La coalición de izquierdas desbarata el proyecto de Podemos de separar a Sumar tras la salida de IU y Comunes para destituir a Yolanda Díaz

Una iniciativa de Antonio Maíllo para unirse a Belarra y Montero podría haber provocado la caída de otros partidos territoriales o de menor tamaño

Antonio Maíllo y Yolanda Díaz, en un acto de Sumar en enero de 2025 en Madrid.

«Somos como una pareja que anuncia que continuará unida. Puede llamar la atención porque nadie esperaba que pudiéramos separarnos, pero existía una crisis». Con esta comparación, fuentes de la nueva coalición de izquierdas resaltan el significado del evento del 21 de febrero, donde IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes formalizarán su compromiso de seguir juntos para las próximas elecciones generales. A primera vista son las mismas organizaciones de Sumar que ya participan en el Gobierno, efectivamente, pero el surgimiento de una nueva coalición certifica que se han superado las tensiones previas y que se pretende construir una nueva etapa conjunta aprendiendo de los «errores» anteriores.

Quienes estaban al tanto de esa crisis interna en Sumar eran los miembros de Podemos, que durante mucho tiempo se dedicaron a explorar ese descontento y a influir discretamente en dirigentes y figuras de IU y Comunes para que rompieran con Yolanda Díaz y se unieran a ellos. El anuncio de la nueva coalición elimina la estrategia de los morados de «intentar dividir». Esa era su táctica: despojar a la vicepresidenta segunda de sus dos principales apoyos para dejar a Sumar debilitado junto a Más Madrid. Su objetivo era aislarla y acabar con su influencia.

Por ello, fuentes de una de las organizaciones involucradas celebran que el anuncio del pacto también significa el fin de esas maniobras de Podemos. A día de hoy, Ione Belarra e Irene Montero entienden perfectamente que no habrá deserciones en Sumar y que solo enfrentan dos alternativas: integrarse en la confluencia —como se les solicita— o quedarse aisladas.

IU representaba el principal objetivo para Podemos, por su papel esencial para Díaz. Es la formación dentro de Sumar que cuenta con más militantes, la única con implantación nacional destacada, especialmente fuerte en Andalucía y Asturias, con numerosos cuadros experimentados. Si Antonio Maíllo hubiera decidido apoyar a Podemos, eso habría sido como una ficha de dominó que desencadenaría la caída de otras formaciones territoriales o más pequeñas. Esto habría supuesto la reconstrucción de Unidas Podemos y habría arrastrado consigo la etiqueta de la «unidad de la izquierda».

Basta observar lo que ocurre en el ciclo electoral actual para apreciar el peso de IU en el espacio de la izquierda alternativa al PSOE. IU encabeza y organiza candidaturas en Aragón, Castilla y León y Andalucía. En Extremadura, donde se mantiene la alianza con Podemos tras dos legislaturas, cuatro de los siete diputados electos provienen de IU.

Por primera vez no se estructura alrededor de un hiperliderazgo

Los Comunes también eran cruciales para Podemos; su diversidad interna ofrecía espacios para generar fricciones. Los catalanes forman parte del equipo directivo de Sumar desde el inicio del proyecto y su influencia interior superaba a la de IU hasta equilibrarse durante el último año. Ahí figura Ernest Urtasun, pero no debe olvidarse que Josep Vendrell y otros fueron los arquitectos del proyecto de Díaz.

Irene Montero y Ione Belarra, en un acto de Podemos por la campaña electoral en Aragón.

Por lo tanto, la presentación del pacto el día 21 desbarata la operación de Podemos con IU y Comunes. En los próximos meses, hasta la convocatoria electoral, se irán sumando a la nueva alianza más fuerzas políticas territoriales y pequeñas, cada una a su propio ritmo y con su relato particular de incorporación. Esto obligará a Podemos a abrir una reflexión crucial sobre su futuro: enfrentarse en confrontación y arriesgar su supervivencia en un espacio electoral dividido en dos candidaturas, siendo la propia la parte débil, o atender los llamados para incorporarse a la nueva coalición.

