El estudio revela que distintas modalidades de tratamiento presentan igual eficacia siempre que se implementen de manera intensiva y precoz, aprovechando la notable plasticidad cerebral durante los primeros dos años de vida
La terapia intensiva temprana tiene el potencial de mejorar la función motora en bebés y niños con parálisis cerebral, según un ensayo clínico reciente financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). El estudio Baby CHAMP evidencia que la aplicación de tratamientos intensivos durante los primeros dos años favorece el desarrollo en el movimiento de brazos y manos, un aspecto fundamental para la evolución de estos niños.
La investigación, encabezada por científicos del Fralin Biomedical Research Institute del Virginia Tech y publicada en Pediatrics Open Science, evaluó distintos enfoques terapéuticos en niños de entre 6 y 24 meses con parálisis cerebral unilateral, una afección neurológica que afecta el control muscular de un lado del cuerpo y puede causar dificultades permanentes en la movilidad.
El ensayo comparó tres intervenciones terapéuticas empleadas por especialistas. Dos de ellas se basaron en la terapia de movimiento inducido por restricción, que consiste en limitar temporalmente el uso del brazo más fuerte para incentivar el debilitado, mientras que la tercera se enfocó en la terapia bimanual, que estimula el uso coordinado de ambas manos.
Los resultados indicaron mejoras similares en la función motora con todas las terapias. Tanto el uso de un yeso permanente, como una férula durante las sesiones, o la terapia bimanual sin restricción, lograron avances equivalentes en la capacidad de los niños para emplear sus manos y brazos.
“El cerebro durante los primeros dos años de vida presenta una plasticidad notable”, explicó Stephanie DeLuca, investigadora principal del estudio. Según la experta, realizar una terapia intensiva basada en el juego en esta etapa permite aprovechar una ventana de oportunidad en la que el sistema nervioso responde de forma óptima a los estímulos.
En el ensayo participaron 58 niños con parálisis cerebral unilateral, de los cuales 53 completaron el tratamiento. Todos ellos recibieron tres horas diarias de terapia, cinco días a la semana durante cuatro semanas —sumando un total de 60 horas—, además de ejercicios guiados en casa con el apoyo de sus familias.
Los investigadores detectaron mejoras significativas en la coordinación de ambas manos y en la motricidad fina, incluso en el brazo menos afectado. Asimismo, los avances fueron más evidentes seis meses tras el tratamiento, lo que indica que los beneficios persisten y se desarrollan con el tiempo.
Para Sharon Landesman Ramey, coautora del estudio, los hallazgos aportan nuevas evidencias para guiar el tratamiento temprano. “El mensaje es esperanzador: la terapia intensiva precoz resulta eficaz y existen diversas estrategias que pueden apoyar a los niños en el desarrollo de habilidades motoras esenciales”, afirmó.

