La relación única entre Guatemala e Israel y el impacto del conflicto en Gaza

Mujeres guatemaltecas con camiseta de Israel

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    • Autor, Atahualpa Amerise
    • Título del autor, Enviado especial de BBC News Mundo a Guatemala
  • 48 minutos
  • Tiempo de lectura: 11 min

En medio del constante ruido de motocicletas, buses y vendedores ambulantes en la transitada 7ª Avenida de Ciudad de Guatemala, un muro vigilado por agentes protege el templo de la comunidad judía en este país centroamericano.

Con un techo blanco imponente cuyas esquinas forman la estrella de David, Sharei Binyamin es la sinagoga más importante de Guatemala, una nación pequeña ligada estrechamente a Israel por su papel destacado en la creación del Estado israelí en 1948.

Allí nos encontramos con integrantes de esta comunidad y entrevistamos a su director ejecutivo, Ilan López, para profundizar en los lazos entre ambos países, separados por 12.000 kilómetros, en un escenario político marcado por el conflicto en Gaza.

A escasas calles, en una cafetería, tuvimos un encuentro con Jamal Hadweh, quien preside la Comunidad Palestina.

Pese a que ambos líderes subrayan el respeto mutuo, difieren en sus interpretaciones sobre la historia común que mantienen Guatemala e Israel y la particular relación que los vincula.

Sinagoga Sharei Binyamin

Este vínculo lleva fortaleciéndose cerca de ochenta años, desde la histórica votación en la ONU que aprobó la creación del Estado de Israel hasta la reubicación de la embajada guatemalteca a Jerusalén, incluyendo también una polémica cooperación militar en el siglo XX.

Hoy, en un escenario internacional dividido por la situación en Gaza, Guatemala ha reafirmado su cercanía con Israel, aunque con algunos cambios inesperados.

Aquí se examina cómo surgió esta singular relación y de qué forma los eventos recientes en Medio Oriente la están poniendo en cuestión.

Un voto crucial

El 29 de noviembre de 1947, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Guatemala figuró entre los 33 países que respaldaron el Plan de Partición de Palestina, establecido en la Resolución 181.

Este plan implicaba, en realidad, apoyar la creación de Israel bajo un sistema de dos Estados en el antiguo mandato británico.

En ese momento, Guatemala estaba gobernada por Juan José Arévalo —padre del actual presidente Bernardo Arévalo— quien había iniciado un proceso de reforma democrática tras años de gobierno autoritario.

«Su administración consideraba el genocidio judío entre 1933 y 1945 una tragedia inmensa y además creía que era necesario poner fin al colonialismo británico en Palestina. Por esa razón apoyó desde un inicio la Resolución 181, que proponía la creación de dos Estados: uno judío y otro árabe palestino», detalla Mauricio Chaulón, historiador y antropólogo social de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

La figura de Jorge García Granados, embajador de Guatemala ante la ONU y miembro del Comité Especial para Palestina, fue fundamental en este proceso; él trabajó intensamente para recolectar los votos a favor de la partición en la Asamblea General, que fue rechazada por los países árabes.

Israel no ha olvidado la dedicación de García Granados, a quien honra con calles que llevan su nombre en Jerusalén y en la zona metropolitana de Tel Aviv.

La calle Granados, en Ramat Gan (Tel Aviv)

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El 14 de mayo de 1948, Guatemala se convirtió en el segundo país en reconocer oficialmente el Estado de Israel, solo después de Estados Unidos y antes que la Unión Soviética.

«Guatemala estuvo en medio de estas dos potencias mundiales. Reconoció a Israel y, desde entonces, ha tenido un rol fundamental en la historia moderna de ese Estado», afirma Ilan López, director ejecutivo de la comunidad judía en Guatemala.

En 1956, Guatemala fue uno de los primeros países en establecer una embajada en Jerusalén, reconociendo de facto la soberanía israelí sobre una ciudad cuyo estatus era materia de disputa.

La consolidación de la alianza

La relación estrecha entre Guatemala e Israel se fortaleció de manera decisiva y también polémica durante los años más difíciles de la guerra civil guatemalteca.

Tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Árbenz en 1954, y el establecimiento de un régimen autoritario y anticomunista alineado con Estados Unidos, la cooperación entre ambos países se centró en el ámbito militar.

«El Estado sionista israelí, que comenzó a adoptar una posición anticomunista fuerte dentro del contexto de la Guerra Fría, estableció una relación directa con Guatemala en los gobiernos militares contrainsurgentes», señala el historiador Mauricio Chaulón.