La postura defendida esta semana por Ione Belarra representa la primera opción: disputar en las urnas contra la nueva candidatura, que no llevará el nombre de Sumar y cuya cabeza puede ser Díaz u otra persona. La secretaria general del partido morado argumenta que su labor política es «levantar a la izquierda» y que Podemos no puede integrarse en un proyecto que sea sumiso y subordinado a los intereses del PSOE, aceptando sus «límites».

Los resultados autonómicos, como los de las elecciones en Aragón, aumentarán la presión externa para que Podemos pacte. Probablemente también la interna, ya que ese proceso ya está en marcha. El domingo, el partido morado obtuvo un 0,9% de los votos. Como consecuencia, en Andalucía, que votará antes del verano, se desató la alarma. La coordinadora regional, Raquel Martínez, desafió a Belarra y exigió «la unidad de la izquierda» para esa fecha electoral, donde una parte de la formación apunta a un acuerdo con IU y Sumar. «La extrema derecha avanza, juntas somos más fuertes», afirmó, reafirmándose en un manifiesto pro unidad que había firmado en agosto. Además, recordó unas declaraciones de Irene de Miguel, la candidata en Extremadura, quien en la noche electoral señaló: «Quien crea que las elecciones autonómicas son solo un trámite antes de las estatales, está profundamente equivocado».

No se trata solo de la líder andaluza. La figura ascendente de Podemos en Andalucía, el diputado autonómico José Manuel Jurado, renunció hace meses a su cargo como portavoz debido al rechazo de Belarra a un pacto con IU. Esta semana apareció en un vídeo junto a Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía.

Los territorios adquieren mayor peso en las listas electorales

En cuanto a la nueva coalición, distintas fuentes han explicado el proceso de construcción hasta la actualidad. Las elecciones europeas de 2024 generaron fuertes tensiones internas en Sumar que llevaron al desmantelamiento del modelo vigente, que básicamente era el control riguroso de Díaz. Los socios se rebelaron, ganaron terreno y ese modelo se considera agotado. Comenzó una reinvención de la coalición para transformarla en un espacio más «democrático» e «igualitario» entre los distintos socios. Ahora, por ejemplo, ellos también participan en las reuniones para el seguimiento del pacto con el PSOE y contribuyen a la toma de decisiones en Sumar.

A partir de ahí iniciaron las conversaciones para reparar lo existente bajo el nombre de Sumar y, relacionado con ello, demostrar que esos cambios crean las condiciones para un futuro compartido. Cabe recordar que Podemos seguía interviniendo. Cuando estalló el caso Cerdán, los partidos ya negociaban, aunque la vuelta del verano intensificó esos trabajos, hasta culminar ahora.
Por primera vez, la alianza de las izquierdas alternativas al PSOE se construye desde las organizaciones y no alrededor de un hiperliderazgo (Pablo Iglesias, 2016 y 2019; Yolanda Díaz, 2023) ni de un partido (Podemos). Este cambio puede parecer pequeño, pero los implicados lo destacan como una de las novedades más importantes de esta coalición.

Aún quedan muchos temas por resolver, pero varios de los partidos participantes coinciden en que se establecerán una estructura y reglas de funcionamiento que permitan «institucionalizar» el espacio y que, esta vez sí, todos se sientan cómodos. Habrá una dirección de los partidos independiente del grupo parlamentario en el Congreso. Se distinguirán dos ámbitos: uno donde se tratarán temas relacionados con las listas y la alianza, y otro dedicado exclusivamente a la actividad parlamentaria.

Respecto a las listas electorales, que siempre generan conflictos, hay acuerdo en que las fuerzas territoriales deberán tener un peso mucho mayor al confeccionar candidaturas en sus respectivas comunidades. Estas formaciones cuentan con arraigo local y, en muchos casos, dominan el espacio político. Sin embargo, IU y Movimiento Sumar, como fuerzas estatales, rechazan cederlas exclusivamente a estos partidos, dado que ellos también actúan en estos territorios y desean estar representados, aunque aceptan que los territorios lleven la voz predominante.

Este punto será clave para negociar la entrada de Compromís, Chunta o Més, entre otros, que, aunque se presentan con Sumar, no quisieron participar en el Gobierno de coalición con el PSOE. Por esta razón no forman parte del equipo promotor de la alianza. Su incorporación, al igual que la de otros partidos como Los Verdes, se planifica en un segundo proceso de diálogo que se desarrollará de forma natural en los próximos meses.

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