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- 6 marzo 2026Actualizado 7 marzo 2026
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Donald Trump muestra un claro interés por los sistemas de defensa.
Casi al cumplirse un año desde la presentación de su Cúpula Dorada, un avanzado sistema antimisiles con un costo previsto de US$175.000 millones y que debería funcionar a pleno en 2029, el presidente estadounidense ha anunciado sus planes para implementar el Escudo de las Américas.
El republicano confió la responsabilidad de liderar este plan a Kristi Noem, a quien este jueves destituyó como secretaria de Seguridad Nacional, describiendo el proyecto como «una nueva coalición militar importante para eliminar los carteles criminales».
Noem declaró en su cuenta de X (anteriormente Twitter): «El hemisferio occidental es esencial para la seguridad de EE.UU.», y reconoció a Trump por nombrarla «enviada especial del Escudo de las Américas», aunque las funciones específicas de este cargo aún no están completamente definidas.
En semanas recientes, ha recibido críticas intensas debido a una polémica serie de arrestos de inmigrantes indocumentados, donde en enero fallecieron dos ciudadanos estadounidenses en operativos a cargo de agentes federales.
La iniciativa se lanzó formalmente este sábado en una cumbre realizada en Miami (Florida), donde Trump recibió a los jefes de Estado de 12 países de la región, a quienes ha invitado a unirse a su plan, todos ellos con afinidades ideológicas a su línea política.

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El narcotráfico como foco principal
Durante la Cumbre Escudo de las Américas, se acordó constituir una alianza destinada a la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, términos que utilizó Trump para describir el objetivo.
«Decidimos emplear fuerza militar letal para destruir estos carteles siniestros y sus redes terroristas», expresó el presidente.
El mandatario señaló que grupos criminales transnacionales han tomado control de extensas zonas en ciertos países de la región y aseguró que «de manera definitiva, los eliminaremos».
Apuntó que «muchos carteles han desarrollado capacidades militares muy avanzadas, con un poder que en ocasiones supera al de algunas fuerzas armadas, situación que no se puede tolerar», y añadió en tono jocoso que ofrecería «misiles de precisión» a los presentes para erradicar estos grupos.
Finalizó recordando: «Estas organizaciones amenazan la seguridad nacional y son un canal para nuestros adversarios, razón por la cual no las queremos en las proximidades de nuestro país».
Sus comentarios indican la posibilidad de que continúen las operaciones conjuntas, similares a las recientes colaboraciones entre fuerzas estadounidenses y ecuatorianas en la región.
No obstante, la ausencia notable de los presidentes de México y Colombia, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro respectivamente, genera dudas sobre la efectividad del proyecto.
México limita con EE.UU. a lo largo de 3.000 kilómetros, frontera por la cual transitan gran parte de las drogas e inmigrantes indocumentados, además de que en su territorio operan carteles y grupos delictivos de gran poder.
Colombia, a su vez, figura entre los principales productores mundiales de drogas.
Carlos Solar, experto en seguridad y defensa latinoamericana del Real Instituto de Servicios Unidos del Reino Unido (RUSI), comentó a BBC Mundo: «Esta conferencia se enfoca en nuevos socios en materia de seguridad para EE.UU.».

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El especialista chileno reconoce un sesgo ideológico en la cumbre: los 12 gobernantes invitados son de derecha y han apoyado o sido apoyados por Trump en algún momento.
A pesar de esto, Solar enfatiza que Washington persigue otros intereses.
«Los países que aceptaron la invitación no poseen la histórica relación en seguridad que México y Colombia mantienen con EE.UU.», explicó.
Agregó que, por ejemplo, Argentina se acercó notablemente a China en la última década, mientras que Bolivia ahora tiene un presidente dispuesto a cooperar con EE.UU. tras más de diez años de gobiernos del MAS.
Algunos opinan que la exclusión temporal de México y Colombia no se mantendrá en el tiempo.
Juan Luis Manfredi, profesor en Periodismo y Estudios Internacionales en la Universidad de Castilla-La Mancha y en la Universidad de Georgetown, señala: «El escudo de Trump requerirá la participación de Colombia y México».
Asegura que la ausencia de estos dos países busca marcar una distinción, dejando claro que hasta ahora han estado menos comprometidos con esta iniciativa.
En cuanto a Colombia, atribuye la postura a razones electorales, dada la cercanía de las elecciones presidenciales, mientras que en México sugiere que se podría fomentar una relación más estrecha fuera del marco del escudo.