Desde los años 70, esta alianza se intensificó hasta que Israel, convertido en una potencia mundial en defensa, se transformó en el principal socio militar de los gobiernos autoritarios guatemaltecos.

«Durante la guerra sucia en Guatemala, con graves violaciones a los derechos humanos, cuando la administración de Jimmy Carter decidió dejar de brindar ayuda militar a Guatemala, Israel tomó el relevo sustituyendo esa ayuda estadounidense», explica el académico.

Durante los gobiernos de Carlos Arana Osorio (1971-1974), Kjell Laugerud García (1974-1978) y Romeo Lucas García (1978-1982), Guatemala firmó acuerdos con Israel que incluían la compra de armas, municiones, aviones Aravá, helicópteros, sistemas de inteligencia y capacitación contrainsurgente.

La cooperación alcanzó su punto máximo entre 1982 y 1983, durante el liderazgo de Efraín Ríos Montt, una etapa de intensa violencia en el conflicto interno.

Efraín Ríos Montt con dos militares durante el golpe de Estado de 1982

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Además, explica el historiador, esta fase incorporó un tercer elemento a la relación bilateral: el religioso.

Ríos Montt y varios miembros de su gobierno formaban parte del movimiento neopentecostal, lo que generó una identificación ideológica y religiosa con Israel, basada en interpretaciones bíblicas sobre el pueblo elegido y la Tierra Prometida.

A pesar de la estrecha relación y la dependencia militar con Israel, en 1980 Guatemala trasladó su embajada de Jerusalén a Tel Aviv, acatando una resolución de la ONU.

Casi cuatro décadas más tarde, en 2018, Guatemala se convirtió en el segundo país, después de Estados Unidos, en trasladar nuevamente su legación diplomática a Jerusalén.

Esta decisión, alineada con los gobiernos de Jimmy Morales y Donald Trump en ese momento, significó romper con el consenso internacional que establecía mantener las embajadas en Tel Aviv y reforzar los lazos políticos y simbólicos con Israel.

Antes, en 2013, el gobierno de Otto Pérez Molina había reconocido en la ONU a Palestina como un Estado «libre, independiente y soberano», considerado una excepción dentro del tradicional alineamiento proisraelí de Guatemala.

Jimmy Morales y Benjamin Netanyahu

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Actualmente, ambos países mantienen una intensa agenda de cooperación, que se ha fortalecido con la entrada en vigor en 2024 de un tratado bilateral de libre comercio.

Guatemala exporta principalmente productos agrícolas a Israel, mientras que este le suministra tecnología, productos farmacéuticos, maquinaria y además presta asistencia técnica en áreas como recursos hídricos, innovación y seguridad pública.

Ambos países también impulsan intercambios constantes en educación y cultura, junto con proyectos de cooperación científica y transferencia tecnológica.

La comunidad judía y el sionismo cristiano

Ubicada en un complejo que incluye canchas deportivas, un comedor y un jardín amplio, la sinagoga Sharei Binyamin, inaugurada en 1959, representa más de un siglo de presencia judía en Guatemala.

«La comunidad judía en Guatemala se constituyó como institución hace 110 años, aunque hay evidencias de comunidades judías desde el siglo XVI, cuando huían de la Inquisición española», explica Ilan López.

Ilan López en la sinagoga

El director de la comunidad, que se define como ortodoxa, sionista y moderna, afirma que «Guatemala siempre ha mantenido una política abierta hacia la migración judía, algo que no ocurre con todos los países latinoamericanos».

A pesar de ello, la población judía apenas supera las mil personas, según estimaciones, en un país que tiene aproximadamente 18,5 millones de habitantes y es el más poblado de Centroamérica.

Aunque pequeña en número, la comunidad judía desempeña un rol activo en la vida religiosa y política guatemalteca, un elemento que López señala como su característica principal.

A diferencia de otras comunidades judías en la región, que suelen ser más cerradas por motivos de seguridad o tradición, en Guatemala mantienen intercambios frecuentes con diferentes grupos sociales; incluso su guardería está abierta a niños de familias de todas las religiones.

 interior de la sinagoga Sharei Binyamin

En todo caso, sus aliados más notorios son los cristianos evangélicos, que en Guatemala ya superan en número a los católicos, representando cerca de la mitad de la población.

López atribuye esta cercanía a una base doctrinal: para muchas iglesias evangélicas, el Antiguo Testamento es fundamental y promueve «el amor y respeto hacia el pueblo de Israel».

«Tenemos una relación muy estrecha con la Iglesia evangélica, con la que discutimos temas en común como valores y la defensa del Estado de Israel», comenta.

