El PSOE ha conseguido mejorar sus cifras en Castilla y León en comparación con las elecciones de 2022, resistiendo frente a la amplia mayoría conformada por PP y Vox.
El PP continúa ganando elecciones autonómicas y depende de Vox para gobernar, afianzando la tendencia de la derecha y extrema derecha en diversas comunidades.
Podemos y Sumar-Izquierda Unida han experimentado un significativo retroceso, quedando fuera del parlamento autonómico y favoreciendo así el avance del PSOE.
El discurso antibelicista y la regularización de migrantes impulsados por Sánchez han atraído parte del electorado de la izquierda, debilitando las alternativas para futuras mayorías progresistas.
El ciclo electoral que comenzó en diciembre en Extremadura ha seguido este domingo en Castilla y León con la misma tónica: se consolida una amplia mayoría de la derecha y la extrema derecha.
Sin embargo, Alberto Núñez Feijóo diseñó esta intensa etapa electoral para castigar al PSOE y en esta ocasión no lo ha logrado. Sí tuvo éxito en Aragón y Extremadura, pero no en Castilla y León, donde los socialistas han resistido.
Además, en las tres autonomías donde ya se ha votado el PP depende de Vox y enfrenta dificultades para garantizar la estabilidad de sus gobiernos. De hecho, mantiene dos negociaciones complejas pendientes y ahora debe afrontar una tercera.
Esta vez existe una novedad respecto a Extremadura y Aragón que anima las escasas esperanzas del PSOE de Pedro Sánchez: los socialistas no solo evitan una debacle, sino que mejoran sus resultados con respecto a las elecciones de 2022.
Se trata de una derrota con matices positivos, insuficiente para derrotar al PP o recuperar el poder autonómico, pero que sí les permite mantenerse vigentes y contrarrestar el discurso catastrofista. Y sucede en una comunidad gobernada por el PP desde hace casi cuatro décadas.
«Se mantiene el 30% tradicional del voto del PSOE en Castilla y León. Es un logro que no se haya perdido», explican fuentes de Moncloa, describiéndolo como una «maravilla de resultado«. «Hay partido», confirma la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró.
El ciclo electoral, adverso inicialmente para Sánchez, empezó en Extremadura, continuó en Aragón, llegó este domingo a Castilla y León y se prolongará en junio en Andalucía, donde se juega más que en otros territorios.
Las pautas comunes hasta ahora son claras: el PP gana en todas las citas electorales desde que Alberto Núñez Feijóo lidera el partido, excepto en Cataluña que sigue una dinámica diferente; el PSOE está lejos de recuperar poder autonómico; Vox consolida su voto y su influencia sobre los populares, y la izquierda fragmentada entre Sumar y Podemos casi desaparece, sin capacidad para completar mayorías.
En otras palabras, atendiendo a esta tendencia, se confirma la previsión de que en las próximas generales, cuando sean, PP y Vox podrían gobernar España con claridad. O, al menos, esa es la hipótesis más plausible en la actualidad.
Aunque la posibilidad de que el PSOE de Pedro Sánchez dé un vuelco y siga en La Moncloa en la próxima legislatura sigue siendo muy remota, al menos mejora sus resultados y recupera algo de energía.
El partido sigue activo a pesar de las pérdidas sufridas en el último año, y por primera vez en mucho tiempo una jornada electoral no se interpreta para ellos como una tragedia.
Por esta razón, fuentes socialistas no disimulaban cierto optimismo conforme avanzaba el recuento que superaba las encuestas difundidas en el cierre de urnas.
El ‘no a la guerra’
Los socialistas consideran ahora previsible la victoria del PP, dado que ha gobernado en Castilla y León durante los últimos 40 años, pero celebran que en esta comunidad no se haya producido un desastre como en Extremadura y Aragón. Son las primeras elecciones, excluyendo Cataluña, en años recientes sin un desastre para el PSOE.
Ferraz y Moncloa ya venían señalando en los días previos que esta comunidad sería la menos adversa del cuarteto formado por Extremadura, Aragón, Castilla y León y la próxima cita en Andalucía.
Incluso aspiraban a un triunfo en número de escaños que estuvo cerca, pues mantienen la desventaja de solo tres procuradores que tenían anteriormente, aunque la diferencia en porcentaje de voto ha aumentado.
Claramente tenían presente que era imposible gobernar debido a la mayoría amplia de PP y Vox, como ya sucedió en 2019, cuando a pesar de ganar, un pacto de Alfonso Fernández Mañueco con Ciudadanos les dejó fuera del gobierno autonómico. Era el único territorio del ciclo con posibilidades de acercarse al PP.