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La inmigración como objetivo complementario
No solo el narcotráfico es un objetivo de esta alianza militar; Trump reiteró declaraciones previas de miembros de su administración en cuanto a que también se dirigirán a combatir «la inmigración ilegal y masiva».
«Colaboraremos estrechamente para enfrentar el tráfico de personas», afirmó, y anunció planes para establecer acuerdos con dichos países a fin de recibir migrantes deportados.
No obstante, es probable que la coalición incluya otros ámbitos más allá del narcotráfico y la migración.
«No se debe descartar que durante la cumbre se presenten propuestas relacionadas con temas generales de seguridad, como la situación del Canal de Panamá o el estrecho de Magallanes», advirtió Solar.
Tras volver a la Casa Blanca, Trump mencionó la posibilidad de retomar el control del Canal de Panamá, cuestionando las «tarifas excesivas» cobradas a barcos estadounidenses y señalando que China controla esta vía.

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Parte de una reconfiguración del orden
Que esta cumbre haya ocurrido cuatro meses después de la postergación de la X Cumbre de las Américas es, según expertos consultados, una señal de que Trump busca cambiar el orden internacional vigente.
«Trump no está utilizando los canales habituales del multilateralismo sino que prefiere formar nuevos grupos en donde se siente con pares y aliados», comenta Solar.
El exmandatario parece intentar replicar en la región un modelo similar al de su cuestionada Junta de Paz para Gaza.
Manfredi recuerda que en enero Trump retiró a EE.UU. de tres organismos regionales: el Instituto Interamericano de Investigación sobre el Cambio Global, el Instituto Panamericano de Geografía e Historia y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas.
Sumado al sesgo ideológico, otro factor que genera dudas respecto a la efectividad de la propuesta es la saturación del hemisferio con organismos e iniciativas regionales.
«Actualmente, hay más de 40 organizaciones y órganos —incluyendo bloques comerciales, entidades políticas formales y subregionales— dedicados específicamente a las Américas», advirtió el internacionalista Adam Ratzlaff en un análisis.
Fundador de la consultora Pan-American Strategic Advisors, Ratzlaff señaló que las organizaciones impulsadas por intereses ideológicos suelen desaparecer y puso como ejemplo la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), promovida a inicios de la década pasada por el difunto presidente venezolano Hugo Chávez.

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China como objetivo indirecto
Los analistas consideran que esta alianza también persigue un fin no declarado: contener la influencia china en la región.
«La doctrina de seguridad nacional busca crear un cerco contra potencias rivales y, aunque no se nombre explícitamente, está claramente dirigida a China», señala Solar.
Manfredi coincide y asegura: «El Escudo de las Américas busca disminuir, o al menos mitigar, el impacto de las inversiones chinas en la región».
El intercambio comercial entre América Latina y China no ha dejado de crecer en los últimos años.
En 2024, el comercio de bienes y servicios alcanzó un récord histórico de US$518.000 millones.
Actualmente, China es el principal socio comercial de Sudamérica y el segundo más importante en América Latina en general, por detrás de EE.UU., según el Consejo de Relaciones Internacionales (CFR).
Además, Pekín ha otorgado préstamos por más de US$120.000 millones a gobiernos de todo el hemisferio occidental, informó el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
La región cuenta con numerosos recursos naturales de interés tanto para EE.UU. como para China.
Desde el CSIS advierten que durante el encuentro en Miami podrían discutirse tanto el acceso a estos recursos como promesas de inversiones.

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Asimismo, expertos sostienen que el escudo es un paso más en la implementación de la doctrina de Seguridad Nacional publicada por Washington en diciembre pasado.
En este documento se anunciaba la intención de EE.UU. de «restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental» y se describía a China como «una economía depredadora».
Desde la Casa Blanca denominaron a esta doctrina Donroe, por ser una versión actualizada de la doctrina Monroe de 1823, en la que EE.UU. rechazaba cualquier interferencia de potencias coloniales europeas en el continente.
«La doctrina Donroe es ofensiva, a diferencia de la Monroe, que era defensiva y protectora ante invasiones coloniales», explica Manfredi.
Agrega que el nuevo enfoque del trumpismo considera a América Latina como un espacio que necesita ser apoyado, defendido y asegurado mediante el poder político, incluso influyendo en procesos electorales y apoyando a ciertos actores, pero principalmente a través de la geoeconomía.
Por último, Solar subraya la importancia de tomar en serio lo que establece el documento.
«La captura de Nicolás Maduro dejó en claro que la doctrina se aplicará por medio de acciones concretas en la región», concluye.