Esta afinidad ha ayudado a que la pequeña comunidad judía tenga presencia pública mediante actos interreligiosos, celebraciones y, sobre todo, a través de los mensajes que los pastores evangélicos transmiten durante sus sermones.

Las críticas de la comunidad palestina

No muy distante de la sinagoga, nos encontramos en una cafetería de la capital con Jamal Hadweh, presidente de la Asociación Palestina Guatemalteca.

Hadweh es cristiano, como la mayoría de los palestinos establecidos en Guatemala, «más de 25.000 de varias generaciones, aunque en la comunidad están registrados alrededor de 7.000», señala.

Jamal Hadweh, presidente de la Asociación Palestina Guatemalteca

Menciona que el primer registro de un palestino en Guatemala es de 1882.

Desde entonces, las oleadas migratorias aumentaron entre 1912 y 1926, y luego con nuevas llegadas en 1930, 1948 —fundación de Israel—, 1967 —Guerra de los Seis Días— y en las décadas de 1980 y 1990, siendo mayoría cristianos provenientes de Belén, Betjala y otras localidades de Cisjordania.

Estas familias de tercera, cuarta y hasta quinta generación están integradas en la actividad económica nacional: «Son empresarios, personas que contribuyeron a la construcción de Guatemala, familias que actualmente destacan en comercio e industria», afirma.

Al igual que la comunidad judía, la Asociación Palestina Guatemalteca representa a su comunidad y organiza actividades sociales, culturales y humanitarias en el país.

Sin embargo, la relación entre ambas comunidades es distante y tensa.

«La comunidad judía aquí colabora con la Iglesia Evangélica para socavar a Palestina, destruir la imagen de un Estado palestino», responde Hadweh al ser consultado sobre la relación con sus contrapartes judías.

Manifestantes propalestinos en Guatemala

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Como cristiano nacido en la llamada Tierra Santa, Hadweh cuestiona el apoyo incondicional que los evangélicos brindan a Israel.

«No permitiré que me enseñen mi religión quienes no conocen mis raíces, ya que nací donde nació Cristo. Si hoy son cristianos es por la resistencia de mi pueblo durante siglos, cuidando las iglesias y el patrimonio en Tierra Santa, no gracias a Netanyahu. Te lo digo con claridad: el evangélico aquí está ciego», afirma sin titubeos.

Gaza y Guatemala

El ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 y el conflicto que ha seguido en Gaza han marcado el debate público en Guatemala, cuyo tejido social muestra una clara polarización.

El respaldo absoluto de la amplia comunidad evangélica al gobierno de Benjamin Netanyahu contrasta con la oposición directa de grupos de izquierda y estudiantes, manifestada en grafitis de protesta en el centro de la Ciudad de Guatemala.

Pintada de Genocidio en Guatemala

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Ilán López destaca que la crítica legítima hacia Israel «no solo es aceptada, sino bienvenida», recordando que el propio Netanyahu enfrenta señalamientos dentro de Israel.

Sin embargo, puntualiza que «cuando se vandaliza el museo, consideramos que se ha cruzado una línea», haciendo alusión a las pintadas relacionadas con Gaza aparecidas en el Museo del Holocausto de la capital recientemente.

El conflicto también genera tensiones dentro de la comunidad judía: «Tenemos grupos que apoyan al gobierno israelí y otros que se oponen, lo cual es natural».

Aun así, asegura que hay un consenso fundamental: «Siempre defenderemos el derecho de Israel a existir y, al mismo tiempo, seremos críticos cuando ocurren hechos con los que no estamos de acuerdo».

La postura favorable al Estado israelí que ha mantenido históricamente Guatemala no ha cambiado mucho con la guerra, salvo algunas excepciones, como el respaldo a una resolución de la ONU para reconocer al Estado palestino tras el 7 de octubre.

«Eso fue, de cierto modo, premiar el terrorismo», critica el líder de la comunidad judía.

Desde el lado palestino, Jamal Hadweh denuncia que el gobierno de Guatemala «está comprometido totalmente con Israel debido a la presión de la comunidad cristiana y la comunidad sionista».

Evangélicos de Guatemala manifestándose a favor de Israel

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«Guatemala mantiene una amistad sólida con Israel, pero hay límites. Si un amigo está haciendo daño ante tus ojos, debes expresarlo, y Guatemala nunca se ha manifestado ante la muerte de niños y mujeres palestinas», reprocha.

Así, en un país que alberga tanto a palestinos como a judíos desde hace más de un siglo, las diferencias sobre el conflicto que enfrentan en un territorio lejano parecen difíciles de conciliar.

No obstante, ambas partes coinciden en un punto acerca de la escasez de diálogo: perciben que la postura del otro es demasiado extremista.

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