Los líderes socialistas insisten en que la menor movilización en elecciones autonómicas comparada con generales, así como la presencia de partidos regionales sin aspiraciones nacionales, dificulta a Feijóo pactar con Santiago Abascal.
Argumentan que la mejora del PP puede provenir de los más de cuatro puntos que tuvo Ciudadanos en 2023 y que ahora recupera Mañueco. Reconocen también que el PP pudo frenar el avance de Vox, probablemente gracias al voto útil y a la percepción de que votar a Santiago Abascal no aporta, dado que Vox se niega a participar en gobiernos autonómicos.
Esto implicaría que Vox ha sido castigado por bloquear investiduras y que los resultados en Castilla y León podrían presionarles a cerrar los pactos pendientes.
Desde una interpretación estrictamente nacional, dirigentes del PSOE señalan que debe considerarse el «no a la guerra» y las repercusiones del ataque de Estados Unidos a Irán. Por un lado, la postura de Vox alineada sin reservas con Donald Trump podría haber frenado su crecimiento y, por otro, el discurso pacifista ha beneficiado al PSOE.
Así lo explican, aunque el candidato socialista, Carlos Martínez, llevó a cabo una campaña centrada en asuntos autonómicos y apenas pudo evitar que la guerra en Oriente Medio influyera en los resultados. Martínez, de hecho, es un “candidato local” frente a los “candidatos ministros enviados desde Madrid”. Durante la campaña intentó distanciarse lo más posible de Ferraz y Moncloa.
Esta variable bélica tiene una lectura directa favorable para Sánchez, pero también una negativa: el aumento pudo darse a costa de los partidos situados a su izquierda, lo que mantiene el voto socialista pero debilita políticamente las fuerzas que podrían completar mayorías. Su socio en la coalición y uno de sus apoyos en el Congreso han obtenido resultados mínimos en las elecciones sucesivas.
Batacazo a la izquierda del PSOE
Podemos y Sumar-Izquierda Unida han sufrido un severo desplome en Castilla y León, hasta desaparecer, y su electorado podría haber contribuido a que el PSOE obtuviera dos escaños más que en las pasadas autonómicas en esta comunidad.
Por ejemplo, Podemos defendía dos banderas clave: la inmigración y el antibelicismo expresado en la oposición al aumento del gasto militar. Sánchez les ha arrebatado ambas al regularizar a migrantes y adoptar el «no a la guerra», máxima expresión del pacifismo.
Estos movimientos de Sánchez pueden haber dañado a quienes deberían completar sus mayorías, ya que el líder socialista ha ocupado su espacio político hasta anularlos.
Esto beneficia al líder socialista y presidente del Gobierno para evitar la imagen de hundimiento, pero complica sus opciones de seguir en La Moncloa tras las elecciones generales.
La respuesta de Moncloa a este argumento es que esas fuerzas a la izquierda del PSOE «han perdido muchos votos por su falta de acuerdo y una candidatura sólida les habría otorgado representación«. Es decir, este resultado podría impulsar un acuerdo entre ellas.
La otra variable es Vox. Aunque aparenta detener su crecimiento, parte de un resultado muy alto en Castilla y León, que ya no podía superar. No obstante, debe evitarse sacar conclusiones rápidas sobre el techo de Vox, porque lo logrado este domingo es su mejor resultado en unas autonómicas en su corta historia. No crece tanto como en otros lugares porque ya partía desde una posición elevada.
El PSOE cree apreciar un freno a la ultraderecha, enfatizando que no es verdad que no haya temor ante lo que representa. Esto no implica que Abascal no mantenga poder para condicionar a Feijóo ni que el PP vaya a ser penalizado por acercarse a la extrema derecha, pero sí que la suma entre ambos podría verse disminuida.
Esto resulta clave para las elecciones de junio en Andalucía, de gran importancia para el PSOE. Allí se presentan Sánchez y María Jesús Montero como candidata y reconocen que no aspiran a ser el partido más votado ni mucho menos a gobernar.
El PSOE espera que el PP pierda la mayoría absoluta, lo que sumaría a Juanma Moreno a la lista de presidentes autonómicos populares respaldados por Vox. En otras palabras, los resultados conjuntos de PP y Vox son una buena noticia para Moreno, especialmente si se confirma el frenazo a la ultraderecha.

