecimiento«, aunque, hasta ahora, las primeras estimaciones, como las del BBVA, mantienen a España con un crecimiento del 2,4%, con un impacto menor respecto a otras naciones europeas.
Horas después, el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo sus proyecciones de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de España en dos décimas — hasta el 2,1% — durante el año 2026, debido al efecto negativo del conflicto en Oriente Medio.
El argumento del Gobierno, presentado por Sánchez al anunciar las medidas anticrisis aprobadas, es que España está mejor preparada para enfrentar la crisis dado que ha invertido en energías renovables durante años.
Como expresó la vicepresidenta Sara Aagesen, «el viento y el sol no atraviesan el Estrecho de Ormuz«.
Actualmente, hay una clara diferencia entre los elevados costes energéticos en países como Alemania e Italia, y los de España.
No obstante, en Moncloa reconocen que el contexto internacional influye sobre España en caso de incrementos o restricciones en los suministros de combustible o gas, lo que podría ocasionar un aumento de la inflación.
Recuerdan que en días recientes han sido destruidas infraestructuras energéticas en el Golfo, por lo que la finalización de los ataques o el desbloqueo de Ormuz no pondrán fin a la crisis, pues será necesario reparar los daños, un proceso que tomará tiempo.
Por ejemplo, con la eliminación de la «excepción ibérica» que protegía los precios de la electricidad tras la guerra de Ucrania, ahora las centrales de gas fijan el precio de la factura, aunque solo generen una pequeña proporción de la energía.
Además, la UE no parece dispuesta esta vez a modificar este método para establecer las tarifas. «Estoy muy enfadado», confesó el presidente durante su intervención.
Por el momento, Sánchez ha abordado las repercusiones para los ciudadanos casi con las mismas medidas que propone el PP, es decir, rebajas fiscales.
Y ha comprobado lo complicado que resulta mantener las políticas aplicadas durante la pandemia y el conflicto en Ucrania, simplemente por la inédita situación que vive España: un régimen parlamentario con Gobierno de izquierda y Parlamento de derecha.
Por esta razón, no existen Presupuestos Generales del Estado, ni se planea presentarlos, a pesar de que Sánchez insista en que lo hará y sea consciente de que esta vez no está garantizado que cumpla esa promesa.
La falta de margen para aprobarlos limita la capacidad de acción del presidente. En otoño concluye la llegada de fondos europeos que han sostenido la gestión gubernamental y la UE mantiene sus reglas sin flexibilizar.
Queda abierta la posibilidad de que el Gobierno de Sánchez reconsidere el cierre de las centrales nucleares debido al impacto de la guerra en Irán, aunque por ahora esta opción es descartada oficialmente.
El presidente del Gobierno recuperó el viernes un mensaje, «saldremos mejor», que tuvo vigencia durante la pandemia, y comenzó a difundir la idea de que, tras enfrentarse a múltiples crisis desde su llegada a Moncloa, cuenta con la experiencia necesaria para superarlas.
Mientras tanto, las elecciones en Castilla y León, las terceras de un ciclo impulsado por el PP, confirmaron el desplazamiento del electorado hacia la derecha, rumbo a los comicios generales, independientemente de cuándo se celebren.
Estos comicios territoriales ocurrieron hace apenas una semana y, como tras los de Extremadura y Aragón, no ha habido autocrítica ni explicación pública por parte del líder socialista, Pedro Sánchez.
No obstante, en el Gobierno y el PSOE hay gran inquietud bajo la superficie, sobre todo al considerar el contexto de cara a Andalucía, la siguiente prueba electoral complicada para los socialistas.
Malestar por la celebración en Castilla y León
«Al subcampeón nadie lo recuerda, celebramos solo si ganamos», dijo Luis Aragonés a los jugadores de la Selección de España antes de la final de la Eurocopa.
En privado, algunos ministros y dirigentes del PSOE expresaron su desconcierto durante la semana al observar la celebración que el partido realizó tras los resultados en Castilla y León.
No comprenden que el candidato socialista, Carlos Martínez, hiciera su aparición la noche electoral en medio de gritos de «oé, oé, oé» lanzados por líderes socialistas locales como si hubieran ganado.
Cierto es que el PSOE no sufrió el desplome visto en Extremadura. Sin embargo, según reconocen socialistas, este resultado favorable se debe al voto en Soria, donde Martínez es alcalde de la capital. El PP creció y garantiza 40 años en el poder en la comunidad.
El escenario indica que el PP mantiene su posición, mientras que Vox atraviesa dificultades, inmerso en una crisis interna marcada por graves acusaciones de enriquecimiento entre sus dirigentes y exdirigentes.
También resulta evidente que la “izquierda a la izquierda del PSOE” enfrenta problemas para sobrevivir debido al contexto desfavorable, su fragmentación, la desaparición recurrente de las fuerzas minoritarias en coaliciones y porque Sánchez le ha restado espacio y banderas. El PSOE depende de Sumar, Izquierda Unida y Podemos para lograr mayoría.
Preocupa a los socialistas la ausencia de un liderazgo claro en ese espacio, y que Sumar y Podemos se distancien del PSOE siempre que les es posible, uno desde el Gobierno y otro desde la oposición. Están jugándose su futuro, buscando revivir momentos en que ese sector tenía escasos escaños con figuras como Cayo Lara, Gaspar Llamazares o Julio Anguita.

