Zvonimir Ostoic, de 54 años, ha obtenido el primer premio a la falla infantil de la Comisión Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal y el ninot indultat de 2026

La celebración más destacada de Valencia, las Fallas, llega a su conclusión un año más con la Cremà, cuando más de 700 fallas instaladas en las calles de todos los distritos de la provincia serán incendiadas la noche del 19 de marzo, iluminando el Día del Padre y cerrando una semana llena de fuegos artificiales, música tradicional y festejos.
El origen de esta fiesta es desconocido, aunque tradicionalmente se vincula con una antigua práctica de los carpinteros que, en la víspera de la festividad de su patrón, San José, quemaban objetos viejos frente a sus talleres para celebrar el fin del invierno. Los tiempos han cambiado y las maderas se han reemplazado por otros materiales más manejables, pero la tradición permanece intacta.
Estas festividades, especiales para todos los falleros, resultan aún más significativas para Zvonimir Ostoic, un arquitecto chileno con raíces ítalo-croatas, quien se ha convertido en el primer artista fallero extranjero en obtener el ninot indultat y el primer premio a la falla infantil de la comisión Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal.
“Valenciano de adopción y de la terreta”

Conocido dentro del sector como ‘Z’, este artista, de 54 años, acumula 16 años de experiencia en el mundo de las fallas, aunque se ha adherido formalmente al gremio hace solo dos años y firma sus propias fallas desde hace tres: “Empecé colaborando con talleres de sección especial y primera categoría, junto a destacados artistas como Alejandro Santa Eulalia, Manolo Algarra y David Sánchez Llongo, en comisiones emblemáticas como La Antiga (barrio de Campanar)”.
Este creador, que confiesa estar “completamente enamorado de la fiesta”, arribó a España desde Chile, instalándose primero en Madrid gracias a una beca gubernamental para estudiar canto lírico, aunque su formación profesional es en arquitectura, graduado en la Universidad de Arquitectura Superior. Actualmente, Z regenta su propio taller situado en el barrio de Ciudad Fallera, en la calle Marquesa de Paterna del Campo.
Según el propio artista chileno, autodenominado “valenciano de adopción y de la terreta”, para ser artista fallero es imprescindible estudiar “alguna carrera vinculada al arte”. No obstante, añade que también es fundamental “leer, viajar extensamente y recorrer talleres, porque lo esencial de este oficio es que sigue una transmisión gremial. La artesanía debe ser transmitida directamente”.
Premio a la mejor falla infantil de 2026

En esta edición, Zvonimir Ostoic ha conseguido el primer premio en la Sección Especial de las Fallas 2026 gracias al proyecto desarrollado para la Comisión Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal, junto a Ramón Pla, “uno de los mejores ilustradores del país”, y con un presupuesto de 70.000 euros. “La falla representa el transcurso del año en la vida de un niño y sus recuerdos. Es una obra muy atractiva para los pequeños, con un lenguaje directo para ellos”, la describe el artista.
“Optamos por mantener un perfil discreto y no anunciamos mucho, para conservar el misterio y que el proyecto no se revelara hasta estar bastante avanzado”, explica. Destaca también que disfruta de plena libertad para decidir la temática de sus fallas.
Z ha sido galardonado también con el premio al ninot indultat. Cada año, en la Exposición del Ninot, se exhiben varias figuras y por votación popular se elige una pieza para salvarla del fuego y conservarla en el Museo del Artista Fallero. “El ninot muestra la proclamación de una fallera como Fallera Mayor de Valencia. Refleja el día en que ella acude al Ayuntamiento para recibir la insignia y se le entrega un alfabeguer, una pieza tradicional de cerámica valenciana que simboliza el aroma de la ciudad. En una parte del ninot aparece la fallera y en la otra el artesano terminando el alfabeguer”.
El proceso creativo del artista fallero

Respecto al proceso creativo, el chileno destaca que cada artista fallero tiene métodos propios pero, en su caso, “se trata de un trabajo conjunto con el diseñador, con mucha dedicación, conversaciones, diálogo y debates extensos”. Posteriormente, se inicia el modelado en 3D y la creación material de las piezas tridimensionales.
A pesar de que en ocasiones se atribuye a los artistas un componente romántico en el proceso creativo, Z confiesa ser más pragmático. “Hay que entregar un producto que resulte vendible. Hay más factores que sólo lo sentimental, especialmente en la categoría especial; por lo general, no trabajo con sentimientos personales, suelo mantener una postura más fría”.
En este aspecto, es fundamental destacar la sátira y la crítica política, presentes en todas las fallas mayores —no así en las infantiles—. “A veces puede influir la ideología política, sea azul o roja, aunque casi siempre predomina un tono bastante satírico y neutral”, admite.
Además de la crítica y la escala, la diferencia entre las fallas mayores y las infantiles radica en los materiales, la fragilidad y la complejidad del montaje, siendo las infantiles más pequeñas y delicadas. “Las grandes fallas tienen un formato más cómodo para el transporte, que se realiza en camión. Nosotros transportamos piezas de dimensiones más reducidas”.
Sobre el uso de materiales, el artista señala que trabajan constantemente para reducir la cantidad de corcho y poliespán, incorporando materiales reciclables para que la falla sea más sostenible y minimizar la huella de carbono.
La Cremà, el año nuevo de los valencianos
El último domingo de febrero, como ya es tradición, se celebra la Crida en València para inaugurar las Fallas. / Ayuntamiento de València
Uno de los momentos más cruciales para un artista fallero, sino el más importante, es la Cremà, que tiene lugar la noche del 19 de marzo y que Z define como “una noche mágica donde todo se quema y se cierra un ciclo. Es como nuestro Año Nuevo”. Añade que no siente tristeza al ver cómo el fuego consume el trabajo que le ha llevado ocho meses, pues posee un significado espiritual: “Cierras un ciclo, quemas todo”.
“Si no se quema, no se renueva el ciclo. Eso sucedió durante la pandemia. Se construyen las fallas para sacarlas a la calle y que las quemen. Nunca antes en la historia hubo que devolverlas al taller”, rememora el artista, quien tras esta noche especial iniciará la preparación para las Fallas de 2027, con una idea clara para sus nuevos proyectos.
El futuro del oficio de artista fallero

“Seguiré como artista fallero mientras mi cuerpo me lo permita y mis manos continúen pintando”, afirma el hombre de 54 años. Para Z, es posible vivir de esta profesión, aunque requiere un enorme esfuerzo en el taller. “Como dice el refrán: no se vive del cuento, sino de muchísimas horas de taller”.
En cuanto a las nuevas generaciones y la continuidad del empleo, el artista cree que se trata de un oficio que ha perdurado por siglos y que no va a desaparecer, aunque recalca que debería “actualizarse, incorporar nuevas tecnologías y modernizar su lenguaje para que las fallas sigan existiendo”.
“Un gran artista fallero que ya no está con nosotros, Manolo Algarra, nos enseñó que esta es una de las manifestaciones más importantes del arte urbano a nivel mundial. Que en una semana salgan a la calle 700 fallas y ardan todas en una sola noche la convierte en un evento global, patrimonio de la humanidad, lo que la hace única e indestructible”, concluye.

