Felipe González calificó de inexplicable la falta de acción de EEUU durante el golpe desde una perspectiva democrática

El descontento hacia la administración de Ronald Reagan surgió como una respuesta a la postura ambivalente mostrada por su secretario de Estado durante el asalto del 23 de febrero, mientras este todavía se desarrollaba.

Memorando del 12 de marzo de 1981 que recoge el malestar con EEUU.Memorando del 12 de marzo de 1981 que recoge el malestar con EEUU.

«La inacción de Estados Unidos tras los hechos carece de explicación desde una perspectiva democrática. Más aún considerando que la política de su Gobierno es ahora evidentemente intervencionista, como sucede en El Salvador». Ese fue el mensaje que Felipe González, líder del PSOE en la oposición, pronunció en Oxford, durante una visita de su partido al Reino Unido, el 11 de marzo de 1981, tres semanas después del golpe de Estado conocido como 23-F. La cita figura en un informe recién desclasificado del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, que a su vez recoge una noticia más extensa del diario The New York Times fechada el 12 de marzo.

El documento original que incluye las declaraciones de González corresponde a un reportaje escrito en Madrid por James M. Markham, corresponsal del periódico en España. Su argumento principal es que el rechazo hacia el Gobierno estadounidense no era exclusivo del líder socialista sino que era evidente en la opinión pública general, incluso en medios conservadores como ABC.

¿A qué se debía esta molestia? En la medianoche española del 23 de febrero, es decir, a las 16:00 horas en Washington D.C., Alexander Haig, secretario de Estado, atendió a los periodistas estadounidenses que le preguntaron por el asalto al Congreso español. «No tenemos declaración alguna, sólo que estamos observando la situación mientras se desarrolla. Es demasiado pronto para hacer comentarios. Se trata de un asunto interno», respondió Haig.

El momento de esta declaración es crucial: justo cuando el secretario de Estado hablaba, Alfonso Armada acababa de ingresar en el Congreso para dialogar con Antonio Tejero. El golpe aún no había fracasado; seguía en marcha. ¿Fueron las palabras de Alexander Haig un error o una precaución deliberada? Según recuerda el texto de The New York Times, Estados Unidos había apoyado en septiembre de 1980 un golpe militar en Turquía y, en 1979, había adoptado la misma política en El Salvador, como también apuntó Felipe González en Oxford. En ambas situaciones, la presidencia estadounidense estaba en manos de Jimmy Carter.

Felipe González, en 1981.

Cuando EE.UU. reaccionó el 24 de febrero de 1981, el golpe en España ya había sido derrotado. A partir de ese día, su postura cambió. Haig emitió un comunicado: «El ataque contra la democracia española provino únicamente de un grupo reducido de individuos. La gran mayoría tanto de los militares como del pueblo español permanecieron leales al Rey y a la Constitución. Como todos los aliados de España, celebramos la favorable resolución. […] La figura del Rey Juan Carlos y su gestión al frente de la nación española jugaron un papel decisivo en la solución de la crisis y merecen un especial reconocimiento». Además, Haig informó que Ronald Reagan (que llevaba un mes en su cargo) había llamado al Rey a las 10:35 horas.

Para saber másVarios agentes de Policía hacen guardia ante el Congreso el 24 de febrero de 1981.Los archivos del 23-F.

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